Lección 1 | La creación y la caída | Escuela Sabática Joven | 4to. Trimestre 2018

LECCIÓN 1 – DEL 29 DE SEPTIEMBRE AL 5 DE OCTUBRE

LA CREACION Y LA CAIDA

“Y [Dios] lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Gén. 15:5,6, RVR)

SÁBADO 29 SEPTIEMBRE

UNIDAD CON UN PROPÓSITO

Introducción: Gén. 1:26

En el comienzo mismo de todo, Dios introdujo la mayordomía mediante el sábado, y trajo así la verdadera unidad. La Trinidad estaba unida, como vemos en la Biblia: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza” (Gén. 1:26). Estaban unidos al crear el mundo. En ese momento, la historia comenzó para Adán y Eva. Dios los unió en una familia. Incluso los animales fueron creados en parejas para que pudieran estar unidos dentro de la misma especie.

Ahora, todas estas cosas fueron creadas para bien. Pero ¿se puede usar la unidad también para mal? Después de la Caída, seres humanos pecadores trabajaron juntos para construir una torre muy alta, la torre de Babel, en el intento de hacerse poderosos y no ser eliminados por otro diluvio (luego del gran Diluvio enviado por Dios). Dios vio que esta unidad era muy fuerte y dijo: “Todos forman un solo pueblo y hablan un solo idioma; esto es solo el comienzo de sus obras, y todo lo que se propongan lo podrán lograr” (Gén. 11:6). Así que, bajó a la Tierra para confundir su idioma y que no pudieran continuar con la construcción de la torre Babel. Entonces, ya sea con un propósito bueno o malo, hay fuerza en la unidad.

Aunque la unidad se pueda usar para propósitos nefastos, esta lección se concentra en ejemplos de verdadera unidad, bíblica y consagrada. Después de todo, vemos que Dios, ya desde nuestros propios orígenes, creó a la humanidad con un propósito unificado. La unidad de Adán y Eva fue una ilustración de la unidad que puede encontrarse en Cristo. Jesús dijo: “Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella” (Efe. 5:25). Y así “Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo” (vers. 23). La unidad cristiana no es simplemente una sugerencia, es un imperativo fundamental para la vida cristiana.

La iglesia fue creada con un propósito. Leemos en 1 Pedro 2:9: “Ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable”. Durante la lección de esta semana, recordemos que Dios tiene un propósito divino para la iglesia de Cristo.

DOMINGO 30 SEPTIEMBRE

REUNÁMONOS

Logos: Gén. 1:26-3:24; Gál. 5:6-22; 1 Juan 4:7-16 – NIDOS EN UNO (JUAN 17:23)

¿Qué se te viene a la mente cuando escuchas la palabra “iglesia”? Quizá piensas en un edificio como al que concurres los sábados para cantar, escuchar una predicación o ver amigos. En nuestra sociedad, es fácil pensar que la iglesia es un evento o un edificio, pero la iglesia primitiva lo entendía como una forma de vida.

Para los primeros creyentes, la iglesia era algo que sucedía cada vez que se reunían (básicamente, todo el tiempo). Cada día se reunían para adorar, o para comer, aprender, compartir y orar. Sus vidas estaban dedicadas a Dios y a su iglesia y, debido a eso, sucedieron grandes cosas. ¡Los no creyentes observaron el amor que se tenían unos a otros, y quisieron formar parte de ello! Mientras Jesús estuvo en la Tierra, oró para que sus seguidores estuvieran unidos, para que el mundo pudiera conocer el amor de Dios (Juan 17:23); y por medio de su iglesia primitiva, sus oraciones fueron contestadas.

DOS CONEXIONES: EL AMOR DE DIOS POR NOSOTROS Y NUESTRO AMOR POR LOS DEMÁS

¿Cuál es la relación entre el amor de Dios por nosotros y nuestro amor por otros? A veces, no podemos evitar preguntarnos: ¿Por qué debo amar a los demás?, ¿incluso cuando no me quieren? ¿Realmente me ama Dios?, ¿aun cuando me siento rechazado e indeseado?, ¿cuando mi vida es un desastre?

Hay dos respuestas en la Carta a los Gálatas. La primera respuesta es el Espíritu Santo (Gál. 5:13-16,22) y la otra es la fe (Gál. 5:6).

Entonces, vivir por el Espíritu es la manera de no mordernos ni devorarnos unos a otros, sino servirnos unos a otros en amor. En Gálatas 5:6, la fe que nos conecta con Jesús y recibe de él la justificación es “la fe que actúa mediante el amor”. En otras palabras, la fe prueba que nuestro amor no es algo que nos haga merecedores de la salvación; y el amor prueba que tenemos la fe que recibe la salvación.

