Lección 13 | Miércoles 27 de diciembre 2017 | Como arreglar a tu prójimo | Escuela Sabática

MIÉRCOLES 27 DE DICIEMBRE
COMO ARREGLAR A TU PROJIMO
Cómo hacer | Romanos 14:19, 22
¿Ha sido interrumpida tu paz mental por algo que necesitaba ser arreglado? Yo tiendo a ser un “arreglador”. Veo cosas que otros pasan por alto. Esto incluye cuadros torcidos, bisagras flojas y canillas que gotean. Todas estas cosas me molestan en lo más profundo de mi ser, porque no están como deberían estar.
Creo que cada persona tiene una faceta que quiere “arreglar” cosas… y personas. Un deseo interno de mejorar el mundo generalmente es una característica positiva, pero este tipo de pensamiento puede llegar a ser un problema. Jesús habló de esto en el Sermón del Monte. Primero, instruyó a la multitud a no juzgar (en este sentido, juzgar puede considerarse un fariseísmo que hace que otros se vean peor para que uno pueda verse mejor). Luego, Jesús usó un lenguaje dramático para ilustrar memorablemente una enseñanza: “¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo?” (Mateo 7:3).
Elena de White aconsejó a algunas personas sobre asuntos similares. En 1860 escribió a sus amigos en Mansville, Nueva York, ofreciendo consejos a creyentes que se enfrentaban con desacuerdos en la iglesia. Aunque el asunto no se trataba de comida ofrecida a los ídolos o fiestas religiosas, como en Romanos 14, Elena de White brindó un panorama sobre la naturaleza de este desacuerdo. Notó que la guerra que Satanás lucha contra la iglesia remanente “a menudo se inicia entre la hermandad”.1 Es más, ella observó la llegada de la guerra entre miembros que “caen en las tentaciones de Satanás y comienzan la guerra ellos mismos”.2
¿Cómo sucede esto? ¿En qué tentación caen? Al final de su carta, White escribe esta fuerte declaración: “Pero está muy mal, pues quienes se unen a ustedes, entendiendo vuestra fe, luego buscan usar vuestros sentimientos y testimonio para su propio beneficio”.3
Quizás este deseo de mejorar a quienes nos rodean esconde la verdadera motivación de nuestra conducta: creemos que nuestras convicciones son mejores que las de nuestro prójimo. Elena de White, Pablo y Jesús nos llaman a examinarnos a nosotros mismos antes de mirar a nuestro alrededor, a respetar las convicciones de otros como quisiéramos que las nuestras fueran respetadas, a tratar con nuestros propios problemas antes de intentar arreglar aparentes problemas en otros. ¿Por qué dice Jesús que tenemos vigas en nuestros ojos mientras que otros tienen astillas en los suyos? Quizás es una cuestión de magnitud: nuestros propios problemas necesitan más arreglo que los de nuestros amigos.
1 Elena G. de White, Carta 20, 1860. | 2 Ibíd. | 3 Ibíd.
Para pensar y debatir
Presenta tres situaciones en las cuales las convicciones de un grupo o de un individuo fueron impuestas a otros. (Los ejemplos no necesitan provenir de situaciones únicas de los adventistas; ej.: la Inquisición).
¿Cuáles son las consecuencias de minimizar las convicciones de los demás?
¿Cómo nos relacionamos con otros de manera que respetemos su derecho al libre albedrío mientras abordamos las muchas ¡deas equivocadas sobre Dios a las que ellos quizás se aterran?
David Deemer, Loma Linda, California, EE.UU.

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