Joven | Lección 8 | De esclavos a herederos | Escuela Sabática

Del 12 al 18 de agosto

De esclavos a herederos

“Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y, como eres hijo. Dios te ha hecho también heredero” (Gál. 4:7).

SABADO 12 AGOSTO

LA EDIFICACIÓN DEL CUERPO DEL SEÑOR

Introducción | Gál. 3:25-29

“Se supone que es difícil. Si no fuera difícil, todos lo harían. La dificultad es lo que lo hace grandioso”. Esta frase me ha servido de motivación para la etapa de la vida en que me encuentro. Este es mi segundo día de ejercicios en el gimnasio. Luego de un “día de piernas” ayer, y un “día de bíceps y tríceps” hoy, ya no me imagino qué más me podrá doler mañana. Mi entrenador sabe qué ejercicios debo realizar para trabajar cada grupo de músculos, teniendo en cuenta, al mismo tiempo, un período de recuperación para ellos. Sabe lo que hay que hacer para lograr el objetivo.

El texto de hoy dice que somos hijos de Dios por medio de nuestra fe en Jesucristo. No debemos comportarnos como esclavos, sino que se supone que debemos conducirnos como hijos e hijas de Dios. Tenemos que conocer a nuestro Padre antes de poder comenzar a comportarnos como sus hijos. Tenemos que conocerlo, porque él no es un Padre ausente; al contrario, nosotros somos los hijos que huimos.

Algo que he descubierto es que la parte más difícil de mi día es antes de orar, pero la más fácil es después de que lo hago. Podría estar haciendo cualquier otra cosa, literalmente, pero es una bendición muy grande hacerme el tiempo para orar. Definitivamente, no tendremos el tiempo hasta que separemos un momento.

El culto matutino es como vestirnos para el colegio o el trabajo: no querrás salir de tu casa sin ropa. Cuando te vistes de Cristo, reclamas tu derecho de formar parte de la familia real. Como tal, puedes caminar por todas partes con la confianza de un príncipe o de una princesa, porque tu Padre es el Rey de reyes. Cuando Jas cosas se complican, no te alejes de la fe; al contrario, ese es el momento en que necesitas aferrarte a ella. Te animo a que pruebes la fe que te moldeará según el propósito para el que fuiste creado.

Darren J. Cedí, Durban, Sudáfrica

 

DOMINGO 13 AGOSTO

CADENAS DE ESCLAVITUD FRENTE A LA PUERTA HACIA LA LIBERTAD

Evidencia | Gál. 4:7

“¡Amandla awethu!”* Nunca antes el dolor y la fortaleza se habían unido para formar una fuerza tan potente que pronto hasta las ataduras de un gobierno poderoso cedieron ante el grito de LIBERTAD. La lucha de la esclavitud y la opresión bajo leyes obligatorias no es solo una historia que los sudafricanos les cuentan a sus hijos, sino además una batalla que dejó grandes cicatrices en nuestra nación, que recién ahora está sanando. La esclavitud a una ley que parecía elevar a unos mientras oprimía y aislaba a los otros, no es solo una tragedia literaria, sino también algo muy real hoy, así como lo era en la época en que Pablo escribía esta carta a los gálatas.

Cierta vez, me dijeron que el evangelio es sencillo. La salvación es un regalo, gratuita para todo aquel que cree; y en todo lo demás, Dios guiará. A pesar de haber crecido en la iglesia, igualmente me resultó difícil comprender esa simplicidad. Imagina la dificultad a la que se enfrentó Pablo al tratar de explicar el regalo de la libertad espiritual y la salvación por medio de Cristo, y no de las obras.

