Lección 1 | Jueves 5 de octubre 2017 | Hacer amigos y enemigos | Escuela Sabática Joven

JUEVES 5 OCTUBRE
HACER AMIGOS Y ENEMIGOS
Opinión | Hech. 28:16
Pablo anhelaba visitar Roma y compartir allí el evangelio de salvación. Lamentablemente -a los ojos humanos-, llegó a Roma como prisionero, con una guardia permanente. En tales condiciones, muchas personas se habrían puesto nerviosas, ociosas, y habrían dejado sus mentes abiertas al autor del pecado. Informes no confirmados revelan que muchos prisioneros cometen más crímenes mientras están en prisión. Engañan y estafan a ciudadanos libres, hostigan a otros prisioneros y cometen todo tipo de conductas indebidas.
Pablo estuvo en arresto domiciliario por más de dos años, pero utilizó su tiempo sabiamente. Para cuando llegó a Roma, el cristianismo ya era considerado una “secta” (Hech. 28:22). En cada región de Roma, se hablaba en contra del cristianismo. No obstante, a los ojos de Dios, la ciudad estaba lista para la cosecha. Pronto surgirían creyentes, santos e iglesias.
Pablo usó su tiempo en la prisión para una causa llena de gracia. Primero, evangelizó a todo aquel que acudía a él (Hech. 28:30, 31). Cuando permitimos que Dios nos use, él puede lograr lo mejor de nosotros en las peores situaciones. Pablo se aseguró de que quienes acudían a él se fueran con algo nuevo en cuanto al cristianismo y a Dios.
En segundo lugar, Pablo usó el ambiente tranquilo, alejado de cualquier distracción, para escribir la mayor parte de las epístolas del Nuevo Testamento. Los libros de Filipenses, Efesios, Colosenses y Filemón son producto del tiempo que Pablo pasó en Roma. Seguir a Cristo requiere que practiquemos la abnegación. Pablo hizo enemigos y amigos en igual medida. Muchas veces enfrentó juicios antes reyes y emperadores, la mayoría de los cuales estaban en contra de él y su obra.
Cuando Pablo llegó a Roma, esta dudad dominaba el mundo. Era el centro de los negocios, la política y el poder militar. Pablo se encontró en medio de una ciudad tanto exigente como sedienta de la palabra de Dios. Consecuentemente, tenía que cumplir con su objetivo. Está escrito: “Señalaron un día para reunirse con Pablo, y acudieron en mayor número a la casa donde estaba alojado. Desde la mañana hasta la tarde estuvo explicándoles y testificándoles acerca del reino de Dios y tratando de convencerlos respecto a Jesús, partiendo de la ley de Moisés y de los profetas” (Hech. 28:23).
Aunque Pablo llegó a Roma encadenado, hizo su parte como misionero. Hoy quizá no estemos encadenados o detrás de barrotes; no obstante, los desafíos que Pablo enfrentó, las tribulaciones por las que atravesó y los pasos que tomó para cumplir con sus objetivos continúan enseñándonos mucho sobre la obra misionera individual y también de toda la iglesia.

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