Porque Dios nos amó, nos creó a su imagen para gobernar sobre todos los seres vivos, y todo era muy bueno (Gén. 1:26,28,31). Pero, desde que el pecado entró en este mundo, se cortó la conexión entre Dios y su pueblo.

¿CÓMO FUNCIONA ESTA CONEXIÓN? (GÁL. 5:22)

Debemos andar guiados por el Espíritu, porque es él quien produce humildad, pureza, contentamiento, fe, buenas obras; quien te hace diferente del mundo y te separa del pecado. El Espíritu es quien nos da amor, nos ilumina, nos da sabiduría y nos hace conocer la verdad.

La fe es el primer paso en la vida cristiana y es también su posgrado. El Espíritu Santo es el maestro y el Dador de poder. Nunca nos graduamos, siempre necesitamos de la fe y del Espíritu; los dos van de la mano. La fe es el canal, el conducto que nos lleva al Espíritu. El amor es el fruto del Espíritu y de la fe. Dios nos da el Espíritu Santo, y lo hace mediante la fe. Y el amor es el fruto del Espíritu recibido por fe (Gál. 5:22).

El amor de Cristo es un terreno profundamente fértil en el cual somos plantados; el Espíritu Santo es la vasija que derrama amor en nuestra vida y la fe es la raíz que nos aferra al terreno.

¿CÓMO UNIRNOS MÁS Y MÁS A DIOS? (1 JUAN 4:7. 8,16)

Dios quiere que tengamos una relación con él y, en nuestro corazón, nosotros también anhelamos tener una relación con él. Él quiere que mostremos al mundo qué es el amor verdadero y cuál es el propósito de la vida.

Encontramos en 1 Juan 4:7,8 y 16 que Dios es amor. El amor proviene de Dios, él es la fuente del amor. Como la electricidad que recorre los cables, el amor viene de Dios a nosotros y, luego, fluye desde nosotros hasta otros en la comunidad. Cuando Juan dice: “Amémonos los unos a los otros”, nos está animando a permitir que el amor de Dios fluya a través de nosotros. Como Dios es amor, el amor debe caracterizar a quienes dicen haber nacido de Dios o conocer a Dios (1 Juan 4:7; 3:10-14; 4:20, 21). Aquellos que dicen estar haciendo la voluntad de Dios, y ser representantes de lo que Dios hace en el mundo, serán conocidos por el amor que tienen hacia Dios y hacia los demás. Esto fue lo que Jesús mencionó a sus discípulos (Juan 13:35).

Dios desea que nosotros, como sus seguidores, permanezcamos centrados en Jesús, y no en las pequeñas cosas que nos dividen. Nos quiere unidos en amor, desea que usemos los dones que nos dio para ayudarnos unos a otros y servir al mundo doliente que nos rodea. Pero, aún más importante, la primera Carta a los Corintios nos recuerda que Jesús es la esencia fundamental. Una vez que conocemos a Jesús y nos entregamos completamente a él, nuestra vida es trasformada permanentemente (lee Col. 3). El pasado, el presente, el futuro y nuestra identidad giran en torno a la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Si tenemos eso en claro, todo lo demás encajará perfectamente.

PARA PENSAR Y DEBATIR

¿De qué manera la iglesia puede mantenernos unidos?

¿Qué significa vivir en el Espíritu?

¿Cómo podemos entregarnos por completo a Jesús?

LUNES 1 OCTUBRE

UNA CADENA DORADA DE AMOR

Testimonio: Juan 13:34-35; 17:23-26; Efe. 4:15-16

“Nuestro Padre celestial es un Dios de paz. Cuando creó al hombre lo puso en una morada de paz y seguridad. Todo era unidad y felicidad en el Jardín del Edén”.1 Pero cuando la humanidad cayó de la gracia, esta unidad se arruinó y las personas quedaron atrapadas en pecado.

