Joven | Martes 4 de julio 2017 | Obedecer es mejor que los sacrificios | Escuela Sabática

MARTES 4 JULIO

OBEDECER ES MEJOR QUE LOS SACRIFICIOS

Testimonio 11 Sam. 15:22; Ose. 6:6; Mar. 12:33; Luc. 11:42; Gal. 1:10

Saúl oyó la voz de Dios: él debía destruir a los amalecitas por completo, sin conservar botín de guerra. Pero, en lugar de eso, preservó lo mejor de las ovejas y el ganado “para ofrecerlas […] al Señor tu Dios” (1 Sam. 15:21).

Esto puede parecer un gesto noble. O realmente era arrogancia: “¿Sabes, Dios? Sé lo que me dijiste que hiciera, pero tengo una idea mejor. Sé lo que quieres aún mejor de lo que tú te conoces a ti mismo”.

En una situación similar, “en los días de Pablo, habla quienes constantemente hablaban de la circuncisión, y podían presentar abundantes pruebas bíblicas para mostrar que era obligatoria para los judíos. Pero esa enseñanza no tenía importancia en ese tiempo, pues Cristo había muerto en la cruz del Calvarlo, y la circuncisión de la carne ya no podía tener más valor”.’

Lo que Dios quería no era el sacrificio de la circuncisión, sino la obediencia a su llamado de que “había llegado el tiempo en que la iglesia de Cristo debía emprender una fase enteramente nueva de su obra. Debía abrirse la puerta que muchos de los judíos conversos habían cerrado a los gentiles. Y de entre estos, los que aceptaran el evangelio habían de ser considerados iguales a los discípulos judíos, sin necesidad de observar el rito de la circuncisión”.2

“Como medida de precaución, Pablo aconsejó prudentemente a Timoteo que se circuncidase, no porque Dios lo requiriese, sino para eliminar del pensamiento de los judíos algo que pudiera llegar a ser una objeción contra el ministerio de Timoteo. En su obra, Pablo había de viajar de ciudad en ciudad, en muchas tierras, y con frecuencia tenía oportunidad de predicar a Cristo en las sinagogas de los judíos, como también en otros lugares de reunión. Si llegaban a saber que uno de sus compañeros era incircunciso, su obra quedaría grandemente estorbada por los prejuicios y el fanatismo de los judíos. Por doquiera el apóstol afrontaba resuelta oposición y severa persecución. Deseaba impartir a sus hermanos judíos, tanto como a los gentiles, el conocimiento del evangelio; y por eso procuraba, en la medida consecuente con su fe, quitar todo pretexto de oposición. Sin embargo, mientras condescendía así con el prejuicio judío, creía y enseñaba que la circuncisión y la incircuncisión nada eran, y que el evangelio de Cristo era todo”.3

La obediencia es la respuesta de alguien que está en una relación de confianza con Dios. Confiamos y dependemos de Dios. Él tiene el control. La obediencia es mejor que el sacrificio, porque permitimos que Dios asuma su legítimo lugar de liderazgo, mientras nosotros permanecemos en nuestro lugar legítimo con él: una posición de dependencia y entrega a su providencia.

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