Lección 11 | Domingo 3 de septiembre 2017 | Libertad en Cristo | Escuela Sabática Joven

DOMINGO 3 SEPTIEMBRE
LIBERTAD EN CRISTO
Logos | Lev. 19:18; Rom. 5:5; 6:6,12,14,18; 8:14; 13:8; 1 Cor. 6:20; Gál. 3:10-13; 5:2-13.
El precio de nuestra libertad (1 Cor. 6:20; Gál. 3:13)
Todos tenemos cosas valiosas por las que pagamos un precio tan elevado que las cuidamos muy bien. Por ejemplo, tu smartphone es una cosa valiosa en nuestra era digital. Lo utilizas para enviar mensajes de texto y de audio, y para entretenerte. Gracias a distintas aplicaciones, un smartphone se convierte en un dispositivo multifunción que cumple un cometido muy Importante en tu vida. No obstante, piensa en cómo compraste ese teléfono. Trabajaste y pagaste un precio por él, lo que lo hace muy especial.
Los cristianos fuimos comprados a un precio especial: la sangre de Cristo. Cuando Adán y Eva pecaron en el jardín del Edén, toda la raza humana merecía la muerte como consecuencia (Gén. 2:17). Pero Dios, en su amor infinito por la humanidad, ofreció a su único Hijo para que cargara la pena del pecado, y redimiera a la raza humana y la hiciese justa (Juan 3:16). Esa redención es la base de la libertad cristiana.
Al escribir a los cristianos de Galacia, Pablo da un consejo concreto: aceptar a Cristo en nuestra vida nos da una paz y libertad, que no podemos obtener de ninguna otra fuente. Por tanto, a través de Cristo, podemos decir que formamos parte del Reino de Dios. A cambio de esto, debemos glorificar a Dios en nuestro cuerpo y espíritu, porque ambos le pertenecen a él (1 Cor. 6:20).
La naturaleza de la libertad cristiana (Rom. 6:6; Heb. 2:14,15)
Cuando permitimos que Cristo sea nuestro rey, nuestra vida experimenta una transformación especial. El Espíritu Santo tiene el poder de guiarnos a la libertad que merecemos como hijos de Dios. Como tales, la libertad en Cristo no depende de que nos apoyemos en un conjunto de reglas, sino que prospera cuando podemos aceptarnos como una nueva creación. Cuando Cristo murió, libertó a los cristianos del poder del pecado. Aunque el pecado existe en el mundo en que vivimos, tenemos el poder de resistirlo porque Cristo nos liberó, para convertirnos en esclavos de la justicia (Rom. 6:18).
Pablo les advierte a los cristianos de Galacia que desde que aceptaron a Cristo son una nueva criatura, un nuevo territorio en el que el pecado no puede dominar. Las leyes que gobernaban su vida antigua no pueden usarse en la nueva vida. Ahora están bajo la gracia de Cristo, que otorga verdadera libertad. La Biblia afirma que los hijos de Dios son partícipes de la carne y la sangre de Cristo, lo que les da el poder para vencer al enemigo. La gracia de Cristo es suficiente para rescatar a los cristianos del temor a la muerte, en el que eran esclavos (Heb. 2:14, 15), y para otorgarles verdadera libertad.
Las consecuencias del legalismo (Gál. 5:2-12)
Los legalistas de Galacia pensaron que podían ganarse el favor de Dios con obras. Finalmente se convirtieron en esclavos de la ley que, según ellos, era la base de la salvación. Sin embargo, algunas leyes, como la circuncisión de los judíos, no tenían lugar en la vida de una persona reformada (Gál. 5:6). Quienes quedaron anclados guardando esas leyes, se encontraban en una esclavitud de la que no era fácil salir.
Al aceptar a Jesús en nuestra vida, necesitamos la fe que obra por amor. No podemos ganarnos la salvación observando un conjunto de reglas. La salvación proviene de Dios, cuando aceptamos lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz. No podemos comprarla con algunas buenas obras que creemos que agradarán a Dios. Es hora de que los cristianos que piensan que pueden ganarse el favor de Dios siendo buenos observadores de la ley, se den cuenta de que las obras de la ley no tienen cabida en una nueva creación en Cristo. El legalismo se asegura de que sigas siendo esclavo de la ley. Ser una nueva creación en Cristo te permite experimentar la verdadera libertad en Cristo.

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