Lección 5 | Domingo 29 de octubre 2017 | Confiar en Dios a pesar de… | Escuela Sabática Joven

DOMINGO 29 OCTUBRE
CONFIAR EN DIOS A PESAR DE…
Logos | Gén. 12:1-4; 15:6; 17:15, 16; Gén. 22; Heb. 11:8
Marta, una cristiana inquebrantable, acababa de perder su trabajo a causa de un recorte de personal. Estaba angustiada porque no solo tenía que mantenerse a ella misma, sino también a su tía enferma que la había acogido cuando su madre había fallecido. Para finales de noviembre, el propietario del lugar donde ella vivía estaba demandando que empacara sus pertenencias y se marchara por incumplimiento en el pago de la renta. María no tenía donde ir, pero tenía fe de que Dios proveería, aun cuando no podía ver ni entender sus planes para ella. Así que juntó sus cosas con fe y salió del departamento, entregándole el siguiente paso a Dios. Resultó que Dios tenía un plan para María, y cuando ella estaba de pie en la vereda, sin hogar y con frío, Dios le dio una respuesta a sus oraciones.
¿Qué significa realmente tener fe? ¿Significa confiar aun cuando no vemos el camino? ¿Significa confiar en que Dios suplirá todas nuestras necesidades? Sí. Tener fe significa que tenemos que confiar que Dios nos librará, nos protegerá, y proveerá por nosotros según su voluntad, y no la nuestra.
Desarraigado por la fe (Gén. 12:1-4; Heb. 11:8)
Imagina lo confundido que debe haber estado Abraham cuando el Señor le habló y le pidió que desarraigara su vida y fuera “a la tierra que te mostraré” (Gén. 12:1). Este mandato debe haber requerido una fe extraordinaria por parte de Abraham. “Por la fe Abraham, cuando fue llamado para Ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba” (Heb. 11:8). Esto demuestra que Abraham era un hombre de mucha fe. Creía que Dios haría lo que había prometido; confiaba en sus palabras, sin que nadie tuviera que reconfortarlo o recordarle constantemente que Dios cumpliría su palabra. Este es un ejemplo para todos nosotros, que nuestra fe en Dios debería ser tan fuerte e inquebrantable como la suya. A semejanza de Abraham, nosotros también deberíamos vivir una vida de fe.
Grandes recompensas para los fieles (Gén. 15:6; 17:15,16)
A pesar de ser un hombre de gran fe, Abraham estaba desanimado porque su esposa, Sara, no podía concebir. Esto era especialmente perturbador para Abraham, porque Dios le había prometido que sería fructífero, el “padre de una multitud de naciones” (Gén. 17:4). ¿Cómo podría llegar a ser “padre de naciones” si no tenía hijos? La solución de Abraham a este problema aparece en Génesis 15:1 al 4 cuando sugiere que Eliezer, su siervo, se convierta en su heredero. Sin embargo, Dios no aprobó esto. Después de todo, Dios le había hecho una promesa a Abraham (Gén. 15:4) y si hay algo que sabemos es que Dios no vuelve atrás en lo que promete. Él recompensa ricamente a quienes demuestran fe en sus promesas y son obedientes a su voluntad. Con el tiempo, luego de varias pruebas. Dios recompensó a Abraham y a Sara con un hijo propio. Ahora, Sara, que era estéril, no solo quedó embarazada, sino que quedó embarazada cuando era de edad avanzada (Heb. 11:11). ¡Aqué Dios poderoso servimos! Aunque Abraham tuvo algunos defectos en este aspecto de su vida, Dios igualmente lo recompensó porque, a pesar de sus imperfecciones, Abraham fue justificado por su fe. Como resultado de esto, Dios hizo que todo resultara para su bien. Él le otorgó un heredero a Abraham, un milagro y una bendición que Abraham y Sara solo podrían haber soñado, si no hubiera sido por Dios.

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