Lección 4 | Conflicto y crisis: los Jueces | Escuela Sabática | Primer trimestre 2016


Lección 4: Para el 23 de enero de 2016

CONFLICTO Y CRISIS:

LOS JUECES

Sábado 16 de enero

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Jueces 4; 6; 14; Hebreos 11:32; 1 Samuel 2:12-25; 8:1-7.

PARA MEMORIZAR:

“Y Ana oró y dijo: Mi corazón se regocija en Jehová, mi poder se exalta en Jehová; mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salvación” (1 Sam. 2:1).

EL TIEMPO DE LOS JUECES fue un período caótico en Israel. El pueblo de Dios hizo lo malo a los ojos de Jehová, y Dios los “vendió” en manos de un opresor. Ellos clamaban al Señor, y Dios suscitaba un libertador que traía paz a la tierra, hasta que el mismo triste ciclo comenzaba otra vez.

Débora, uno de los jueces de Israel, fue notable pues inspiró confianza en otros. Ella y Jael fueron heroínas, mientras que los hombres que las rodeaban no tenían ánimo por su timidez y falta de fe. Un subtema recurrente en el Gran Conflicto se ve también en la historia de Gedeón, cuando el pueblo de Dios afrontaba una situación imposible.

Sansón fue uno de los últimos jueces. Después de él, la Nación descendió a la anarquía. Él fue un héroe mal dispuesto, que estaba más interesado en mujeres que en seguir a Dios: un paralelo de sus conciudadanos, más interesados en adorar los ídolos que en servir a Jehová.

Samuel trajo esperanza a la Nación. Luego, estableció una nueva estructura de liderazgo, con reyes, y uno de sus últimos actos fue ungir al futuro rey David.

Domingo 17 de enero

DÉBORA

La historia de Débora añade detalles interesantes al tema del Gran Conflicto. Aquí vemos al pueblo de Dios sufriendo opresión y enfrentando situaciones difíciles. Esto es un paralelo de lo que vimos en Apocalipsis 12, con la lucha increíblemente desigual entre un dragón de siete cabezas y un bebé recién nacido (ver la sección del martes de la lección 1).

Los personajes principales en esta historia incluyen a Jabín, rey de Canaán; a Sísara, jefe de su ejército; y a Débora, profetisa y jueza (resolvía disputas civiles entre grupos o personas opuestos) que, para ese tiempo, tuvo un grado muy inusual de autoridad e influencia para una mujer.

Lee Jueces 4. ¿De qué manera ves que se expresa aquí el tema del Gran Conflicto? Al final, ¿quién produjo la victoria para Israel, a pesar de su indignidad?

La heroína de la historia es Jael, la esposa de Heber, quien no teme identificarse con el pueblo de Dios y desempeña un papel vital en la derrota de los enemigos de Dios. Juzgar sus acciones desde nuestra perspectiva actual no es fácil. Sin embargo, no debemos usar sus actos para justificar el engaño y la violencia a fin de alcanzar nuestros fines, no importa cuán correctos sean estos.

En las discusiones que conducen al conflicto, Débora le asegura a Barac que la batalla será de Dios (un eco del Gran Conflicto, por cierto). Se usan dos verbos para describir cómo haría Dios eso (Juec. 4:7): “Atraeré” a Sísara (la palabra sugiere pescar con una red) al río Cisón, donde lo “entregaré” en la mano de Barac. El canto de gratitud de Débora (Juec. 5) revela algunos de los detalles. Los carros de Sísara se quebrantaron en los angostos pasos cerca del río Cisón por causa de la lluvia torrencial. Los cielos “destilaron” y las nubes “gotearon” agua (vers. 4, 5), y produjeron torrentes repentinos que barrieron a muchos soldados enemigos (vers. 21); e Israel fue liberado.

Piensa en la confianza que tuvieron estos hombres de guerra en Débora. Aunque en un nivel eso era bueno (obviamente), ¿por qué debemos ser siempre cuidadosos en saber cuánta confianza ponemos en una persona?

