Lección 2 | Joven | La autoridad y el evangelio de Pablo | Escuela Sabática

La autoridad y el evangelio de Pablo

“¿Qué busco con esto: ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo” (Gál. 1:10).

SÁBADO 1 JULIO

PERDIDO EN LA TRADUCCIÓN

Introducción | Gál. 1:6-9; 2 Ped. 3:16

Durante cinco años, el banco HSBC, uno de los más grandes del mundo, usó el eslogan “Assume Nothing” [No des nada por sentado]. Era un eslogan bastante bueno, pero en el año 2009, esta corporación multinacional gastó unos 10 millones de dólares para cambiarlo. Su bien intencionado eslogan había sido traducido en varios países como “No hagas nada”… lo que evoca la imagen de banqueros bastante holgazanes. Aunque a HSBC le sucedió un típico caso de error de traducción, no necesitamos cambiar para tener malentendidos o ser malinterpretados. Simplemente, haz memoria de la última vez que tuviste que decir: “No quise decir eso”.

El apóstol Pablo experimentó eso unos veinte años después de la muerte de Jesús. El Maestro había dicho: “Vayan y hagan discípulos de todas las naciones” (Mat. 28:19), y sus discípulos lo tomaron muy en serio; el evangelio se esparció por el mundo, y tanto judíos como gentiles recibieron el mensaje; algo que resultó sumamente controvertido. Para algunos judíos de la iglesia cristiana primitiva, “toda nación” simplemente quería decir “judíos de otras partes del mundo”. Los gentiles podían unirse a la iglesia cristiana si se convertían al judaismo y seguían las costumbres judías, incluyendo la circuncisión.

No es de extrañar que Pablo se sintiera obligado a escribirles una dura carta a los gálatas, que estaban predicando una versión malinterpretada de la gran comisión: “Estoy muy sorprendido de que ustedes se hayan alejado tan pronto de Dios […] y se hayan pasado a otro evangelio” (Gál. 1:6, 7, DHH). El evangelio, como lo decretó Jesús, era simple. No se trataba de obras ni de obediencia a la ley, sino de fe. Para ser un miembro de la iglesia cristiana, tan solo había que creer en la grada salvadora de Jesús. La carta a los gálatas vuelve al corazón del evangelio al tratar los temas más importantes del cristianismo.

DOMINGO 2 JULIO

SIERVO DE CRISTO

Evidencia | Gál. 1:10

Como Pablo menciona en su saludo inicial, él ya había servido en las iglesias de Galacia antes de enviarles la epístola. Sin embargo, sobre la marcha, Pablo descubrió que las iglesias a las que servía se habían desviado de la enseñanza original que él les había dado. Ciertos evangelios “falsos” comenzaron a surgir entre las congregaciones. Para responder a este problema, Pablo sintió la responsabilidad de corregir y restaurar a la gente en la verdad.

Esta responsabilidad no provenía de un mero motivo político o sociológico. La razón por la que Pablo abordó el problema tampoco fue porque quisiera volver a ganarse el respeto de las iglesias, o porque pensara que, como “pionero”, tenía el derecho de decir algo sobre el asunto.

Como menciona el texto, Pablo expresó claramente que su motivación para abordar los errores provenía de la relación que tenía con Dios, al ser su siervo. La palabra siervo es la traducción de la palabra griega dulos. Si bien algunas versiones de la Biblia traducen esta palabra como “siervo”, tiene un significado más profundo y complejo que simplemente describir a un siervo. Se usaba la palabra dulos para describir al tipo de esclavo de menor categoría en la antigua civilización griega. Un dulos no tenía derechos personales, y su libertad dependía completamente de su amo. Así es como se describió Pablo a sí mismo y su relación con Jesús. Pablo ya no tenía ningún derecho sobre su vida, sino que todo lo que ahora hacía era cumplir el pedido y la orden de su Amo. No lo hacía por tener alguna intención o motivación oculta, sino que lo hacía para su verdadero Señor y Amo: Jesucristo.

