Lección 13 | Martes 27 de marzo 2018 | La confianza | Escuela Sabática

Martes 27 de marzo
LA CONFIANZA
Lee Proverbios 3:5. ¿Qué mensaje vital hay aquí para nosotros, especialmente en la última parte, sobre no “apoyarnos” en nuestra propia inteligencia? (Ver también Isa. 55:9; 1 Cor. 4:5; 13:12.)
La consigna y el propósito de los mayordomos de Dios es “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” (Prov. 3:5).
Por supuesto, comúnmente es más fácil decirlo que hacerlo. ¿Cuántas veces, quizá, creemos intelectualmente en Dios, y en su amor y cuidado para con nosotros, y sin embargo nos preocupamos de más por algo que estamos afrontando? A veces, el futuro puede parecer muy aterrador, al menos en nuestra imaginación.
Entonces, como mayordomos, ¿de qué modo aprendemos a confiar en Dios? Al avanzar por fe y obedecer al Señor en todo lo que hacemos ahora. La confianza es una acción de la mente que no se agota con el uso; al contrario, cuanto más confiemos en el Señor, más aumentará nuestra confianza. Vivir como mayordomos fieles es una manera de expresar nuestra confianza en Dios. Esta confianza es el fundamento y la fuerza motriz del mayordomo, y se hace visible en lo que hacemos.
“Fíate de Jehová de todo tu corazón”. La frase “tu corazón” siempre se usa figurativamente en la Biblia. Significa que nuestras decisiones provienen de un yo moral interior que constituye lo que somos (Mat. 22:37). Esto incluye nuestro carácter, nuestras motivaciones y nuestras intenciones; la esencia misma de nuestro ser.
Es más fácil confiarle a Dios las cosas que no podemos controlar. En ese sentido, no tenemos otra opción que confiar en él. La verdadera confianza “del corazón”, en cambio, se da cuando tenemos que tomar una decisión con respecto a algo que sí podemos controlar, y es nuestra confianza en Dios lo que nos motiva a decidir de un modo u otro.
Los apóstoles ilustran así el confiar en Dios con todo el corazón: “Eran por naturaleza tan débiles e impotentes como cualquiera de los que están ahora en la Obra, pero ponían toda su confianza en el Señor. Tenían riquezas, pero consistían ellas en la cultura de la mente y el alma; y esta puede tenerla todo aquel que dé a Dios el primero, el último y el mejor lugar en todo” (OE 25).
Es cierto que es más fácil confiar en Dios cuando no podemos manejar la situación. Pero ¿qué pasa con lo sí que podemos controlar? ¿Qué decisiones necesitas tomar para que tu confianza en Dios determine qué camino escoger?

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