Lección 4 | Sábado 21 de octubre 2017 | Por su misericordia | Escuela Sabática Joven

“Porque sostenemos que todos somos justificados por la fe, y no por las obras que la ley exige’ (Rom. 3:28).

SÁBADO 21 OCTUBRE
POR SU MISERICORDIA
Introducción | Tito 3:5
Esta es una antigua historia sobre un hombre que cayó accidentalmente en un profundo pozo seco. Allí abajo estaba muy oscuro. Gritaba pidiendo ayuda, pero parecía no haber esperanzas. Finalmente, alguien pasó cerca del pozo y encontró la manera de ayudarlo. Una soga llegó hasta el fondo del pozo. El hombre comenzó a trepar por la soga, y al fin llegó sano y salvo a la superficie.
¿Podía afirmar este hombre que fue salvado por sus propios esfuerzos al trepar? Probablemente podría decirlo pero, dada la profundidad del pozo, podría haberse caído cada vez que lo intentara. A su vez, si no le hubieran dado nada, ni una soga ni nada, ¿podría haber salvado su vida?
Siempre hubo discusiones entre los creyentes en cuanto a la salvación. Muchos piensan que pueden ser salvos por obras y acciones buenas. Pero, si eso fuese cierto, estaríamos expuestos a la muerte cada vez que cometemos errores y caemos en el pecado, ya que “la paga del pecado es muerte” (Rom. 6:23). Como pecadores, estábamos “muertos en [nuestras] transgresiones y pecados” (Efe. 2:1). Por tanto, la Biblia explica que “él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia, sino por su misericordia” (Tito 3:5). Dios, por su grada y misericordia, ha hecho todo lo necesario para que seamos salvos. “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte” (Efe. 2:8,9). “Pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó” (Rom. 3:24). Entonces, la Biblia deja en claro que somos salvos solo por la gracia y la misericordia de Dios, y no por nuestros propios esfuerzos.
Aunque nos afanamos por vivir vidas de fe, y a veces experimentamos altibajos, Dios, que “es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1 Juan 1:9). Aunque las buenas acciones no pueden salvarnos, son evidencia de que realmente confiamos en él y le permitimos transformarnos. Solos los creyentes que reciben el Espíritu Santo (Juan 7:38, 39) y producen los frutos del Espíritu (Gál. 5:22, 23) son quienes realmente reciben el don de Dios por fe.
Pero ¿qué deberíamos hacer para recibir la misericordia y la gracia de Dios? “Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos” (Plech. 16:31). Pídele a Dios y confía en él para tu salvación. Es importante recordar que él es el único que puede hacerlo por nosotros.
Osvald Taroreh, Jakarta, Indonesia

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