Lección 6 | Sábado 29 de julio 2017 | Promesa que cumplir | Escuela Sabática Joven

“Si la herencia se basa en la ley, ya no se basa en la promesa; pero Dios se la concedió gratuitamente a Abraham mediante una promesa” (Gál. 3:18).

SÁBADO 29 JULIO

PROMESAS QUE CUMPLIR

Introducción | Gál. 3:18

Corría el año 1942. El Pacífico estaba en plena guerra. El general Douglas MacArthur era el comandante de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en el Lejano Oriente, y las cosas no le estaban yendo bien. Los japoneses habían invadido las Filipinas en diciembre de 1941. Las tropas estadounidenses y filipinas, con muy pocas provisiones y superadas en números, habían sido forzadas a retirarse a Bataán, donde rápidamente los sitiaron.

MacArthur recibió la orden de abandonar la fortaleza de la isla local y escapar a Australia. Allí, para decepción suya, supo que se le haría imposible regresar inmediatamente a las Filipinas. Sin perder tiempo, emitió una declaración a la prensa con la famosa promesa pública: “VOLVERÉ”. MacArthur continuaría repitiendo esa promesa por treinta largos meses. Muchos sufrieron la marcha de la muerte de Bataán, en la que murieron al menos siete mil hombres. Finalmente, el 20 de octubre de 1944, MacArthur desembarcó detrás de sus fuerzas invasoras, y anunció en una transmisión de radio: “Pueblo filipino, ¡he vuelto!”

¿Cómo podían saber los hombres de MacArthur que un día él de veras volvería? La espera sin duda fue más larga de lo que esperaban. ¿Por qué le creyeron? Porque lo conocían. Habían confiado en su liderazgo durante largas y duras batallas, y entendían su carácter.

Hace miles de años, Dios le hizo una promesa a Abraham (Gén. 22:17,18). Pablo dice, en Gálatas 3, que la promesa a Abraham vio su cumplimiento en Cristo, y que quienes creen son hijos de Abraham.

¿Cómo tenemos fe en las promesas de Dios? Conociéndolo. Hemos dependido de su fidelidad en el pasado, y podemos confiar en su fidelidad en el futuro. Por sobre todo, podemos confiar en que aún hoy su promesa a Abraham está en pie. Nuestra herencia como hijos de Abraham es segura, porque Dios prometió que así sería.

Jolene Sharp, Nashville, Tennessee, EE.UU.

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