Lección 10 | Pablo y la rebelión | Escuela Sabática | Primer trimestre

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Lección 10 | Pablo y la rebelión | Escuela Sabática | Primer trimestre


Lección 10: Para el 5 de marzo de 2016

PABLO Y LA REBELIÓN

Sábado 27 de febrero

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Romanos 5:12-21; 1 Corintios 3:12-17; 12:14-26; Efesios 6:11-17; 1 Corintios 15:12-18.

PARA MEMORIZAR:

“Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria” (1 Cor. 15:54).

EN LOS ESCRITOS DE PABLO abunda el tema del Gran Conflicto, pues creía no solo en la realidad de Satanás, sino también que su obra de engaño y muerte era real. En muchos lugares, Pablo advierte contra las “asechanzas” de Satanás (Efe. 6:11), contra sus grandes engaños (2 Cor. 11:14) y aun contra sus poderes sobrenaturales (2 Tes. 2:9).

Cualquiera que lee a Pablo sabe que el énfasis del apóstol siempre fue Cristo y su victoria final por nosotros. Aunque Satanás tuvo éxito en vencer al pueblo del pacto de Dios a través de los siglos, el diablo fracasó totalmente con Jesús. En Jesús se cumplieron todas las promesas del Pacto, y así se aseguró la salvación para todos los que la reclaman con fe y obediencia. La fidelidad de Cristo asegura la eliminación de Satanás (Heb. 2:14) y el fin del Gran Conflicto.

Esta semana consideraremos algunas imágenes y metáforas que Pablo usó para explicar la realidad de la batalla, y el modo en el que hemos de vivir y de trabajar juntos, como comunidad de creyentes, para el bien de todos.

Domingo 28 de febrero

ADÁN Y JESÚS

Aunque Pablo es mejor conocido por su clara exposición del evangelio, sus explicaciones del Gran Conflicto son también vitales. En medio de su enseñanza de las buenas nuevas, resume sus puntos principales: hemos sido “justificados por la fe” por medio de Jesús (Rom. 5:1); tenemos acceso directo a Dios, “nos gloriamos en la esperanza” (vers. 2); y las tribulaciones ya no nos preocupan (vers. 3-5). También nos promete que, “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (vers. 8), y que ahora somos “salvos” por la vida y la muerte de Cristo en nuestro favor. También somos salvos del juicio final de Dios contra el pecado (vers. 9, 10), y nos regocijamos en que hemos sido reconciliados con él (vers. 11).

Lee Romanos 5:12 al 21. ¿De qué manera se revela el Gran Conflicto en este pasaje?

Tras hablar de lo que Cristo hizo por nosotros, Pablo explica cómo lo hizo. Debido al daño causado por Adán en el jardín, no habría esperanza de un futuro eterno y Satanás sería el triunfador en el Gran Conflicto. Con lo que hizo, Adán trajo la muerte a todos (Rom. 5:12). Aun el dar los Diez Mandamientos en el monte Sinaí no podía detener el problema del pecado y la muerte. La Ley solo clarificó qué era el pecado, pero no era la respuesta al pecado. El problema del pecado y de la muerte solo podría resolverse por medio del sacrificio de Jesús. Jesús pagó la deuda mediante el don lleno de gracia de su propia vida (vers. 15, 16).

Ahora la humanidad puede ser restaurada. Así como la muerte había “reinado” por causa del pecado de Adán, ahora la “abundancia de la gracia” y el “don de la justicia” podían reinar por causa de la fidelidad de Jesús (Rom. 5:17). No es justo que hayamos perdido el paraíso por causa de Adán. No tuvimos parte en su elección equivocada, pero sufrimos las consecuencias de ella. A mismo tiempo, tampoco es justo que recuperemos el Paraíso. No tuvimos nada que ver con lo que Jesús hizo hace dos mil años. Pablo resume su argumento en Romanos 5:18 al 21. El primer Adán trajo condenación y muerte; el segundo trajo reconciliación y vida.

“Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5:8, énfasis añadido). Pon tu propio nombre allí, y reclama esa promesa para ti. ¿Qué esperanza te da?

Lunes 29 de febrero

EL “EDIFICIO” DE LA IGLESIA

“La iglesia de Cristo, por debilitada y defectuosa que sea, es el único objeto en la Tierra al cual él concede su suprema consideración” (ELC 286).

En ninguna parte esta declaración clásica de Elena de White está mejor ilustrada que en la primera carta de Pablo a los Corintios. En 1 Corintios 3, Pablo asemeja la iglesia a un campo en el cual trabajan diversas personas: una persona planta la semilla, otro la riega, pero Dios mismo es responsable por su crecimiento y maduración (1 Cor. 3:4-9).

Pablo continúa su punto, ahora al describir a la iglesia como un edificio. Alguien pone el fundamento y, luego, varios otros edifican sobre él (1 Cor. 3:10). Como el fundamento no es otro que Cristo (vers. 11), los que siguen tienen que ser cuidadosos acerca de qué clase de material usan. El juicio venidero distinguirá entre los “materiales de construcción” inferiores y los adecuados (vers. 12-15).

Lee 1 Corintios 3:12 al 15. Compara esto con Mateo 7:24 al 27. ¿Qué dos cosas revelan de qué lado del Gran Conflicto realmente nos encontramos?

Ahora considera lo que sigue: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Cor. 3:16, 17).

Necesitamos notar dos asuntos. Primero, el contexto: está hablando acerca de la iglesia y de cómo se edifica. El tema principal no es la salud. Dios no destruye a las personas que abusan de sus cuerpos con malas elecciones de estilo de vida; ellos se destruyen a sí mismos. (Más tarde, en 1 Cor. 6:15-20, Pablo sí habla acerca de nuestros cuerpos como templos del Espíritu Santo en relación con nuestras elecciones morales.)

Segundo: en estos dos versículos, el original griego de la palabra vosotros también aparece en plural todas las veces. No se dirige a una persona, sino a un grupo. Así, si alguno hace alguna cosa que puede destruir a la iglesia, esa persona está en serios problemas. Dios advierte que destruirá a la persona que trate de destruir a la iglesia.

¿Cómo puedes estar seguro de que, en todo lo que dices y haces, estás edificando a la iglesia, y no destruyéndola?

Martes 1º de marzo

LA IGLESIA COMO UN CUERPO

Las funciones de la iglesia están claramente delineadas en 1 Corintios 12. Aquí encontramos que la iglesia se asemeja a un cuerpo, donde la función de cada miembro está claramente especificada y ellos operan juntos como un todo armonioso (1 Cor. 12:12).

Lee 1 Corintios 12:14 al 26. ¿Cuál es el mensaje esencial de este pasaje?

Pablo habla de una manera aparentemente ridícula, preguntándose qué pasaría si un pie o una oreja dijeran que no son parte del cuerpo. Luego, va más allá al preguntarse qué sucedería si todo el cuerpo fuera ojo u oído (1 Cor. 12:17). Imagínate una gran oreja abriéndose paso por la habitación, diciéndonos “¡Hola!” Aunque suena ridículo, de hecho ocurre cuando la gente trata de controlar a la iglesia como si fuera de su propiedad.

Previamente, Pablo bosqueja diversas actividades de la iglesia, describiendo cada una como un don del Espíritu Santo. Hay quienes hablan con sabiduría y quienes conocen mucho de las Escrituras (1 Cor. 12:8). Algunos tienen una fe que inspira a todos y otros tienen un toque sanador (vers. 9). Hay obradores de milagros, personas con percepciones proféticas, los que pueden distinguir claramente entre el bien y el mal, y aquellos que pueden atravesar las barreras del lenguaje (vers. 10). Nota que los individuos no son los que deciden cuál es su propia habilidad. En cambio, el Espíritu Santo elige individualmente a cada uno de ellos, para edificar y producir unidad en el cuerpo, la iglesia (vers. 11-13). Pablo repite: Dios es el que decide dónde le corresponde estar a cada miembro (vers. 18).

