Lección 13 | Martes 26 de diciembre 2017 | Una unidad más profunda | Escuela Sabática

MARTES 26 DE DICIEMBRE
UNA UNIDAD MÁS PROFUNDA
Evidencia | Mateo 15:10-20; Romanos 14:14-23; 1 Corintios 8
Los judíos tenían en alta estima las leyes de Moisés, pero tenían en mayor estima otras leyes tradicionales sobre la alimentación. Los judíos despreciaban a los gentiles porque no guardaban esas leyes relativas a la alimentación y el lavamiento. Incluso se acercaron a Jesús cuando pensaron que las estaba quebrantando (Mateo 15). Cuando Pablo les escribió a los cristianos de Roma, sabía que había tanto judíos como gentiles en la iglesia. Pablo les estaba escribiendo a los judíos que se sentían amenazados por esta afluencia de gentiles en la iglesia y por su expresión de fe en Jesús.
Luego de tratar múltiples temas, Pablo finalmente aborda las prácticas alimenticias de los judíos y los gentiles. Pablo declara en Romanos 14:14: “Yo, de mi parte, estoy plenamente convencido en el Señor Jesús de que no hay nada impuro en sí mismo. Si algo es impuro, lo es solamente para quien así lo considera”. Para los judíos, este versículo podría dar la impresión de que Pablo los estaba abandonando para ser como los gentiles, al declarar que las reglas de alimentación judías eran obsoletas y solo una cuestión de opinión. Sin embargo, Pablo continúa su discurso de la siguiente manera: “Ahora bien, si tu hermano se angustia por causa de lo que comes, ya no te comportas con amor. No destruyas, por causa de la comida, al hermano por quien Cristo murió” (versículo 15). Y luego dice, en el versículo 17: “Porque el reino de Dios no es cuestión de comidas o bebidas, sino de justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo”.
Más que la comida en sí, Pablo habla de un asunto más profundo: la unidad en el cuerpo de Cristo. Pablo no les está diciendo a los gentiles que de repente se vuelvan cristianos kós- her, tampoco les está diciendo a los judíos que abandonen sus creencias sobre los alimentos kósher. Nos está diciendo a todos que no vale la pena que las reglas humanas sobre la alimentación destrocen el Peino de Dios. Jesús no murió por comida, edificios, doctrinas, ropa o estatus; él murió por la humanidad.
¿Y nosotros hoy? ¿Cuánto nos preocupa la unidad del cuerpo de Cristo? ¿Estamos dispuestos a renunciar a cosas en nuestra propia vida que podrían no ser pecado pero son un obstáculo para nuestros hermanos y hermanas? ¿Estamos dispuestos a poner a otros por sobre nosotros mismos y vivir como Cristo vivió? Este era el mensaje de Pablo a la iglesia romana, y sigue siendo cierto hoy. “Por lo tanto, esforcémonos por promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación” (versículo 19).
Para pensar y debatir
¿Cuáles son algunas de las cosas en nuestra vida que pueden ser un obstáculo para otros creyentes? ¿Dónde trazamos la línea entre crear la unidad en el cuerpo de Cristo y ceder en nuestros principios? ¿Se preocupa Dios realmente por lo que comemos? (Ver 1 Corintios 3:19; 6:12-20; 2 Corintios 6:16.)
J-Fiah Reeves, Houston, Texas, EE.UU.

Compartir

Recomendado

Comentarios de Facebook

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*