Lección 12 | Domingo 17 de diciembre 2017 | La evidencia de la intercesión | Escuela Sabática Joven

DOMINGO 17 DE DICIEMBRE
LA EVIDENCIA DE LA INTERCESIÓN
Evidencia | Hebreos 7:25
Con el furioso conflicto entre el bien y el mal, Dios sabe que los cristianos están expuestos
al pecado mientras vivan en este mundo. Sin embargo, él ha provisto todas las herramientas necesarias para que los cristianos venzan el pecado. Está escrito: “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Romanos 5:20).
Por tanto, no debemos temer. Es más, tenemos un Salvador que siempre está intercediendo por nosotros, para que nuestra salvación pueda ser completa. La tarea de la intercesión, que Cristo lleva a cabo en el cielo, es una de las herramientas que nos ayuda a vencer el pecado. Cuando Adán y Eva pecaron en el jardín del Edén, se abrió una brecha entre Dios y la humanidad. Sin embargo, Dios, por su amor eterno, nos dio otra oportunidad para vivir.
Cristo ahora está entre Dios y nosotros, pidiéndole a Dios por nosotros, para que nos acepte nuevamente. Jesucristo es tanto divino como humano (Juan 1:14); incluso en ese estado, no cometió pecado. Por esto, él está en condiciones de ser nuestro sumo sacerdote, para interceder por nosotros en el trono celestial (Hebreos 8:1). Tradicionalmente, los judíos dependían de sacerdotes humanos como intercesores. Pero la intercesión de sacerdotes humanos no era suficiente para salvar a la humanidad de la pena del pecado. Por ejemplo, la muerte de un sacerdote podía interrumpir o incluso detener el proceso de intercesión.
Para poner las cosas en orden, Dios dio a Cristo para que derramase su sangre como sacrificio de expiación de los pecados (Levítico 17:11). A diferencia de los sacerdotes judíos, Cristo ofrece una evidencia permanente de intercesión. La muerte no tiene poder sobre Cristo para detener la labor de intercesión que él ejerce por nosotros. Con el poder absoluto de la salvación en sus manos, Cristo tiene la autoridad y el poder para protegernos de la muerte eterna.
“Él hace en el cielo lo que sea necesario para obtener gracia y fortaleza para nosotros; obtiene la ayuda que necesitamos contra nuestros enemigos; y es la garantía o seguridad para nosotros de que la ley será honrada, y la justicia y la verdad de Dios se mantendrán, a pesar de que seamos salvos. Es razonable asumir que esto es así, de alguna modo, por la presentación de los méritos de su gran sacrificio, y que esa es la base sobre la cual se obtiene toda esta gracia. Como aquel es infinito, no tenemos por qué temer que alguna vez se agote”.*
Entonces, ¿qué debemos hacer para reclamar nuestra salvación? Es nuestro deber como cristianos aceptar a Cristo como nuestro Salvador. Cuando permitimos que él gobierne nuestras vidas, el Espíritu Santo puede tener una oportunidad para dirigir nuestras vidas y señalarnos el trono de Dios. Quienes aceptan a Cristo hoy y quienes lo aceptaron hace muchos años están en el mismo nivel, porque todos sus pecados son perdonados.
Para pensar y debatir
¿Debemos continuar cometiendo pecados, solo porque tenemos a Cristo como nuestro intercesor? ¿Cuál es la evidencia de que Cristo intercede por nosotros a diario?
Mark Gift, Nairobi, Kenia

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