JESUCRISTO MURIÓ. ¿MURIERON TAMBIÉN LAS LEYES?
El nacimiento de Cristo fue un punto de inflexión en la historia. Ahora los calendarios juliano y gregoriano designan los años como a.C. (antes de Cristo) o d.C. (después de Cristo). Es una especie de marca del final de un período y el comienzo de uno nuevo. Pero, ¿te has preguntado alguna vez qué cambió gracias al nacimiento y la muerte de Cristo?
Romanos 8:2 nos dice que aquellos que están en Cristo están libres de la ley del pecado y la muerte. Si tomamos estas palabras fuera de contexto, podríamos llegar a la conclusión de que cuando Jesús murió en la cruz abolió la ley moral de Dios: los Diez Mandamientos. Pero ¿es cierto esto? La ley moral demanda que quien quiebre la Ley debe morir. Es por esto que, como todos hemos pecado (Rom. 3:23), todos deberíamos morir la muerte eterna. Pero alabado sea Dios, porque Jesucristo murió una muerte que él pensó que lo separaría para siempre del Padre. Su muerte cumple con la demanda de la ley moral. Podemos elegir aceptar la muerte de Cristo como la nuestra, y así escapar de la muerte eterna que mereceríamos por nuestros pecados, o podemos aceptar su muerte por nosotros y vivir con él por la eternidad.
Cuando aceptamos el generoso regalo de Cristo, ¿tenemos permitido vivir como queramos, como si los Mandamientos de Dios no tuvieran poder sobre nosotros? ¿Es la manera en que mostramos nuestro agradecimiento al Señor por salvarnos? ¿O es nuestra obediencia a la ley moral, a través de la presencia del Espíritu Santo, lo que muestra que realmente hemos aceptado su salvación? Jesús no vino a destruir la Ley y los profetas, sino a cumplirlos (Mat. 5:17). La Ley de Dios todavía tiene demandas, pero Cristo ya pagó el precio por nuestra desobediencia.
La muerte de Cristo no abolió nuestra necesidad de obedecer los Diez Mandamientos. Al contrario, su muerte fue por nosotros. Los Diez Mandamientos todavía son importantes, porque muestran el verdadero carácter de Dios; el tipo de carácter que él desea que nosotros desarrollemos a través de la presencia del Espíritu Santo. Es por esto que su Ley nos recuerda constantemente que necesitamos a Aquel que está, que estuvo y que ha de venir.
BIBLIA EN MANO
Examina cuidadosamente Romanos 7:1 al 6, y resume lo mejor que puedas lo que está diciendo Pablo. Léelo con cuidado, recordando otros pasajes bíblicos acerca de la Ley.

Lección 3 Jovenes

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