Es muy importante entender la autoridad que nos otorga el poder para hacer lo que hacemos. Esas preguntas también se las hicieron a Jesús (Mar. 11:28), y a muchos otros personajes bíblicos como Moisés (Núm. 12:1), David (1 Sam. 17:45) y Jeremías (Jer. 28:9). Solo quienes tienen una relación profunda y auténtica con Dios son capaces de mostrar en su vida y ministerio el verdadero poder de Dios. Así fue en la vida de Pablo: la convicción de que Cristo realmente era su Amo le dio poder para ser audaz al predicar el evangelio, y hasta para dar su vida por su Amo.

Para pensar y debatir

¿Cómo podemos concillar la idea de que tenemos libertad en Cristo con la de que somos “siervos” en él?

¿Cómo sabemos que estamos haciendo cosas por el Señor con la misma convicción que Pablo, y que no estamos usando el nombre de Dios en vano (Éxo. 20:7), al tener nuestros propios planes e intenciones?

LUNES 3 JULIO

LA AFIRMACIÓN DEL APÓSTOL

Logos | Hech. 9:1-10; 1 Cor. 1:4; Gál. 1; Efe. 1:2; Col. 1:2

Además del libro de Romanos, Gálatas es otro libro del Nuevo Testamento que trata el tema de la salvación. Sin embargo, lo que distingue a Gálatas es que Pablo hace afirmaciones más fuertes al abordar el problema que tenían las iglesias de Galacia. Es más, fue claro sobre la función que tenía para tratar el problema: él era un apóstol. A lo largo de los dos primeros capítulos de Gálatas, Pablo se expresa como si estuviera tratando de hacer valer su autoridad con la finalidad de lograr lo que tenía en mente para las iglesias. ¿Por qué usó esa estrategia?

El evangelio: un asunto personal (Gál. 1:6-10)

En Gálatas 1:6 al 10, Pablo expresa de una manera muy directa su decepción, e incluso su resistencia, hacia el “evangelio” que se enseñaba. ¡Hasta asevera que quienes enseñaban un evangelio diferente debían ser malditos (Gál. 1:8, 9)! Una expresión tan fuerte puede tener relación con la personalidad de Pablo, de quien sabemos que solía ser muy directo y, a veces, hasta duro.

Sin embargo, una mirada más cuidadosa al texto revela que la razón por la que Pablo usó un lenguaje tan fuerte no fue solo cuestión de personalidad. Para Pablo, el mensaje del verdadero evangelio podrá no agradar a todos los seres humanos, pero él no estaba allí para ser “políticamente correcto” (ver. 10). En segundo lugar, el evangelio no era una invención humana, sino un mensaje de Jesús mismo (ver. 11, 12). En otras palabras, el evangelio va más allá de las cuestiones humanas. Es una solución divina para el problema del pecado.

No obstante, es fácil imaginar que algunos de los miembros de las iglesias de Galacia se hayan hecho esta pregunta crucial: “¿Cómo sabe Pablo que su enseñanza del evangelio es la que proviene de Dios?” Aparentemente, Pablo previo que plantearían esta pregunta, e inmediatamente la respondió dando su testimonio sobre cómo su experiencia con Jesús le cambió la vida (vers. 13-24). Su encuentro con Jesús en el camino a Damasco fue tan real que le era difícil no predicar sobre eso (Hech. 9:1-10). Por cierto, el evangelio debe ser un asunto personal, y no solo una historia que escuchamos. Hasta que no experimentamos el poder del evangelio a través de nuestra experiencia personal, el mensaje de salvación en Jesús puede ser tan solo una linda historia sin aplicación en la vida real.