Lunes 18 de enero

GEDEÓN

Lee Jueces 6:1. ¿Qué ocurre aquí? Ver Jueces 6:10.

Después de Débora, la tierra gozó de paz durante los siguientes cuarenta años, pero pronto volvieron a caer en manos de opresores. Esta vez fueron los madianitas, quienes, con sus aliados, entraban en Israel, y destruían las plantaciones y robaban el ganado (Juec. 6:3-5). Israel se empobreció grandemente y clamó a Jehová (vers. 6, 7). Se daban cuenta de que los dioses de moda no servían ahora.

Lee Jueces 6:12 al 16. ¿Qué dijo el ángel de Jehová? ¿Cuál fue la reacción de Gedeón? Este ¿no debería haber sabido por qué el pueblo se encontraba en esa situación? Ver Juec. 6:7-10.

A pesar de la queja de Gedeón, que no tenía base (habían sido desobedientes, y por eso eran oprimidos), Dios estaba listo para librarlos. Es interesante que Dios llama a Gedeón “varón esforzado y valiente”, aun cuando él se consideraba de un modo muy distinto: “Ah, Señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre” (Juec. 6:15). Sin duda, un componente vital de la fortaleza de Gedeón fue su propio sentido de debilidad y falta de importancia.

Nota también qué le pidió Gedeón a Dios en Jueces 6:36 al 40. Es decir, conociendo todas las desventajas y sus propias debilidades, buscó una seguridad especial de la presencia de Dios. Entonces, tenemos aquí a un hombre que se daba cuenta plenamente de su total dependencia de Dios. Podemos leer en Jueces 7 acerca del éxito sorprendente contra los opresores del pueblo y la liberación que le dio Dios a Israel.

¿Por qué eligió Dios usar a seres humanos caídos en esta liberación? Es decir, ¿no podría haber Dios llamado “más de doce legiones de ángeles” (Mat. 26:53) a fin de hacer lo que fuera necesario para Israel en ese momento? ¿Qué función tenemos nosotros, como seres humanos caídos, tanto en el Gran Conflicto como en la difusión del evangelio?

Martes 19 de enero

SANSÓN

Las líneas de batalla entre el bien y el mal se borronean en la historia de Sansón. Su vida comienza de una manera impresionante, con un anuncio del Ángel de Jehová de que iba a ser nazareo desde su nacimiento. El Ángel instruye a los padres de Sansón acerca de cómo prepararse para su bebé especial. La madre no tenía que beber alcohol o comer alimentos prohibidos (Juec. 13:4, 13, 14; ver también Lev. 11). Dios tenía planes especiales para Sansón; pero las cosas no resultaron tan bien como debería haber sido.

“Precisamente cuando llegaba a la edad viril, cuando debía cumplir su misión divina, el momento en que más fiel a Dios debería haber sido, Sansón se emparentó con los enemigos de Israel. No se preguntó si, al unirse con el objeto de su elección, podría glorificar mejor a Dios o si se estaba colocando en una posición que no le permitiría cumplir el propósito que debía alcanzar su vida. A todos los que tratan primero de honrarlo a él, Dios les ha prometido sabiduría; pero no existe promesa para los que se obstinan en satisfacer sus propios deseos” (PP 606).

Lee Jueces 14:1 al 4. ¿De qué modo usó Dios la debilidad de Sansón por las mujeres como una “ocasión contra los filisteos”? (vers. 4).

Sansón encontró “ocasiones contra los filisteos” de diversas maneras, cada una como respuesta a desprecios personales. Primero mató a treinta hombres y les quitó su ropa para llevarla a la fiesta de bodas a fin de pagar una deuda (Juec. 14:19). Luego, destruyó sus cosechas cuando su esposa le fue dada a su mejor amigo (14:20; 15:1-5). Más tarde, Sansón mató a muchos como venganza porque los filisteos asesinaron a su esposa y al padre de ella (vers. 6-8). Después, cuando trataron de vengar este acto (vers. 9, 10), mató a mil hombres con la quijada de un asno (vers. 14, 15). Finalmente, derribó el templo de los filisteos y mató a tres mil de ellos por haberlo dejado ciego (16:21, 28, 30).