La humanidad ha estado sujeta a las cadenas de la esclavitud desde el jardín del Edén. En todo el Antiguo Testamento se nos recuerda el dolor y la tristeza con que nos hirieron estas cadenas. Pablo estaba hablando a los gálatas en un momento en que los gentiles habían comenzado a oír las buenas nuevas y a unirse en hermandad con los judíos. Por supuesto, los judíos en ese tiempo no estaban aceptando completamente a los miembros de la familia recién adoptados, y habían comenzado a imponer reglas y normativas a los gentiles. Circuncidarse; guardar los días festivos; hacer esto y aquello… Abrumados, los gentiles comenzaron a volver a sentir esa sensación de esclavitud. Y esta vez no solo se sentían esclavos del pecado, sino también de las leyes que se les presentaban como única forma de obtener la salvación y agradar a Dios. A semejanza de las leyes impuestas en Sudáfrica a quienes no eran blancos, no se presentaban como opresión, sino como una forma de mantener apartados a quienes no eran blancos (y aparentemente indignos) de las oportunidades que los blancos creían que eran legítimamente suyas.

De la misma manera, los judíos sentían que el Reino era legítimamente herencia suya, como le había sido prometido a Abraham. ¿Por qué un gentil indigno, que no cumplía con la ley, podría llegar a recibir un lugar en el banquete?

La respuesta a esta pregunta es el tema de esta carta de Pablo. Él comparte esperanza: esperanza para quienes estaban sujetos a los pecados, pero también esperanza para quienes sentían que para agradar a un Dios perfecto, primero debían guardar perfectamente sus leyes. Esta es una perversión del evangelio, ya que por nosotros mismos no podemos hacer nada. Pero por la fe en Cristo podemos tener la paciencia de los santos y guardar los Mandamientos de Dios. La Carta a los Gálatas nos recuerda que la puerta hacia la libertad espiritual ha sido abierta, y todo aquel que cree puede entrar en la familia de Dios.

* Un grito de guerra popularizado durante ei movimiento del Apartheid: “¡El poder para nosotros!”

Christelle Govender, Durban, KwaZulu-Natal, Sudáfrica

 

LUNES 14 AGOSTO

PRÍNCIPES Y PRINCESAS

Logos | Gál. 3:25-29

Nuestra condición en Cristo (Job 29:14; Rom. 6:1-11; 8:17; Gál. 3:25-29; 1 Ped. 3:21)

“Y, si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa” (Gál. 3:29). Solo podemos “pertenecer a Cristo” si le entregamos nuestra vida y nacemos de nuevo. El bautismo no es la eliminación de la suciedad de la carne, sino la respuesta de una buena conciencia hacia Dios (1 Ped. 3:21). En los servicios bautismales podemos escuchar que el pastor o al anciano mencionan que los catecúmenos entran en la “tumba líquida”: y eso es exactamente lo que es, porque allí es donde nacemos de nuevo. Dejamos atrás lo que éramos y salimos siendo nuevas criaturas en Cristo, porque él quiere que seamos su pueblo. No pertenecemos a Satanás. Al bautizarnos, hemos elegido de qué lado estamos.

No obstante, esto no termina allí. Sí, somos nuevos; sí, el cielo se regocija: pero Satanás está enojado, y nos quiere tener nuevamente de su lado. Por esto, lo intenta todo para lograrlo. Pero no te preocupes, porque podemos recibir muchísimo más si permanecemos en Cristo, donde debemos estar. Sus promesas son seguras: “Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré” (Juan 14:14); “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes—afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” (Jer. 29:11); “Así que no se preocupen diciendo: ‘¿Qué comeremos?’ o ‘¿Qué beberemos?’ o ‘¿Con qué nos vestiremos?'” (Mat. 6:31). El versículo 33 sigue diciendo: “Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas”. ¿Qué más podríamos esperar o desear, cuando tenemos estas promesas?

Dios envió a su Hijo (Juan 1:14; Gál. 4:4, 5; Rom. 8:3,4; 2 Cor. 5:21; Fil. 2:5-8; Heb. 2:14- 18:4:14,15)

¿Por qué vino Jesús a la Tierra? Nuestra respuesta normal es: “Para buscar y a salvar lo que se había perdido”. Pero ¿por qué tuvo que suceder esto? Volvamos al comienzo. Luego de que Adán y Eva comieron del fruto prohibido, Dios hizo público su plan de salvación. “Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le morderás el talón” (Gén. 3:15). Este versículo predice que Jesús vendría “para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos” (Gál. 4:5).