No toda esperanza estaba perdida. “Mientras así se recuerda la humillación del Salvador por nosotros […] la mente queda vivificada para quebrantar toda barrera que ha causado alienación. Se ponen a un lado las palabras y los pensamientos malos. Se confiesan y perdonan los pecados. La subyugadora gracia de Cristo entra en el alma, y el amor de Cristo acerca a los corazones unos a otros en bienaventurada unidad”.2

“Si se cultiva verdaderamente este amor, lo finito se unirá con lo infinito, y todo se centrará en el Infinito. La humanidad se unirá con la humanidad, y toda se unirá con el corazón del Amor Infinito. […] La cadena dorada del amor, que une los corazones de los creyentes en unidad, con vínculos de amistad y de amor, y en unidad con Cristo y el Padre, realiza la perfecta conexión”.3

“La unión hace la fuerza. La desunión causa debilidad. Trabajando juntos y con armonía por la salvación de los hombres, debemos ser en verdad ‘colaboradores de Dios’. Los que se niegan a trabajar en armonía con los demás deshonran a Dios. El enemigo de las almas se regocija cuando ve a ciertos hermanos contrariándose unos a otros en su trabajo. Los tales necesitan cultivar el amor fraternal y la ternura en su corazón”,4 para volver a lograr la unidad perdida.

Esta unidad “no nos exige que abandonemos nuestro carácter o nuestra identidad, sino que nos adaptemos, en la medida de lo posible, a los sentimientos y las maneras de los demás. Muchas personas serán traídas a la unidad de la fe aunque sus opiniones, sus hábitos y sus gustos en cuestiones temporales no estén en armonía; pero si el amor de Cristo brilla en su pecho y buscan su hogar en el mismo cielo, podrán llegar a tener la comunión más dulce y la unidad más maravillosa’.5

“Cuando el pueblo de Dios crea sin reservas en la oración de Cristo y ponga sus instrucciones en práctica en la vida diaria, habrá unidad de acción en nuestras filas. Un hermano se sentirá unido al otro por las cadenas del amor de Cristo. Solo el Espíritu de Dios puede realizar esta unidad. El que se santificó a sí mismo puede santificar a sus discípulos. Unidos con él, estarán unidos unos a otros en la fe más santa. Cuando luchemos para obtener esta unidad como Dios desea que lo hagamos, nos será concedida.

MARTES 2 OCTUBRE

LA SIMIENTE DE ABRAHAM

Evidencia» Gén.15:5,6

Pablo declara en Gálatas 3:29: “Si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa”. Al conectarnos con Dios, nos volvemos descendientes espirituales de Abraham. Por lo tanto, para permanecer como herederos suyos y reclamar nuestra herencia (el Reino de Dios y la vida eterna), tenemos que continuar formando parte de la familia de Dios. Por eso es tan importante estar unidos a la “familia”.

En el texto griego, el versículo dice, textualmente, que somos “simiente de Abraham”. ¿Qué significa esta metáfora? Una simiente es una semilla, o la carga genética de un hombre. La simiente es el vínculo entre una generación de vida y la otra. Lleva las características de ADN (tanto las buenas como las aberraciones) de una generación a la siguiente. Como descendientes de Abraham, ¿qué heredamos de nuestros antepasados espirituales y qué transmitimos a la siguiente generación? Necesitamos responder esta importante pregunta, tanto de manera individual como colectivamente. Es más, una semilla en el reino vegetal no solo une una generación a la siguiente, sino también preserva la vida cuando las condiciones son extremas. Será un estudio interesante en sí mismo investigar sobre cómo las generaciones de adventistas han preservado la “verdad” en su misma forma sin diluirla, incluso en condiciones hostiles. Por último, el propósito principal de una semilla es la propagación. ¡Una sola semilla puede generar y poblar un bosque entero! Los árboles en el bosque pueden ser, potencialmente, tan numerosos como las estrellas del cielo.

¿Puede corromperse la semilla de Abraham? La fecundación cruzada del “linaje puro de Abraham’ con un “linaje impuro” ¡ciertamente puede lastimar y corromper! ¡Este es el comienzo de la desunión! Cualquier intento de traer ideas, enseñanzas y prácticas ajenas a la iglesia de Dios, y fusionarlas con la verdad presente, es alterar el linaje puro de Abraham y se lo puede considerar una forma de corromper su simiente. Esto tiene implicaciones muy serias, con consecuencias para las próximas generaciones.

Esta promesa sagrada (Gál. 3:29), hecha a Abraham, trajo a la existencia el linaje de Jesucristo mismo y su novia, la iglesia. La fe de Abraham une generaciones de creyentes para finalizar el plan de salvación. Además, nuestra fe en Jesús y en su pronto regreso es lo que une al pueblo de Dios no solo entre sí, sino también con el Señor mismo. Dios trabaja mediante personas para restaurar la unidad, esa unidad que fue dañada una vez por la tragedia del pecado. El plan original de Dios para la humanidad era que viviéramos como una familia. Después de la Caída, la restauración del plan original de unidad llegó a ser el objetivo más importante. Somos el pueblo escogido, somos la seguid de Dios. La palabra hebrea seguía era el término utilizado para describir a Israel, y significa “Posesión atesorada’. Como seguía de Dios, tenemos el encargo de permanecer unidos mutuamente como la familia de Dios en la Tierra. Solo entonces podremos decir que somos “la simiente de Abraham”.