Este es un héroe con fallas. Parece que hay poco para imitar en Sansón, aunque está en la lista de Hebreos 11 (vers. 32) con algunos personajes más bien exaltados. Sin embargo, hay más en esta historia de lo que se ve a primera vista. Piensa en lo que Dios podría haber hecho con Sansón. ¿Qué puede hacer Dios con nosotros? ¿Cuánto más podríamos hacer si viviésemos a la altura de nuestro potencial?

Miércoles 20 de enero

RUT

La historia de Rut no habla de vastos ejércitos enemigos que amenazaban al pueblo de Dios, sino de una familia moribunda que revive. Aunque incluye dos temas mayores –la destrucción de la creación de Dios y su pueblo amenazado–, Rut también habla del Gran Conflicto en el nivel personal, donde siempre se da la batalla.

No sorprende que la tierra de Judá haya sufrido hambrunas durante el tiempo de los jueces (Rut 1:1; Deut. 28:48; 32:24; ver también Juec. 17:6; 21:25). Esta era una señal de que el pueblo del Pacto había abandonado a Dios. El pecado y la rebelión habían reducido la tierra a un campo polvoriento y desierto, pero Dios “visitó” su tierra, y puso vida en ella “para darles pan” (Rut 1:6).

Cuando Elimelec, su esposa, Noemí, y sus dos hijos jóvenes fueron a Moab, lo hicieron porque querían un futuro. La tierra del enemigo dio un alivio temporario pero, con la muerte de su esposo y sus dos hijos, Noemí decidió volver a casa.

Lee Rut 1:8, 16 y 17. ¿Cuál es la importancia de que Rut quisiera ir con Noemí?

Rut era de una nación enemiga que varias veces había tratado de destruir a Israel; pero ella eligió identificarse con el pueblo de Noemí y adorar a su Dios. Además, ella halló favor a los ojos de su pueblo adoptivo, no solo en Booz (Rut 2:10) sino también en quienes la conocieron (vers. 11). Booz tenía la confianza de que ella había encontrado favor a los ojos de Dios (vers. 12) y, llevando su admiración más adelante, estuvo de acuerdo en casarse con ella (Rut. 3:10, 11).

Había un pariente más cercano que Booz, el cual tenía derecho a ser el primero en reclamar las tierras del muerto, si se casaba con Rut. Sin embargo, a este pariente no le interesaba tener otra esposa porque le complicaba sus planes financieros (Rut 4:6). En este momento, la asamblea de testigos bendijo a Rut, asemejándola a las grandes mujeres de la historia de Israel (vers. 11, 12), lo que se cumplió cuando llegó a ser una ascendiente del Mesías (vers. 13, 17; Mat. 1:5, 6).

Es una historia del tipo “vivieron felices para siempre”. En la Biblia no hay muchas de esas; tampoco hay muchas en la vida real. Sin embargo, aquí podemos ver cómo, a pesar del ir y venir de la vida, al final la voluntad de Dios prevalecerá; y esas son buenas nuevas para todos los que lo aman y confían en él.

Jueves 21 de enero

SAMUEL

¿Qué tiene que ver el comienzo del libro de Samuel con el Gran Conflicto? No hay una amenaza obvia al orden creado, ni grandes ejércitos en las fronteras; el ataque del mal es más sutil, pero no menos real.

Lee 1 Samuel 2:12 al 15. ¿De qué modo se revela en estos tristes versículos la realidad del bien versus el mal?

“Pero aunque [Elí] había sido nombrado para que gobernara al pueblo, no regía bien su propia casa. Elí era un padre indulgente. Amaba tanto la paz y la comodidad que no ejercía su autoridad para corregir los malos hábitos ni las pasiones de sus hijos. Antes que contender con ellos, o castigarlos, prefería someterse a la voluntad de ellos, y cedía en todo” (PP 621).