Cuando Jesús estuvo en la Tierra, nos demostró que aunque el mundo está lleno de pecado, es posible vivir una vida sin pecado. Él puede empatizar con nuestra debilidad, porque fue tentado en su momento de mayor debilidad, y no pecó (Heb. 4:14,15). También nos mostró cómo debemos vivir. Él sabía que era el Hijo del Altísimo, pero igualmente vino como un bebé, vivió una vida humilde, sin “aires de grandeza”. ¿Por qué nos es tan difícil hacer lo mismo? Para llegar al cielo, tenemos que vivir de la manera en que Jesús vivió y tener la misma actitud (Fil. 2:5-8).

Cuando Jesús dijo “consumado es” y el velo del Templo se rasgó de arriba abajo, quiso decir que se había cumplido su sacrificio y que las leyes ceremoniales habían terminado. No necesitamos realizar sacrificios: ¡Jesús fue el Sacrificio supremo! No necesitamos un sumo sacerdote mortal; ¡Jesús es nuestro Sumo Sacerdote! Él está allí ahora mismo, intercediendo por nosotros. Ahora tenemos acceso directo a nuestro Padre celestial.

¿Por qué volver a la esclavitud? (Mar. 2:27, 28; Luc. 13:10-16; Gál. 4:8-20)

El sábado fue creado para nosotros; no fuimos creados para el sábado (Mar. 2:27,28). Dios quería que tuviésemos ese día para descansar. ¿Te imaginas trabajando ocho horas por día, los siete días de la semana? ¡Estaríamos agotados física y emocionalmente! Dios tenía un plan. Él no necesitaba descansar el séptimo día, pero lo hizo. ¿Por qué? Quería mostrarnos el propósito del sábado y cómo guardarlo.

Hay quienes dicen que el sábado no estuvo en la Creación. Pero pensemos en esto: nuestros padres nos enseñaron a hablar, a sostener la mamadera, a usar la cuchara… Observando, aprendimos a gatear, caminar y correr. De la misma manera, aunque los Mandamientos no estaban en la Creación, el sábado se guardó desde el comienzo, como nuestros padres en el Edén habían aprendido de su Creador. Fue transmitido de generación en generación hasta la época de Moisés. Sin embargo, cuando Moisés guió a los israelitas al salir de Egipto, Dios vio que no estaban viviendo la vida que él había previsto para ellos y escribió los Diez Mandamientos en el Monte Sinaí. Dios quiere que lo adoremos, y no que seamos esclavos de este mundo y lo que este nos ofrece.

Cuando Jesús anduvo por esta Tierra, realizó milagros: sanó enfermos, les devolvió la vista a los ciegos, levantó a los muertos e hizo muchos otros milagros. En Lucas 13:10 al 16, Jesús fue acusado de transgredir el sábado, pero en realidad nos estaba mostrando lo que se podía hacer en sábado. Las leyes están para guiarnos. Dios nos ama con un amor eterno; nos ha mostrado esto de diversas maneras. Sin embargo, elegimos vez tras vez al mundo, antes que a él. Dios espera entrar en nuestro corazone (Apoc. 3:20). Cuando lo dejemos entrar, nos llevará a lugares que harán que lo que este mundo tiene para ofrecernos palidezca en comparación. Somos sus herederos.

Para pensar y debatir

¿Qué se siente saber que no eres meramente un número en este mundo, sino un heredero del Rey?

Lee Gálatas 3:1 al 3. ¿A qué principios básicos estamos sujetos?

Melissa Naidoo, Woodhurst, Durban, Sudáfrica

 

MARTES 15 AGOSTO

“DIOS ENVIÓ A SU HIJO”

Testimonio | Juan 1:14; Gál. 4:4,5; Rom. 8:3,4; 2 Cor. 5:21; Fil. 2:5-8; Heb. 2:14-18; 4:14,15.