El evangelio: se trata de Jesús (Gál. 1:11,12)

Otro punto conmovedor en la introducción de Pablo es su énfasis al decir que su mensaje no tiene ninguna motivación personal, sino que se trata de la revelación de Jesucristo (Gál. 1:11, 12). Esta expresión se repite en muchas de las cartas de Pablo a las diferentes iglesias, en donde señala que Jesús fue la única razón por la que dedicó su vida para ser el mensajero de Cristo (1 Cor. 1:4; Efe. 1:2; Col. 1:2).

No hay otras buenas nuevas que el cristianismo pueda dar fuera de las que tienen a Jesús en el centro de todo. Lo que hace que el evangelio sea tan poderoso, es que su punto central es el mensaje de salvación en Jesús. Sin eso, el cristianismo no tiene un mensaje único para compartir con los demás. Es por esto que Pablo se sintió muy disgustado cuando las iglesias de Galacia comenzaron a agregar enseñanzas que incluían a Jesús simplemente como una “parte” de la salvación, y no como el camino absoluto a la salvación (Gál. 2:15, 16).

MARTES 4 JULIO

OBEDECER ES MEJOR QUE LOS SACRIFICIOS

Testimonio 11 Sam. 15:22; Ose. 6:6; Mar. 12:33; Luc. 11:42; Gal. 1:10

Saúl oyó la voz de Dios: él debía destruir a los amalecitas por completo, sin conservar botín de guerra. Pero, en lugar de eso, preservó lo mejor de las ovejas y el ganado “para ofrecerlas […] al Señor tu Dios” (1 Sam. 15:21).

Esto puede parecer un gesto noble. O realmente era arrogancia: “¿Sabes, Dios? Sé lo que me dijiste que hiciera, pero tengo una idea mejor. Sé lo que quieres aún mejor de lo que tú te conoces a ti mismo”.

En una situación similar, “en los días de Pablo, habla quienes constantemente hablaban de la circuncisión, y podían presentar abundantes pruebas bíblicas para mostrar que era obligatoria para los judíos. Pero esa enseñanza no tenía importancia en ese tiempo, pues Cristo había muerto en la cruz del Calvarlo, y la circuncisión de la carne ya no podía tener más valor”.’

Lo que Dios quería no era el sacrificio de la circuncisión, sino la obediencia a su llamado de que “había llegado el tiempo en que la iglesia de Cristo debía emprender una fase enteramente nueva de su obra. Debía abrirse la puerta que muchos de los judíos conversos habían cerrado a los gentiles. Y de entre estos, los que aceptaran el evangelio habían de ser considerados iguales a los discípulos judíos, sin necesidad de observar el rito de la circuncisión”.2

“Como medida de precaución, Pablo aconsejó prudentemente a Timoteo que se circuncidase, no porque Dios lo requiriese, sino para eliminar del pensamiento de los judíos algo que pudiera llegar a ser una objeción contra el ministerio de Timoteo. En su obra, Pablo había de viajar de ciudad en ciudad, en muchas tierras, y con frecuencia tenía oportunidad de predicar a Cristo en las sinagogas de los judíos, como también en otros lugares de reunión. Si llegaban a saber que uno de sus compañeros era incircunciso, su obra quedaría grandemente estorbada por los prejuicios y el fanatismo de los judíos. Por doquiera el apóstol afrontaba resuelta oposición y severa persecución. Deseaba impartir a sus hermanos judíos, tanto como a los gentiles, el conocimiento del evangelio; y por eso procuraba, en la medida consecuente con su fe, quitar todo pretexto de oposición. Sin embargo, mientras condescendía así con el prejuicio judío, creía y enseñaba que la circuncisión y la incircuncisión nada eran, y que el evangelio de Cristo era todo”.3

La obediencia es la respuesta de alguien que está en una relación de confianza con Dios. Confiamos y dependemos de Dios. Él tiene el control. La obediencia es mejor que el sacrificio, porque permitimos que Dios asuma su legítimo lugar de liderazgo, mientras nosotros permanecemos en nuestro lugar legítimo con él: una posición de dependencia y entrega a su providencia.