En contraste con ellos, vemos a un niñito vestido como un sacerdote (1 Sam. 2:18, 19) quien, como Jesús, “seguía creciendo y ganándose el aprecio del Señor y de la gente” (vers. 26, NVI; Luc. 2:52). Este Samuel llegó a ser un líder fuerte y fiel en Israel. “Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, se dio cuenta de que el Señor había confirmado a Samuel como su profeta” (1 Sam. 3:20, NVI).

Sin embargo, esto no significa que todo iba bien. La Nación afrontaba una invasión filistea y los dos hijos de Elí fueron muertos; los filisteos capturaron el Arca de Dios; y Elí, de 98 años, murió cuando oyó las noticias (1 Sam. 4:14-18).

Lo triste es que Samuel enfrentó el mismo problema que Elí: hijos que no siguieron en sus pasos de fidelidad y lealtad (1 Sam. 8:1-7).

Samuel marcó un punto de transición en la historia del pueblo de Dios. Fue el último de los jueces y una figura clave en el desarrollo del Gran Conflicto. Su influencia estabilizadora guió al pueblo en un momento crítico. Aunque Dios no depende de dinastías humanas, es una lástima que los hijos de Samuel no siguieran sus pisadas. Como resultado de la apostasía de ellos, los ancianos demandaron un rey; lo que no fue el paso mejor, según reveló la historia de los siglos posteriores.

Más allá de que nuestra vida de hogar sea buena o mala, somos responsables por a quién servimos en el Gran Conflicto. Sean cuales fueren los errores que hayamos cometido, ¿por qué debemos recordar que hoy, ahora, es el mejor momento para arreglar las cosas con Dios? Mañana podría ser demasiado tarde, pero no hoy.

Viernes 22 de enero

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: La Biblia no pasa por alto los pecados humanos. ¿Cómo podría hacerlo y, al mismo tiempo, retratar con exactitud el estado de la humanidad? Una descripción aguda del mal humano se encuentra en 1 Samuel 2:12 al 25, cuando los hijos de Elí se presentan en contraste con el joven Samuel. 1 Samuel 2:12 dice: “Los hijos de Eli eran hombres impíos (“hijos de Belial”, VM); y no tenían conocimiento de Jehová”. Nota el contraste: la descendencia desempeñaba una función importante en la vida bíblica, y ahora “los hijos de Elí” son “hijos de Belial”. Belial es una palabra rica, usada en diversas formas y contextos, casi siempre negativos. Se relaciona con el hebreo bl y bli, que significan “no” o “sin”. Belial significa “sin valor”, “sin utilidad”. Otros hombres en la Biblia fueron llamados “hijos de Belial” (2 Crón. 13:7, VM; 1 Rey. 21:13, VM). En Proverbios 6:12, se los iguala con los inicuos o impíos (VM). (En otras literaturas del antiguo Cercano Oriente, Belial es otro nombre para Satanás mismo.) Casi cada vez que se usa la palabra en la Biblia, aparece con sentido negativo. Los seres humanos, creados a la imagen de Dios, fueron creados con un propósito; y no obstante, de acuerdo con la Biblia, estos hombres eran “hijos de inutilidad”. ¡Qué desperdicio de vidas! O somos del Señor, haciendo algo con sentido y propósito para él, o somos, al final, inútiles. Esto tiene sentido, considerando que toda nuestra existencia y el propósito para la vida solo provienen de él.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. La Biblia lo deja claro: no hay término medio en el Gran Conflicto: estamos o de un lado o del otro, o del lado de Cristo o del de Satanás. No obstante, la vida no siempre se desarrolla con un contraste tan claro y agudo. A veces no estamos seguros de cuál es la decisión correcta y cuál es la equivocada; y también enfrentamos dilemas morales. No siempre es fácil determinar qué hacer. ¿Cuáles son algunas maneras en las que podemos buscar criterios que nos ayuden a tomar decisiones correctas cuando, a veces, no es fácil saber cuál es ella?

  2. ¿Te asquearon de alguna forma personas a quienes has admirado? Al mismo tiempo, ¿de qué modos tal vez has desilusionado a quienes te admiraban? ¿Qué aprendiste de estos incidentes acerca de la fe, la confianza, la gracia y la fragilidad humana?

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