“Cristo asumió la naturaleza humana para alcanzar a la humanidad y, al mismo tiempo, a través de su divinidad, se aferró al poder divino. Se hizo hombre, para que hombres y mujeres pudieran llegar a ser uno con él como él es uno con el Padre. Mientras estuvo en esta tierra fue tentado y probado en todo, asf como nosotros. Le dice a cada hijo que cree: ‘¡Anímate! Yo he vencido al mundo. Las victorias que he ganado hacen posible que seas más que vencedor’

“Los escribas y fariseos profesaban explicar las Escrituras, pero las explicaban de acuerdo con sus propias ideas y tradiciones. Sus costumbres y máximas se volvieron cada vez más exigentes. En su sentido espiritual, la sagrada Palabra se convirtió en un libro sellado para el pueblo, un libro cerrado a su comprensión.

“Todo proclamaba la necesidad urgente que había en la tierra de un Maestro enviado por Dios; un Maestro en quien se unieran la divinidad y la humanidad. Era de vital importancia que Cristo apareciera de forma humana y que estuviese a la cabeza de la raza humana para elevar a los seres humanos caídos. Solo así se podría revelar a Dios.

“Cristo se ofreció para dejar a un lado su túnica real y su corona majestuosa, y venir a esta tierra para mostrar a los seres humanos lo que podían ser si cooperaban con Dios. Vino a brillar en medio de la oscuridad, a disipar la oscuridad con el brillo de su presencia.

“Cuando fue la plenitud del tiempo, el Hijo del Dios infinito vino del seno del Padre a este mundo, vino vestido de humanidad, cubriendo su divinidad con humanidad. El Padre y el Hijo decidieron juntos que Cristo debía venir al mundo como un bebé y vivir la vida de los seres humanos desde la niñez hasta la adultez, soportando las pruebas que ellos deben soportar, y al mismo tiempo viviendo una vida sin pecado, para que los hombres pudieran ver en él un ejemplo de lo que pueden llegar a ser, y para que él supiera por experiencia cómo ayudarlos en sus luchas con el pecado. Él fue probado como el hombre es probado, tentado como el hombre es tentado. Los hombres pueden vivir la vida que él vivió en este mundo, a través de su poder y bajo su instrucción.

“Desde el comienzo, Dios había hablado a través de Cristo, sentando las bases del evangelio en los símbolos y sombras de la economía judía. Antes de la venida de Cristo, esta economía no estaba terminada. Las ceremonias de la economía inconclusa señalaban la realidad. Dios no dejaría el plan incompleto; completaría el plan de redención de la raza. Al enviar a su Hijo al mundo, llevaría a cabo hasta su culminación el plan ordenado en el cielo antes de la creación del mundo”.2

‘Pacific Union Recorder, 9 de febrero de 1905.12The Signs of the Times, 17 de mayo de 1905.

Para pensar y debatir

Si Cristo realizó el sacrificio supremo y dejó su gloria en lo alto por ti, ¿qué crees que deberías hacer tú, a cambio?

¿Crees que hay similitudes entre los escribas y los fariseos y nosotros, como adventistas del séptimo día? ¿Cómo podemos cambiar eso? ¿Cómo podemos vivir como Jesús?

Christopher Hammond, Havenside, Chatsworth, Durban, Sudáfrica

 

MIÉRCOLES 16 AGOSTO

LIBERTAD ESPIRITUAL

Cómo hacer | Gál. 4:1-7

La palabra esclavo tiene una connotación muy negativa. La siguiente definición se encuentra en el Diccionario de la Real Academia Española: “Dicho de una persona: Que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra”. Esto es lo que solemos entender por esclavo; sin embargo, la segunda definición de esclavo parece más apropiada, considerando nuestra vida diaria: “Sometido rigurosa o fuertemente a un deber, pasión, afecto, vicio, etc., que priva de libertad”. Creo que en nuestra vida diaria nos hemos convertido en esclavos de nosotros mismos, y hay muchas cosas sobre las que tenemos control, pero que permitimos que nos controlen.

Ahora bien, si buscamos el término heredero, nos hace sentir que dimos un giro de 180 grados. La definición del diccionario es: “Dicho de una persona: Que por testamento o por ley sucede en una herencia”; y “Que es dueño de una heredad o de heredades”.

