Lección 3 | Lunes 12 de octubre 2015 | Joacaz y Joacim: otro descenso | Escuela Sabática


Lunes 12 de octubre
JOACAZ Y JOACIM: OTRO DESCENSO
Joacaz (también conocido como Salum) tenía 23 años cuando sucedió a su padre en el trono. Su reinado duró solo tres meses. El faraón lo reemplazó por su hermano, puesto que Joacaz no estaba en favor de la política egipcia. Joacaz fue llevado a Egipto, donde murió. (Ver 2 Crón. 36:4; 2 Rey. 23:31-34.)
El rey que siguió a Joacaz fue Joacim, que reinó desde 609 hasta 598 a.C. Era hijo de Josías. Cuando Nabucodonosor tomó Jerusalén, Joacim fue llevado a Babilonia junto con los utensilios del Templo. Jeremías otra vez advirtió al pueblo que su nuevo rey llevaba a la nación por un camino equivocado.
Lee Jeremías 22:1 al 19. ¿Cuáles fueron algunos de los problemas con Joacim que produjeron una reprensión muy severa por parte de Dios?
Dios, hablando por medio de Jeremías, tuvo palabras muy agudas para este gobernante corrupto y codicioso. Joacim fue un rey avaro y opresor, que impuso fuertes tributos a Judá (ver 2 Rey. 23:35) para pagar a los egipcios. Peor todavía, usó a trabajadores forzados para construir su propio palacio, muy elaborado, desafiando a la Torá, que habla claramente sobre pagarle a la gente por su trabajo: “No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana” (Lev. 19:13). Además Joacim, a diferencia de su padre, permitió que ritos paganos florecieran otra vez en Judá.
Jeremías 22:16 es un texto poderoso. En el contexto de comparar al corrupto Joacim con su padre, Josías, Dios le dijo: “Él juzgó la causa del afligido y del menesteroso, y entonces estuvo bien. ¿No es esto conocerme a mí? dice Jehová”. En otras palabras, el verdadero conocimiento de Dios se manifiesta en el modo de tratar a los que están en necesidad; se logra cuando salimos de nosotros mismos para beneficiar a quienes no pueden hacer nada para devolvernos algo. Vemos aquí otra vez, así como en toda la Biblia, la preocupación de Dios por los pobres y los indefensos, y la obligación que tenemos de ayudar a los que no pueden ayudarse.
Medita en la idea de que ayudar al “pobre y menesteroso” es como conocer a Dios. ¿Qué significa esto?

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