Sin embargo, lo más importante es que, a pesar de los muchos miembros, hay solo un cuerpo; cada miembro está vitalmente vinculado a todos los demás, aun los que no se consideran a sí mismos como de mucho valor (1 Cor. 12:20-24). Esta interdependencia se manifiesta cuando los dolores y las alegrías son compartidos (vers. 26).

Algunas personas sufren de enfermedades autoinmunes, que son aquellas en las que una parte del cuerpo percibe a otra como enferma y, entonces, se ataca a sí mismo al atacar a esa parte. Estas enfermedades pueden ser debilitantes y, a veces, incluso fatales. Considerando los textos para hoy, ¿cómo trabaja el enemigo para socavar el cuerpo y de qué manera podemos ser usados por Dios para ayudar a detener este ataque?

Miércoles 2 de marzo

LA ARMADURA DE DIOS

La realidad del Gran Conflicto, y que estamos en una batalla literal con un enemigo real (Efe. 6:11), se revela en el uso que hace Pablo de imágenes de la guerra en Efesios 6.

Lee Efesios 6:11 al 17. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca de cuán real y personal es la batalla?

Lo que importa no es qué es cada parte de la armadura, sino más bien qué representa. Nota que Pablo enfatiza que necesitamos tomar toda la armadura, no solo piezas seleccionadas de ella. Al hacerlo, permaneceremos en pie (Efe 6:13), una metáfora que usa la Biblia para describir la inocencia en el juicio (comparar con Sal. 1:5). En otras palabras, seremos victoriosos.

Lo que mantiene a toda la armadura en su lugar es el cinturón, usado como una metáfora de la verdad (Efe. 6:14). Así, la verdad sostiene nuestras defensas espirituales en su lugar. Jesús a menudo habló acerca de la verdad (Juan 1:14, 17; 4:24; 8:32; 14:6). Sigue la coraza de justicia (Efe. 6:14); “justicia” es otra palabra clave en los discursos de Jesús (p. ej., Mat. 5:6, 10; 6:33). En el Antiguo Testamento, la rectitud se entendía como sosteniendo la justicia y asegurando que todos tuvieran un trato justo.

Las sandalias militares (Efe. 6:15) representan el evangelio de paz, expresión tomada de Isaías 52:7, que habla acerca de la gente que camina grandes distancias para que los cautivos sepan que Jerusalén ha sido reconstruida y que Dios ha restaurado la libertad a su pueblo. Es otra manera de decir que parte de la pelea contra el mal es hacer que la gente sepa que Dios ha ganado ya la batalla, y que pueden ahora vivir en paz consigo mismas, con otros y con Dios.

El escudo de la fe (Efe. 6:16) impide que los “dardos de fuego” golpeen el blanco y causen destrucción masiva. El yelmo de salvación (vers. 17) es paralelo con la corona que Jesús comparte con nosotros (Apoc. 1:6; 2:10), y la espada del Espíritu (la Palabra de Dios) es nuestra única arma de autodefensa, para ser usada como Jesús lo hizo cuando fue tentado por el diablo (Mat. 4:4, 7, 10).

¿Qué nos dice el hecho de que la armadura es completa acerca de nuestra total dependencia de Dios en el Gran Conflicto? ¿Cómo podemos asegurarnos de que ninguna parte de nosotros esté sin protección?

Jueves 3 de marzo

EL ÚLTIMO ENEMIGO

Evidentemente, algunos en la iglesia de Corinto estaban confundidos acerca de la resurrección. Pablo explica cuidadosamente su importancia como un elemento clave del evangelio (1 Cor. 15:1-4). Parece que había alguna preocupación acerca de los creyentes muertos (vers. 6) y algunos sugerían que estos no verán el regreso de Jesús (vers. 12). Una situación similar también ocurre en Tesalónica (1 Tes. 4:13-17).