MIÉRCOLES 5 JULIO

“GENTE DE POCA FE”

Cómo hacer | Rom. 3:28; Gál. 1:6-9

Un fresco día de octubre de 1517, Martín Lutero, un sacerdote común y corriente que enseñaba Teología en la Universidad de Wittenberg, Alemania, se dirigió hacia la Iglesia de Todos los Santos de la ciudad. Tenía una misión. En sus manos sostenía lo que más tarde se conocería como sus “95 tesis”. La tradición dice que las clavó en la puerta de aquella iglesia. ¿Qué motivó las acciones de Lutero que hoy la historia indica como el comienzo de la Reforma protestante?

Lutero, básicamente, estaba protestando en contra de las prácticas vigentes en la iglesia que él consideraba que se habían desviado de la esencia del evangelio. Así como el apóstol Pablo escribió la Carta a los Gálatas, Lutero escribió sus 95 tesis para recordar les a las autoridades cristianas que el perdón de Dios proviene solamente de la fe, y no es necesaria ninguna acción adicional para ganar la salvación.

Pero a la naturaleza humana le gustan las cosas concretas. Los conceptos intangibles como la fe y el perdón pueden ser especialmente difíciles de comprender, sobre todo cuando sabemos que hemos cometido errores terribles en el pasado. Entonces, ¿cómo podemos fortalecer nuestra fe?

Lee la Biblia. Busca especialmente versículos que hablen de la fe.

Pide a Dios que te dé fe. Jesús dijo: “Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré” (Juan 14:13). Así como Dios está interesado en los aspectos prácticos de nuestras vidas, como mostrarnos su voluntad, sanar enfermedades, e incluso encontrar objetos perdidos, también está preocupado por nuestras necesidades espirituales. Recuerda al hombre que exclamó: “¡Sí creo! […] ¡Ayúdame en mi poca fe!” (Mar. 9:24).

Escribe un diario. Si no tienes el hábito de llevar un diario, no necesitas tener uno en el que escribas tus pensamientos y actividades de cada día. Pero es una buena idea, al menos, hacer anotaciones de momentos en los que Dios fue real para ti en forma especial. Estas anotaciones te animarán cuando sientas que tienes poca fe.

Agradécele por perdonarte. Esto probablemente no tenga mucho sentido, especialmente si no te sientes perdonado. Pero agradécele de todas formas. Los entrenadores motivado- nales a menudo dicen que coloquemos citas inspiradoras donde podamos verlas, por la misma razón: lo que pensamos y decimos se convertirá en nuestra realidad con el tiempo.

Recuerda que perteneces a la familia de Dios solo por causa de la fe. Esto quiere decir que todo lo que tienes que hacer es creer que Dios te ha perdonado y aceptar su don gratuito del perdón. Todo el que te diga que tienes que hacer algo u obedecer algo, te está predicando un evangelio diferente del que has aceptado. Nuestras acciones no determinan nuestra salvación, pero reflejan quiénes somos.

Para pensar y debatir

¿Qué otras cosas puedes hacer para fortalecer tu fe?

¿Por qué piensas que concentrarte en las “obras” puede ser dañino para tu fe cristiana?

 

JUEVES 6 JULIO

¿Y Si…?

Opinión | Hech. 15:1-5; Rom. 1:16,17; Gál. 1:6-10

Cuando comencé a asistir a la iglesia siendo adolescente, muy pronto me dijeron cómo debía “comportarme”. Había ciertas cosas que no debía hacer, y tenía que usar solo cierto tipo de ropa que se consideraba “apropiada”. Básicamente, tenía que encajar dentro de cierto molde para ser considerada como miembro… Y yo pensé que ser cristiana significaba eso.

