Lección 6 | Martes 7 de noviembre 2017 | Un gran fracaso: ¡una victoria aún mayor! | Escuela Sabática Joven

MARTES 7 NOVIEMBRE
UN GRAN FRACASO: ¡UNA VICTORIA AÚN MAYOR!
Testimonio | Rom. 5:19
“La gente en todo el mundo vitoreó ayer a la mañana (11 de febrero) cuando los científicos anunciaron la primera detección directa de ondas gravitatorias, unas ondas en la estructura de espacio-tiempo, cuya existencia fue propuesta por primera vez por Albert Einstein en 1916. […] Pero lo que es realmente monumental sobre esta detección es que le da a la humanidad la habilidad de ver el universo de una manera totalmente nueva, explicaron los científicos. La habilidad de detectar ondas gravitatorias directamente, las cuales son generadas por la aceleración o desaceleración de objetos gigantescos en el espacio, podría compararse con una persona sorda que repentinamente adquiere la habilidad de oír sonidos. Ahora tenemos a disposición un campo de información completamente nuevo”.’
Cuando Adán y Eva fueron confrontados con la declaración de Satanás: “¡No es cierto, no van a morir! (…) llegarán a ser como Dios” (Gén. 3:4, 5), hubo que tomar una decisión trascendental: ¿confiar en el Creador o creerle al engañador?
“[Adán] no decidió desafiar a Dios, ni en ninguna forma habló contra Dios; simplemente fue en dirección contraria a la orden expresa de él. (…) Adán no se detuvo a calcular el resultado de su desobediencia”.2
La desobediencia de Adán abrió un campo de información completamente nuevo, y las ondas que esa decisión generaron fracturaron el “espacio” entre la humanidad y Dios.
“Adán cedió a la tentación”, pero “la dimensión del acto no es lo que constituye el pecado, sino la desobediencia a la voluntad expresa de Dios”.3
Aunque Adán se dio cuenta demasiado tarde de que “el pecado afecta al ser entero”, a toda la raza humana, igualmente fue consolado por la promesa: “También lo hace la gracia”.4
“Con los pecados del mundo sobre él, [Jesús] pasaría por el camino por el cual Adán tropezó. Él pasaría por una prueba infinitamente más severa que la que Adán no resistió. Él vencería por el hombre, y conquistaría al tentador para que, mediante su obediencia, su pureza de carácter e integridad inquebrantable, su justicia pudiera ser imputada al hombre, para que, mediante su nombre, el hombre pudiera vencer el enemigo por su propia cuenta”.5
“La expiación de Cristo […] es un remedio divino para la curación de las transgresiones y la restauración de la salud espiritual: es el medio ordenado por el cielo por el cual la justicia de Cristo puede estar no solo sobre nosotros, sino en nuestros corazones y caracteres”.6
Cristo, el segundo Adán, intervino y entró “en el terreno donde cayó Adán. (…) Al salir sin mancha de la prueba, redimió el vergonzoso fracaso y la oprobiosa caída de Adán”.7 ¡Interioricemos el efecto en cadena de la mayor victoria de Cristo!

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