MIÉRCOLES 3 OCTUBRE

UNIDAD EN CRISTO

Cómo hacer: Juan 17; Fil. 2:3; 1 Cor. 12:27; Efe. 4:2,3

Jesús tenía un plan para los cristianos: la unidad en Cristo. En Juan 17, Jesús ora antes de su crucifixión. El versículo 11 declara: “Ya no voy a estar por más tiempo en el mundo, pero ellos están todavía en el mundo, y yo vuelvo a ti. Padre santo, protégelos con el poder de tu nombre, el nombre que me diste, para que sean uno, lo mismo que nosotros”. Sí, el “ellos” que se menciona aquí se refiere a los discípulos, pero esta oración no es solamente por los discípulos. Jesús continúa su oración, diciendo: “No ruego solo por estos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos” (Juan 17:20). Jesús anhela que todos los que creen en él. sin importar de qué generación, etnia, género o edad sean, estén unidos en la fe.

Dos detalles importantes nos acercan a la unidad:

Poner a Dios y a su Palabra en el centro de la vida. Un gran obstáculo que encontramos los cristianos es la tentación que proviene de nuestros deseos pecaminosos. Cegados por nuestra codicia, tendemos a correr detrás de nuestros deseos, en vez de buscar a Dios y depender de él. Con el tiempo, nos alejamos de Dios. Nuestras prioridades pasan a enfocarse en nuestras posesiones terrenas y físicas, y perdemos la fe en Dios.

Pero ¿cómo puede esto unificar nuestros pensamientos y mentes en Dios? Para evitar eso, siempre tenemos que recordar poner a Dios y sus palabras en el centro, y permanecer dentro de la protección y la bendición de Dios. La Biblia dice: “No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos” (Fil. 2:3).

Priorizara Dios como nuestro Guía: Está escrito en la Biblia: “Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro de ese cuerpo” (1 Cor. 12:27). Para funcionar adecuadamente como un cuerpo unido en Cristo, cada una de las partes debe unirse, y eso se logra al ser semejantes a él. Cuando Dios creó a la humanidad, la hizo a su imagen y semejanza. Por tanto, Dios es la guía que todos debemos seguir: “Siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz” (Efe. 4:2,3). Cuando seguimos a Dios como nuestro Guía, podemos funcionar adecuadamente, en unidad, como el cuerpo de Cristo.

PARA PENSAR Y DEBATIR

El amor es el vínculo que une un grupo de personas únicas. ¿Hay un ejemplo de esto en nuestra vida diaria, fuera del amor y la unidad que encontramos en la iglesia?

¿De qué modo intentarías, individualmente, restaurar la unidad de la iglesia si el amor que la une estuviera lleno de egoísmo y orgullo?

JUEVES 4 OCTUBRE

TODOS PARA UNO Y UNO PARA TODOS

Opinión: Efe. 4:2

En la mayoría de los hogares, iglesias o, incluso, países cristianos, la autoridad es un tema que produce caos y desunión. No todos están siempre contentos con los líderes de turno, y eso genera peleas y discusiones. Los niños se rebelan contra la autoridad de los padres. Los directivos de la iglesia local se agitan en contra de otros líderes en niveles superiores de dirigencia. Los ciudadanos se levantan contra las autoridades de la nación.

Las repercusiones de las elecciones presidenciales de Kenia en 2007-2008 quedaron grabadas como una historia desafortunada de liderazgo nacional. El país entró en caos luego de que se anunciaron los resultados. Todo comenzó cuando los dos principales grupos étnicos comenzaron a destruir propiedades y a matarse unos a otros. Otras tribus se unieron a su grupo étnico preferido y el caos llegó a nivel nacional. Fue una carnicería: matar, mutilar, quemar. Todos tuvieron que huir por sus vidas. Se incendiaron casas, destruyeron iglesias, derrumbaron edificios; y se perdió una enorme cantidad de vidas. Fue una calamidad nacional. El gobierno declaró un estado de emergencia.

