Lección 13 | Sábado 24 de marzo 2018 | Padre celestial, proveedor celestial | Escuela Sabática Joven

“Mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación” (1 Pedro 2:12).

SÁBADO 24 DE MARZO
PADRE CELESTIAL, PROVEEDOR CELESTIAL
INTRODUCCIÓN – FILIPENSES 4:19
Nunca supe cuán cierto era esto hasta que me pasó. ¿Alguna vez te preguntaste si Dios realmente está allí, ve tus lágrimas y oye tus necesidades? Recuerdo aquél día como si hubiese sido ayer. Acepté a regañadientes cuidar del perro de una amiga. Ella dijo que me pagaría, pero yo no había aceptado hacerlo para obtener un pago. Ella era mi amiga, y habíamos pasado mucho tiempo juntas. Haría cualquier cosa por ella.
Cuando le devolví su dulce bola de pelos, simplemente estaba feliz de que la pequeña Lucy todavía era “la pequeña y feliz Lucy”, y de que la había mantenido con vida. Tenía que hacer algunos mandados, pero no estaba segura de cómo pagar algunas cuentas. Entregué la perrita a su dueña, y ella insistió en que aceptara algo de dinero. Le dije que no era necesario, pero ella insistió. No tuvo que insistir tanto para convencerme, ya que recordé el trámite de renovación de mi licencia y que tenía que encontrar la manera de pagarlo. Pensé: “Cada poquito cuenta. No podría ser mucho, ya que solo la había cuidado por un par de días”. Tomé un rollito de dinero de su mano, y seguí mi camino. No quería mirar el dinero frente a ella.
Pensé en dar la vuelta y volver a casa, pero finalmente me dirigí al lugar del control de emisiones vehiculares. Miré los costos y comencé a sudar, porque creí que no tenía suficiente dinero en mi cuenta bancaria. Primero, había que pagar una cuota de renovación de $790, más una tarifa bancaria de $20 y el control de emisiones de $90, en total: $900. ¿De dónde sacaría ese dinero? Decidí contar el dinero para ver si podía agregarlo a lo que tenía en mi cuenta bancaria. Para mi sorpresa, no necesité hacer eso, ¡tenía exactamente $900 en efectivo! ¡Alabado sea Dios por su misericordia inagotable y por sus tiempos perfectos! Él siempre suplirá mis necesidades.
Heather Maria Jamieson, Nashville, Tennessee, EE. UU.

Compartir

Recomendado

Comentarios de Facebook

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*