En mi mente, pienso en un príncipe que puede ser heredero al trono, o en el hijo de un padre o abuelo acaudalado, que hereda sus riquezas y posesiones. Cuando comparamos estos dos términos, “esclavo” y “heredero”, son como el agua y el aceite, o como un caso extremo de clase baja y de clase alta, sin ningún tipo de punto intermedio. En Gálatas 4, podemos ver que Pablo indica que no vivan ni actúen como esclavos, sino que adopten los derechos y los privilegios de un heredero, porque son hijos e hijas de Dios. ¡Qué increíble! Se nos da la oportunidad de simplemente reclamar la promesa de formar parte de la familia real. Aquí hay algunas maneras en que podemos hacer esto:

Mira a tu alrededor e identifica aquello que te esclaviza. Podría ser cualquier cosa: las cosas que hacemos, las personas con quienes pasamos tiempo, etc.

Identifica el cómo y el porqué. Descubre por qué esto te tiene atrapado y cómo terminaste en esta posición, en la cual lo que debíamos controlar nos controla a nosotros.

Haz un esfuerzo determinado por romper esas cadenas. Si, por ejemplo, te encuentras atado por el tiempo, toma cinco minutos. Siéntate y vuelve a analizar todo. ¿Es necesario todo lo que estás haciendo? ¿Cómo puedes reorganizarlo para que estés manejando tu propio tiempo, y no que el tiempo te maneje a ti?

Todas estas pequeñas cosas del día a día, sí las manejas de manera correcta, pueden llevarte finalmente a la libertad espiritual.

Germaine Melody Cedí, Hillary, Durban, Sudáfríca

.JUEVES 17 AGOSTO

FUGA DE LA PRISIÓN

Opinión | Rom. 6:1-11; Gál. 4:8-20

Imagina por un momento que estás en una prisión. Probablemente te estás imaginando overoles anaranjados, tatuajes, comida desagradable, falta de libertad, y presidiarios Intimidantes, ¿cierto? ¡Estás equivocado! Esta prisión espiritual única tiene tentaciones personalizadas, creadas por el gran engañador (Satanás) para seducirnos. Algunas de sus funciones incluyen pecados que esclavizan a todas luces, como las drogas, el alcohol, la codicia, la fornicación, la homosexualidad y la pornografía; mientras que otras esferas incluyen pecados como la mentira, el orgullo, los arrebatos de ira y la discordia, de los que poco se habla, pero que pueden ser fatales espiritualmente (Gál. 5:19-21).

El problema que enfrentamos es que, por más que intentemos salir de la cárcel anticipadamente por buena conducta, y sin importar cuánto obedezcamos la ley, no sirve de nada. Eso no nos librará. No podemos salvarnos a nosotros mismos obedeciendo la ley, asistiendo a la iglesia cada sábado o viviendo como un monje (Efe. 2:8). La única forma de salir de esta prisión espiritual, no importa de qué pecado se trate, es aceptando la preciosa sangre purificadora de Jesús. Es el único remedio para la esclavitud espiritual del pecado.

Es más, cuando buscamos la sangre de Jesús y la salvación al conocer a Jesús en forma personal, empezamos a tener una relación personal con él, y simultáneamente, escapamos de la esclavitud del pecado (2 Ped. 2:20). Satanás, nuestro captor, nos mantiene atados en nuestras prisiones espirituales. Pero hay esperanza. Jesús ya pagó la fianza: la fianza más alta que alguna vez se haya pagado. El precio es la sangre de Jesús, y su muerte en la cruz para salvarnos a ti y a mí. La verdadera pregunta es: ¿queremos ser libres, o estamos felices siendo esclavos del pecado?

Para la mayoría de los jóvenes, las “prisiones” pecaminosas apelan a nuestra naturaleza débil y carnal. A veces, sufrimos del estado psicológico llamado “síndrome de Estocolmo”. El 23 de agosto de 1973, dos criminales con ametralladoras entraron a los disparos en un banco de Estocolmo, Suecia. Los dos ladrones tomaron cuatro rehenes, a quienes ataron con dinamita y encerraron en la bóveda del banco, hasta que finalmente fueron rescatados.

