Lección 11 | Miércoles 13 de diciembre 2017 | No es tu trabajo | Escuela Sabática Joven

MIÉRCOLES 13 DE DICIEMBRE
NO ES TU TRABAJO
Cómo hacer | Romanos 10:1-10
Tener un trabajo es una experiencia gratificante. Puede no ser lo mejor socialmente, pero el dinero que se gana al final ciertamente hace que valga la pena (si te están pagando bien). Tu sueldo muestra que te has ganado tu dinero, ya sea que hayas tenido que estar de pie detrás de una caja registradora, abasteciendo góndolas, esperando para tomar las órdenes de personas o paseando perros más grandes que tú. Tu trabajo, como mínimo, te gratifica con dinero. Esta es nuestra sociedad: nos enseña que el trabajo duro se recompensa, ya sea con buenas notas, becas o ascensos. Nuestra sociedad nos recompensa tanto que hacemos el trabajo por la recompensa.
La mentalidad de nuestra sociedad se ha infiltrado en el cristianismo. Se nos dice que debemos ser perfectos como nuestro Padre en el cielo es perfecto (Mateo 5:48) y que llevemos a cabo nuestra salvación (Filipenses 2:12). Nuevamente, nuestras mentes han hecho de la motivación el objetivo último. Ser perfectos debería motivarnos a ser lo mejor que podamos, en lugar de cargarnos con todos nuestros fracasos. Filipenses 2:13 dice: “Pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad”. Dios ha prometido ayudarnos en todo el camino, así que la salvación no es algo en lo que nos esforzamos como cuando trabajamos por dinero. La salvación se nos da por medio de nuestra fe en Cristo y su sacrificio en la cruz.
Entonces, ¿cómo tengo fe en Jesús? Romanos 10:8 y 9 deja en claro que tiene que ver con tu boca y tu corazón. Colin G. Kruse dice: “Confesar a Jesús como Señor significaba que uno le pertenecía a él y se entregaba a él”.* Debes confesar con tu boca y creer en tu corazón que Cristo se ha levantado de entre los muertos. En la época romana, tenías que jurar lealtad al emperador, así que proclamar públicamente que pertenecías y estabas sometido a Cristo era buscarse problemas.
Nada ha cambiado hoy, porque invitar a Cristo a ser tu Señor significa caminar por la senda angosta y estrecha en un mundo corrompido. La música, los amigos, tu pareja y otras cosas pueden fácilmente volverse tu “señor”. Muchos tienen a estas cosas o personas como su señor, pero la fe en esas cosas no los salvará del pecado. Las buenas nuevas son que Cristo ya te ha salvado, si tan solo aceptas este regalo al vivir una vida de fe. Salvarte a ti mismo no es tu trabajo.
* Colin G. Kruse, Paul’s Letterto the Romans; [La Carta de Pablo a los Romanos] (Grand Raplds, MI: W., B. Eerdmans Publlshlng, 2012), p. 410.
Para pensar y debatir
¿Dice tu vida a otros a quien estás dedicado?
¿Qué cosa en tu vida no te permite tener una devoción total a Cristo? ¿Estás dispuesto a abandonarla?
Daniel Madden, Hamilton, Ontario, Canadá

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