Lección 5 | Cristo en el Santuario Celestial | Escuela Sabática Notas de Elena

La gloria de la humanidad de Cristo no se dejó ver cuando estuvo en la tierra. Fue considerado un varón de dolores y experimentado en quebrantos. Por así decirlo, escondimos de él el rostro. Pero él seguía el sendero del plan que Dios había trazado. La misma humanidad aparece ahora mientras desciende del cielo revestido de gloria, triunfante, sublime. Su pueblo creyente ha asegurado su llamado y su elección. Se levantan en la primera resurrección, y el canto es entonado por incontables voces: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:3, 4) (In Heavenly Places, p. 358; parcialmente en: En los lugares celestiales, p. 360).

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