Lección 6 | Miércoles 2 de agosto 2017 | Su promesa sigue en pie | Escuela Sabática Joven

MIÉRCOLES 2 AGOSTO

SU PROMESA SIGUE EN PIE

Cómo hacer | Gén. 12:2, 3; Núm. 23:19; Gái. 3:15-18, 21-25

Las promesas y las leyes parecen dos conceptos contradictorios, cuando hablamos de la fe cristiana. Una promesa es una declaración momentánea; una ley es un contrato vinculante. Ambas no podrían estar relacionadas, ¿no es así?

Nuestra imposibilidad de ver una conexión entre las promesas y las leyes surge del hecho de que este mundo pecaminoso e Imperfecto nubla nuestro entendimiento de las promesas. Como no podemos separar las promesas humanas de las promesas de Dios, no tomamos en serio ninguna de ellas, sino que nos orientamos más hacia la ley, las normas del cristianismo. La ley es confiable, segura; las promesas, no.

No obstante, ¿te has preguntado alguna vez por qué Dios le prometió a Abraham una vida que iba más allá de su Imaginación (Gén. 12:2, 3) antes de siquiera escribir los Diez Mandamientos (Éxo. 20)? El hecho de que pasaran 430 años hasta que Dios le presentó la ley a Israel sugiere que sus promesas son igual de importantes -o Incluso más- que las reglas que nos ordenó seguir. “Lo que trato de decir es lo siguiente: el acuerdo que Dios hizo con Abraham no podía anularse cuatrocientos treinta años más tarde —cuando Dios le dio la ley a Moisés—, porque Dios estaría rompiendo su promesa” (Gál. 3:17, NTV). Entonces, ¿cómo podemos los cristianos ayudar a otros a ver que la ley y la promesa van de la mano? ¿Cómo podemos hacerles entender que la promesa lleva a la ley y que la ley señala a la promesa? Se me ocurren dos simples pasos:

Da el arcoíris, como prueba de la confiabilidad de las promesas de Dios. Antes de que Dios prometiera hacer de la familia de Abraham una gran nación, creó el arcoíris como un recordatorio de que podemos confiar en él. Números 23:19 incluso dice que “Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer. ¿Acaso no cumple lo que promete ni lleva a cabo lo que dice?”. Podemos confiar en que Dios cumple lo que proclama; nunca nada podría cambiar eso, ni siquiera la ley.

Usa la prueba de fe de Abraham de Génesis 22 como un ejemplo de la relación inseparable entre la promesa y la ley. La promesa de Dios a Abraham revocó la orden que había dado a Abraham, lo cual ilustra el poder que la promesa tenía y todavía tiene hoy. La ley no puede dar vida, pero la promesa sí (Gál. 3:21, 22). Cualquier cosa que Dios nos pida que hagamos, cualquier cosa que proclamen sus leyes, no significaría nada si sus promesas no guían nuestros pasos.

Para pensar y debatir

¿Cómo te puedes preparar mejor para enseñar a otros que las promesas de Dios son muy superiores a la ley?

¿Cómo puedes ayudar a otros a ver que la promesa continúa siendo vital para nuestra vida diaria?

Mindi Vetter, Newmark Lake, Washington, EE.UU.

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