Mi concepto de cristianismo, y mi fe, se desmoronaron las primeras semanas que comencé a asistir a una universidad adventista en otro país. La gente hacía cosas que yo pensaba que no estaban permitidas, y se vestía de manera diferente de lo que me habían hecho creer que se esperaba de un miembro de iglesia. Y aun así, era evidente que estas personas eran cristianas profundamente dedicadas, que amaban mucho a Dios.

Nuestra relación con Dios y la base de nuestra salvación, ¿dependen de lo que hacemos o no hacemos? Si es así, ¿dónde terminan las normas culturales y los prejuicios personales, y dónde comienza el verdadero evangelio?

Cuando se trata de de seguir a Dios y honrarlo, obviamente él espera que tengamos ciertas normas. Pero nos dio reglas, restricciones, e incluso los Diez Mandamientos, no para mostrarnos qué tenemos que hacer para pertenecer a la familia de Dios, sino para protegernos de las consecuencias no deseadas de desobedecer sus mandatos.

Nuestro deber para con Dios es reflejar su carácter. Después de todo, “todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu” (2 Cor. 3:18). En otras palabras, nos asemejamos a lo que prestamos atención. Pero sin importar lo que hagamos, lo hacemos por amor a Jesús, no por miedo a perdernos el cielo si hiciéramos algo diferente.

En cuanto a nuestra salvación, Dios la ofrece a “todos los que creen” (Rom. 1:16). En nuestra relación con él tenemos la seguridad de la salvación solamente sobre la base de la fe. Nuestras acciones deben agradar a Dios. Más aún, no somos nosotros quienes decidimos cómo debe comportarse la gente; eso es tarea de Dios.

Para pensar y debatir

¿Se te ocurre alguna “conducta cristiana” que provenga de normas culturales y prejuicios personales, pero que no esté basada en la Biblia?

¿Cómo puedes asegurarte de que estás buscando agradar a Dios con tu conducta, y no a los seres humanos?

VIERNES 7 JULIO

LA OPINIÓN DE DIOS OPACA LA DEL MUNDO

Explora | Gál. 1 En resumen…

Como ¡lustra la lección de esta semana, Pablo escribió esta carta para hacer entenderles a los gentiles que este mensaje no fue Ideado por seres humanos. Dios inspiró las palabras y Pablo las pronunció. No era el mensaje de Pablo, era el de Dios. No tenemos por qué considerar las mentiras que la gente intenta hacernos creer, porque tenemos la Palabra de Dios y podemos compararlas con ella. Como dice Gálatas 1:10, la opinión de Dios es lo único que importa. No necesitamos agradar a este mundo ni creerle; solo necesitamos agradar a Dios, quien nos creó y nos ama sin importar quiénes seamos.

Actividades sugeridas

» Escribe un poema que hable de dejar que las distracciones y las mentiras de este mundo se desvanezcan, hasta que todo lo que importe sea Dios.

» Crea un collage de imágenes que represente las mentiras que te han dicho, y luego táchalas con una gran raya roja que te recuerde que la opinión que Dios tiene acerca de ti siempre debe ser más importante.

» Observa las aves mientras andas en bicicleta, caminas o conduces por la calle. Medita en cuán singulares son, y en el hecho de que, sin importar cuán extraña sea su conducta, nunca cambian, y Dios las acepta así como te acepta a ti.

» Comienza un estudio bíblico con algunos de tus amigos, y estudien la vida de personas como María Magdalena, que permitió que la opinión que Dios tenía de ella opacara la de todos los demás.

» Haz de Gálatas 1:10 tu oración diaria, para recordar que la Palabra de Dios y su opinión son todo lo que realmente importa.

Lectura adicional

1 Corintios 15:1-11; 1 Tesalonicenses 2:1-12.

Elena de White, Los hechos de los apóstoles, cap. 36, “Apostasía en Galacia”.

Timothy Keller, Gálatas para f/(Poiema Publicaciones, 2014), capítulos 1, 2.

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