Lección 13 | Domingo 24 de diciembre 2017 | La mejor relación | Escuela Sabática

DOMINGO 24 DE DICIEMBRE
LA MEJOR RELACIÓN
Logos | Romanos 4:13; 5:1; 10:1, 2
Con la llegada de Cristo a la tierra, cambiaron dramáticamente las percepciones que los hombres tenían de Dios. La “Luz verdadera” (Juan 1:9) brilló con fuerza en el planeta tierra, revelando claramente el carácter de amor de Dios que Satanás había intentado esconder en la oscuridad. Cristo vino para mostrar que la salvación no es algo que se gana cumpliendo una serie de reglas rígidas, sino “el regalo de Dios, no por obras” (Efesios 2:8, 9), dado por gracia por medio del sacrificio de Jesús. Como nuestra salvación es un regalo de gracia, entonces es por amor que seguimos los lineamientos que Dios el Padre nos ha dado, y trabajamos para construir una relación con él y con su Hijo.
Paz y salvación por medio de la fe (Romanos 5:1, 2)
En Romanos, Pablo constantemente asevera que la salvación se logra por medio de la fe en Cristo Jesús, y no por medio de nuestras propias obras. Los judíos se habían autoconvencido de que contar los pasos que daban durante el sábado, no mezclar materiales en sus vestiduras, estar circuncidados, ser el pueblo elegido de Dios, y otras obras, los harían salvos. Pero en Romanos 5:1, Pablo aclara sus malentendidos al declarar: “En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. La paz a la que se refiere es libertad del pecado, un resultado del sacrificio que Dios hizo al enviar a su Hijo a morir por nuestros pecados. Al confiar y tener fe en los méritos de Cristo y no en los nuestros, nosotros también podemos, “mediante la fe”, tener “acceso a esta gracia” (Romanos 5:2) y asegurar nuestra propia salvación.
El gran ejemplo de la fe de Abraham (Romanos 4:13)
En Romanos 4, Pablo utiliza una historia muy conocida del Antiguo Testamento para ilustrar el valor de la fe. Relata la historia de Abraham, recordando a sus lectores la lucha de Abraham y Sara por tener hijos. A pesar de que Abraham tenía “unos cien años” (Romanos 4:19), y “también estaba muerta la matriz de Sara” (Romanos 4:19) en su edad avanzada, Dios prometió que les daría un hijo, a través de quien surgirían muchas naciones, y llegaría el linaje del Mesías. Muchos se hubieran mofado de esa promesa dada a la edad que tenían, pero Abraham “no vaciló como un incrédulo” y estuvo “plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido” (Romanos 4:20, 21).
Pablo ilustra el poder de tener una fe fuerte e inquebrantable en Dios y de confiar en la habilidad de Dios para cumplir lo que ha prometido. Abraham creyó en el plan del Señor y siguió las instrucciones que le fueron dadas. Confiando en el poder de Dios y no en el suyo, llegó a ser el antepasado del “heredero del mundo” (Romanos 4:13). Dios no le hizo la promesa a Abraham “mediante la ley” (Romanos 4:13) o, en otras palabras, a causa de las obras de Abraham. Más bien, la promesa fue dada mediante “la justicia que se basa en la fe” (Romanos 4:13, DHH), o porque Abraham creyó.

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