Lección 10 | Martes 5 de diciembre 2017 | Misterios | Escuela Sabática

Martes 5 de diciembre
MISTERIOS
“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isa. 55:8, 9).
Lee Romanos 9:17 al 24. Según lo que hemos leído hasta ahora, ¿de qué manera debemos entender el planteamiento de Pablo?
Al enfrentar a Egipto en el momento del Éxodo de la manera en que lo hizo, Dios estaba obrando en favor de la salvación de la raza humana. Dios planificó revelarse a los egipcios (al igual que a las demás naciones) en las plagas de Egipto y en la liberación de su pueblo para poner de manifiesto que el Dios de Israel era el Dios verdadero. Fue concebido como una invitación para que los pueblos de las naciones abandonaran sus dioses y lo adoraran.
Obviamente, Faraón ya había tomado su decisión en contra de Dios, de modo que al endurecer su corazón Dios no le estaba quitando la oportunidad de la salvación. El endurecimiento era en contra de la petición de dejar ir a Israel, no en contra del llamado de Dios para que Faraón aceptara la salvación personal. Cristo murió por Faraón, al igual que por Moisés, Aarón y el resto de los hijos de Israel.
La cuestión fundamental en todo esto es que como seres humanos caídos tenemos una visión muy estrecha del mundo, de la realidad, de Dios y de cómo él obra en el mundo. ¿Cómo podemos esperar comprender todos los caminos de Dios cuando el mundo natural, todo a nuestro alrededor, contiene misterios que no podemos entender? Por ejemplo, ¡hace solo 171 años que los médicos se dieron cuenta de que sería una buena idea lavarse las manos antes de realizar una cirugía! Esto demuestra cuán inmersos en la ignorancia hemos estado. Y ¿quién sabe, si el tiempo perdura, qué otras cosas descubriremos en el futuro que revelarán cuán inmersos en la ignorancia estamos hoy?
Sin duda, no siempre entendemos los caminos de Dios, pero Jesús vino a revelarnos cómo es Dios (Juan 14:9). ¿Por qué, entonces, en medio de todos los misterios de la vida y de los acontecimientos inesperados, es tan importante que meditemos en el carácter de Cristo, y en lo que nos ha revelado acerca de Dios y de su amor por nosotros? ¿De qué manera el hecho de saber cómo es el carácter de Dios nos ayuda a permanecer fieles en medio de las pruebas que parecen tan injustas?

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