Joven | Lunes 3 de julio 2017 | La afirmación del Apóstol | Escuela Sabática

LUNES 3 JULIO

LA AFIRMACIÓN DEL APÓSTOL

Logos | Hech. 9:1-10; 1 Cor. 1:4; Gál. 1; Efe. 1:2; Col. 1:2

Además del libro de Romanos, Gálatas es otro libro del Nuevo Testamento que trata el tema de la salvación. Sin embargo, lo que distingue a Gálatas es que Pablo hace afirmaciones más fuertes al abordar el problema que tenían las iglesias de Galacia. Es más, fue claro sobre la función que tenía para tratar el problema: él era un apóstol. A lo largo de los dos primeros capítulos de Gálatas, Pablo se expresa como si estuviera tratando de hacer valer su autoridad con la finalidad de lograr lo que tenía en mente para las iglesias. ¿Por qué usó esa estrategia?

El evangelio: un asunto personal (Gál. 1:6-10)

En Gálatas 1:6 al 10, Pablo expresa de una manera muy directa su decepción, e incluso su resistencia, hacia el “evangelio” que se enseñaba. ¡Hasta asevera que quienes enseñaban un evangelio diferente debían ser malditos (Gál. 1:8, 9)! Una expresión tan fuerte puede tener relación con la personalidad de Pablo, de quien sabemos que solía ser muy directo y, a veces, hasta duro.

Sin embargo, una mirada más cuidadosa al texto revela que la razón por la que Pablo usó un lenguaje tan fuerte no fue solo cuestión de personalidad. Para Pablo, el mensaje del verdadero evangelio podrá no agradar a todos los seres humanos, pero él no estaba allí para ser “políticamente correcto” (ver. 10). En segundo lugar, el evangelio no era una invención humana, sino un mensaje de Jesús mismo (ver. 11, 12). En otras palabras, el evangelio va más allá de las cuestiones humanas. Es una solución divina para el problema del pecado.

No obstante, es fácil imaginar que algunos de los miembros de las iglesias de Galacia se hayan hecho esta pregunta crucial: “¿Cómo sabe Pablo que su enseñanza del evangelio es la que proviene de Dios?” Aparentemente, Pablo previo que plantearían esta pregunta, e inmediatamente la respondió dando su testimonio sobre cómo su experiencia con Jesús le cambió la vida (vers. 13-24). Su encuentro con Jesús en el camino a Damasco fue tan real que le era difícil no predicar sobre eso (Hech. 9:1-10). Por cierto, el evangelio debe ser un asunto personal, y no solo una historia que escuchamos. Hasta que no experimentamos el poder del evangelio a través de nuestra experiencia personal, el mensaje de salvación en Jesús puede ser tan solo una linda historia sin aplicación en la vida real.

El evangelio: se trata de Jesús (Gál. 1:11,12)

Otro punto conmovedor en la introducción de Pablo es su énfasis al decir que su mensaje no tiene ninguna motivación personal, sino que se trata de la revelación de Jesucristo (Gál. 1:11, 12). Esta expresión se repite en muchas de las cartas de Pablo a las diferentes iglesias, en donde señala que Jesús fue la única razón por la que dedicó su vida para ser el mensajero de Cristo (1 Cor. 1:4; Efe. 1:2; Col. 1:2).

No hay otras buenas nuevas que el cristianismo pueda dar fuera de las que tienen a Jesús en el centro de todo. Lo que hace que el evangelio sea tan poderoso, es que su punto central es el mensaje de salvación en Jesús. Sin eso, el cristianismo no tiene un mensaje único para compartir con los demás. Es por esto que Pablo se sintió muy disgustado cuando las iglesias de Galacia comenzaron a agregar enseñanzas que incluían a Jesús simplemente como una “parte” de la salvación, y no como el camino absoluto a la salvación (Gál. 2:15, 16).

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