Luego del rescate, los rehenes exhibieron una actitud desconcertante, considerando que los habían amenazado y maltratado y habían corrido peligro de muerte por más de cinco días. Estos rehenes expresaron sentimientos positivos para con los ladrones del banco, y se negaron a presentar cargos. También, experimentaron sentimientos negativos hacia familiares, amigos o autoridades que trataron de rescatarlos, apoyarlos o conseguir su liberación.

A veces, sin saberlo, nos aferramos a las cadenas de pecado que nos atan. Como las víctimas de aquel robo de bancos, presentamos las características del “síndrome de Estocolmo” espiritual. Formamos un vínculo con nuestro captor, Satanás, y disfrutamos de estar en el pecado. Recuerda que nunca es demasiado tarde para volver a Jesús, y que ya no somos esclavos del pecado, sino “herederos” de Dios (Gál. 4:7). Recuerda que, sin importar qué tentación estés enfrentando en tu vida, hay poder en el nombre de Jesús para romper todas las cadenas.

Jesús tiene un gran plan para nosotros, para liberarnos de la esclavitud espiritual. Todo lo que tienes que hacer es aceptar esa libertad, arrepentirte y darle tu vida hoy. Él te ama, y te está esperando afuera de la cárcel con un automóvil para escapar, para llevarte pronto al cielo.

Chenay Charles, Durban, Sudáfrica

 

VIERNES 18 AGOSTO

ESCLAVITUD LIBERADORA

Explora | Gálatas 4:7 En resumen…

La idea de estar esclavizado a cualquier cosa llena de temor a la mayoría. Pero en todo el mundo cada día vemos que hay gente esclava del placer, las drogas ilícitas, el consumismo, la violencia, y una miríada de otros males. Es en este contexto que Dios nos llama a ser esclavos de Jesucristo. Si bien muchos en nuestra cultura consideran que la sumisión a la vida que Jesucristo ofrece es algo así como una invitación a ser explotados, con una vaga promesa de que vendrá algo mejor, en realidad, quienes aceptan la oferta de Cristo reciben un “intercambio de gracia”. Reciben la vida sin pecado de Cristo, su muerte expiatoria, el poder de su resurrección, su intercesión en el Santuario celestial, y su pronta venida. La esclavitud a la que Cristo nos invita nos ofrece verdadera libertad y paz con Dios.

Actividades sugeridas

» Realiza entrevistas filmadas a varios amigos, y pide a cada uno que responda a las siguientes preguntas: ¿Qué significa ser esclavo del pecado? ¿Qué significa ser esclavo de Jesucristo? ¿Por qué algunas personas eligen permanecer bajo el yugo del pecado, en lugar de aceptar el yugo de Jesucristo?

» Lee y medita en Romanos 6:1 al 11, específicamente en lo que logró por los seres humanos la muerte y la resurrección de Jesucristo.

» Analiza de qué manera las religiones como el hinduismo, el budismo o el Islam abordan el problema del pecado y la salvación; si es que tienen tales enseñanzas. Investiga sus enseñanzas sobre cómo los seres humanos pueden vencer el pecado, y luego compáralo y contrástalo con lo que encontramos en 2 Corintios 5:21.

» Crea una canción basada en Juan 1:14. Piensa en la condición espiritual del mundo en el tiempo en que Jesús vivió aquí. Es más, considera la forma que Jesús adoptó para comenzar la tarea más importante de todas.

» Comparte con un amigo tu testimonio personal sobre la diferencia que marcó Jesús en tu vida luego de entregársela a él.

» Piensa en cómo el sacrificio de Cristo ha afectado al mundo natural. ¿Qué nos dice Romanos 8:18 al 20 sobre la manera en que el pecado afectó al mundo natural? ¿Por qué el mundo creado anhela que los hijos de Dios sean revelados?

Lectura adicional

Isaías 53; Mateo 11:28-30; 2 Corintios 12:9.

Elena de White, El Deseado de todas las gentes, capítulo 3 (“El cumplimiento del tiempo”) y capítulo 4 (“Un salvador os es nacido”).

Watchman Nee, La vida que vence (Living Stream Ministry, 1997), capítulo 6.

Dwain Esmond, Gaithersburg, Marylartd, EE.UU.

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