Después de la pelea, la gente se dio cuenta de que podría haber manejado mejor la situación. Pero el daño ya estaba hecho. No había vuelta atrás… Lo que había sucedido ya había sucedido. Trabajar juntos habría sido la mejor solución. Los líderes podrían haber hecho lugar para el diálogo y los ciudadanos podrían haber aprovechado la oportunidad para compartir sus frustraciones. No habría sucedido la calamidad y la masacre que siguieron. Llegó a ser cierto el dicho: “Juntos permanecemos, y unidos caemos”.

En general, lo que sucede en el marco social o político influye en el círculo religioso. La iglesia corre el riesgo de ser influenciada negativamente si los miembros no abren sus corazones a la influencia del Espíritu Santo. Ser cristiano significa renovar la mente con la Palabra de Dios para tener la mente de Cristo (Rom. 12:1, 2; Efe. 4:17,18). Por lo tanto, el apóstol Pablo encomendó a los miembros de la iglesia de Filipos: “Llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento. […] La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús’ (Fil. 2:2,5).

Cuando los miembros de iglesia han aprendido a amarse unos a otros, entonces pueden obedecer al siguiente mandato: “Obedezcan a sus dirigentes y sométanse a ellos, pues cuidan de ustedes como quienes tienen que rendir cuentas. Obedézcanlos, a fin de que ellos cumplan su tarea con alegría y sin quejarse’ (Heb. 13:17).

El amor es la base de la buena unidad. La unidad en sí misma es neutral: es algo bueno o malo, dependiendo de para qué se la utilice. Así que, si los fariseos y los saduceos se unen en su desprecio hacia Jesús, esta no es una buena unidad. Pero si Pablo y Silas se unen y alaban a Dios en la prisión (Hech. 16:25), esta es una unidad buena.

La unidad es absolutamente esencial porque la iglesia es el “cuerpo de Cristo” (1 Cor. 12:27), y un cuerpo no puede estar en desunión o discordia consigo mismo. Si ocurre la desunión deja, básicamente, de ser un cuerpo y se convierte en un grupo inconexo de individuos.

Siempre recuerda que “juntos permanecemos, y unidos caemos”. Nadie es una isla.

VIERNES 5 OCTUBRE

UNO EN ÉL

Explora: Deut. 7:6,11

EN RESUMEN

A veces, es fácil que los seres humanos nos sintamos solos: y nos puede parecer que no formamos parte de ningún grupo. En tales momentos, deberíamos recordar que nunca estamos solos: somos parte de una familia, una familia con una misión de llevar la “simiente- de Abraham. La familia comienza en nuestra vida personal y continúa en la iglesia. Los seres humanos son fuertes cuando están unidos con un propósito. Imagina cuánto más fuertes seríamos espiritualmente si permitiéramos que Dios trabajara cada día en nuestra vida. Él extiende a todos su invitación de misericordia y salvación. Está en nosotros aceptarla. ¿Permitiremos a Dios trabajar en nuestra vida, a fin de que también nosotros podamos ayudar a invitar a otros a conocer a Jesús? Más que nunca antes, los seguidores de Jesús debemos buscarlo a él, porque somos “un pueblo santo […], su tesoro especial” (Deut. 7:6, NTV). Elijamos ser uno en Jesucristo.

ACTIVIDADES SUGERIDAS

» Escucha “Lado a lado”, de Heritage Singers, que nos invita a permanecer como uno, dondequiera que Jesús nos guíe, especialmente hacia nuestro destino final, que es el cielo. » Perdona a alguien que te haya agraviado en el pasado: si es posible, ora con esa persona para que puedan ser uno en Cristo.

» Escribe un poema o una canción que hable sobre estar unidos en Cristo.

» Organiza un retiro espiritual o una semana de oración para los hermanos de tu iglesia, cuya temática sea la unidad en Cristo.

» Piensa en dos o tres historias de la Biblia que hablen de la unidad. Escribe un corto resumen que resalte las partes de la historia que se centran en la unidad, cómo los distintos personajes aprendieron sobre la unidad y de qué modo puedes aplicar en tu propia vida lo aprendido.

» Ora por la unidad en tu hogar, tu iglesia local y la iglesia mundial. Especialmente, ora sobre cómo Dios puede querer trabajar en tu vida para ayudarte a ser una influencia que cree unidad cristiana.

LECTURA ADICIONAL

Juan 17:23: Efesios 4.

Elena de Whlte, Nuestra elevada vocación, p. 171.

Creencias de los adventistas del séptimo día, cap. 14 (“La unidad en el cuerpo de Cristo”).

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