Lee 1 Corintios 15:12 al 18. ¿Qué implica negar la resurrección de los muertos?

Pablo concluye su argumento diciendo que, “si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (1 Cor. 15:19). Por el contrario, Cristo ha realmente resucitado de los muertos, y ha llegado a ser las “primicias de los que durmieron” (vers. 20).

Luego, Pablo compara a Cristo con Adán: “Como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1 Cor. 15:22), y especifica cuándo será esa resurrección general: “en su venida” (vers. 23). Más adelante en el capítulo, sigue con la comparación de los dos “adanes” (vers. 45-49). El primer hombre fue hecho del polvo, pero el Hombre celestial es del cielo; y así, un día, también nosotros seremos como él (vers. 47-49). En una descripción de lo que ocurrirá en la Segunda Venida, se explica lo que esto significa: “se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (vers. 52, 53).

Aunque Adán fue hecho al principio para vivir para siempre, la raza humana pronto se deterioró al punto de vivir solo un tiempo relativamente corto. Si hemos de heredar la vida eterna, seremos hechos para durar para siempre, y eso es lo que recibiremos.

Lee 1 Corintios 15:23 al 26. Aunque estamos inmersos ahora en el Gran Conflicto, y aunque la muerte, el mal y las fuerzas impías parecen dominar al mundo, ¿qué nos dicen estos versículos sobre el final del Gran Conflicto? ¿Cómo podemos aprender a mirar más allá de lo que vemos y captar lo que estas promesas significan para cada uno de nosotros, personalmente?

Viernes 4 de marzo

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: “No solo el hombre sino la Tierra, por el pecado, también ha llegado a estar bajo el control del impío, y había de ser restaurada por el plan de la redención. En su creación, Adán fue puesto para dominar sobre la Tierra. Pero, al ceder a la tentación, fue puesto bajo el poder de Satanás y el dominio que tenía pasó a su conquistador. De este modo, Satanás ha llegado a ser ‘el príncipe de este mundo’. Él usurpó el dominio sobre la Tierra que había sido dado originalmente a Adán. Pero Cristo, al pagar la penalidad del pecado por su sacrificio, no solo redimió al hombre, sino también recuperó el dominio que este había abandonado. Todo lo que el primer Adán había perdido es restaurado por el segundo” (ST, 4 de noviembre de 1908). Aunque es muy fácil olvidarlo al mirar el mundo que nos rodea, la verdad vital es que Satanás fue derrotado y que “tiene poco tiempo” (Apoc. 12:12). El mal, la muerte y el sufrimiento prevalecen en este mundo, aunque se nos promete que, por causa de lo que Cristo ha hecho, todo esto será erradicado. Además, si no es claro todavía, debería serlo: el mal no será eliminado por algo que los humanos hacemos a menos que destruyamos completamente la Tierra y toda la vida en ella (lo que sería probable si se nos diera el tiempo suficiente y Dios no nos retuviera). Solo la intervención sobrenatural de Dios traerá los cambios prometidos. Nosotros no podemos resolver este problema.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. “Debilitada y defectuosa, necesitada de advertencias y consejos constantes, no obstante la iglesia es el objeto de la suprema consideración de Cristo. Él está haciendo experimentos de gracia en los corazones humanos y está efectuando transformaciones de carácter que asombran a los ángeles, quienes expresan su gozo con cantos de alabanza. Se alegran al pensar que los seres humanos pecaminosos y descarriados pueden ser transformados así” (RH, 20 de enero de 1903). ¿Cuáles son algunas maneras en que somos transformados por lo que Jesús hace por nosotros y en nosotros?

  2. ¿De qué forma el Gran Conflicto se desarrolla dentro de la iglesia tanto en el ámbito local como en el mundial? ¿Cuáles son los problemas que nos dividen o debilitan, y nos impiden hacer la obra que se nos ha llamado a hacer? ¿De qué modo podemos traer sanidad y unidad cuando la gente no se pone de acuerdo en algunos puntos esenciales?

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