Lección 1 | Domingo 31 de diciembre 2017 | El Dios de este mundo | Escuela Sabática

Domingo 31 de diciembre
EL DIOS DE ESTE MUNDO
El dinero se ha convertido en el dios de este mundo, y el materialismo es su religión. El materialismo es un sistema sofisticado e insidioso que ofrece seguridad temporal, pero no la máxima seguridad.
Caemos en el materialismo, como lo definimos aquí, cuando el deseo de riquezas y posesiones se vuelve más importante y más preciado que las realidades espirituales. Las posesiones pueden tener valor, pero estas no deben posesionarse de nosotros: “Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente” (Ecl. 5:10, NVI). Ese es el problema con desear las cosas de este mundo: no importa cuánto tengamos, nunca es suficiente; cada vez nos esforzamos más, pero nunca podrá satisfacernos. ¡Hablando de trampas!
Lee 1 Juan 2:16 y 17. ¿Qué nos dice este texto acerca de lo que realmente importa?
Lee Lucas 14:26 al 3 3 . ¿Qué nos dice Jesús que es de suprema importancia para el cristiano?
Tal vez podría expresarse de este modo: cuando el dinero, o el deseo de dinero, se convierte en una realidad arrolladora, sin duda se debería medir el costo. “Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mar. 8:36).
“Cuando Cristo vino a la tierra, la humanidad parecía m uy próxima a llegar a su más bajo nivel. El mismo cimiento de la sociedad estaba minado. La vida había llegado a ser falsa y artificial. […] En el mundo, todos los sistemas religiosos perdían su influencia sobre la mente y el alma. Hartos de fábulas y mentiras, y deseosos de ahogar su pensamiento, los hombres se volvieron hacia la incredulidad y el materialismo. Al excluir de sus cálculos la eternidad, vivían para el presente” (Ed 74, 75).
¿Gente atraída por la incredulidad y el materialismo, y que vive solo para el presente? ¿Te resulta conocido?
¿A quién no le gusta poseer cosas? La pregunta es: ¿De qué modo podemos saber si las cosas que poseemos, aunque no sean muchas, se posesionan de nosotros? ¿Quién es el único que debería poseernos, y cómo podemos estar seguros de que le pertenecemos?

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