Lección 10 | Domingo 27 de agosto 2017 | ¡Échala de aquí! | Escuela Sabática | Lección Joven

DOMINGO 27 AGOSTO
¡ÉCHALA DE AQUÍ!
Evidencia | Gál. 4:22-31
Si Pablo pudiera haberle escrito una carta a Agar, quizá le habría dado la carta a los Gálatas. Su historia es un compendio de las iglesias de Galacia, de la Jerusalén rechazada, de las religiones basadas en las obras: y, a veces, de nosotros mismos…
A través de su matrimonio con Abraham, Agar fue liberada. Su hijo podría llamar “padre” a Abraham por la gracia que le había sido dada a ella. Y así sería un hijo, y heredero de las bendiciones materiales y espirituales que Dios había prometido.
Pero en lugar de mantenerse firme en su libertad, la usó como una forma de servir a la carne, de odiar, competir y luchar con Sara, en lugar de servirla con amor (Gál. 5:13; 19- 21). Agar volvió a enredarse con el yugo de la esclavitud; y como Onésimo, de la Epístola a Filemón, ella trató de escapar.
Pero ¿era realmente libre? Cansada, sin hogar, errante, hambrienta… Esta fugitiva estaba peor que si hubiese estado encadenada. Entonces se encontró cara a cara con Jesús. Impactada ante tal manifestación de gracia, Agar preguntó: “¿De verdad he visto a Aquel que me ve?” (Gén. 16:13, NTV). Como Pablo, como Juan y como nosotros hoy, fue a través de esa revelación del Redentor que conoció el verdadero evangelio (Gál. 1:12). Cuando se encontró con Jesús nació de nuevo, para dejar de caminar según la carne y comenzar a vivir según el Espíritu (Gál. 5:24-26).
Pero, así como los gálatas, ante cuyos ojos se había presentado Jesucristo, Agar transgredió, pero volvió a construir las cosas que había destruido (Gál. 2:18). Se había convertido en una nueva criatura: sumisa, confiada y obediente. Pero cuando nació Isaac, se volvieron a levantar los deseos que había enterrado junto a aquel pozo. Ella y su hijo persiguieron a aquel que había nacido según el Espíritu (4:29).
Aunque Dios los conocía y eran favorecidos por él, Agar e Ismael volvieron a ser débiles y miserables, provocando y envidiando a Isaac (4:29; 5:26). “Los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (5:21). Así, se pronuncia el veredicto: “¡Echa de aquí a la esclava y a su hijo! El hijo de la esclava jamás tendrá parte en la herencia con el hijo de la libre” (4:30).
Para pensar y debatir
Lee Gálatas 4:22 al 31. ¿Por qué Pablo dice que esta historia es una alegoría? ¿Qué se supone que debe enseñarnos?
Lee Isaías 19:18 al 25. Piensa en lo que podría haber sido Agar, si se hubiese mantenido firme en su libertad. ¿De qué manera nosotros desperdiciamos la libertad que tenemos en Cristo?
GabrielleA. Baker, Gassaway, Virginia occidental, EE.UU.

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