Joven | Lección 6 | La prioridad de la promesa | Escuela Sabática

Del 29 de julio al 4 de agosto

La prioridad de la promesa

“Si la herencia se basa en la ley, ya no se basa en la promesa; pero Dios se la concedió gratuitamente a Abraham mediante una promesa” (Gál. 3:18).

SÁBADO 29 JULIO

PROMESAS QUE CUMPLIR

Introducción | Gál. 3:18

Corría el año 1942. El Pacífico estaba en plena guerra. El general Douglas MacArthur era el comandante de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en el Lejano Oriente, y las cosas no le estaban yendo bien. Los japoneses habían invadido las Filipinas en diciembre de 1941. Las tropas estadounidenses y filipinas, con muy pocas provisiones y superadas en números, habían sido forzadas a retirarse a Bataán, donde rápidamente los sitiaron.

MacArthur recibió la orden de abandonar la fortaleza de la isla local y escapar a Australia. Allí, para decepción suya, supo que se le haría imposible regresar inmediatamente a las Filipinas. Sin perder tiempo, emitió una declaración a la prensa con la famosa promesa pública: “VOLVERÉ”. MacArthur continuaría repitiendo esa promesa por treinta largos meses. Muchos sufrieron la marcha de la muerte de Bataán, en la que murieron al menos siete mil hombres. Finalmente, el 20 de octubre de 1944, MacArthur desembarcó detrás de sus fuerzas invasoras, y anunció en una transmisión de radio: “Pueblo filipino, ¡he vuelto!”

¿Cómo podían saber los hombres de MacArthur que un día él de veras volvería? La espera sin duda fue más larga de lo que esperaban. ¿Por qué le creyeron? Porque lo conocían. Habían confiado en su liderazgo durante largas y duras batallas, y entendían su carácter.

Hace miles de años, Dios le hizo una promesa a Abraham (Gén. 22:17,18). Pablo dice, en Gálatas 3, que la promesa a Abraham vio su cumplimiento en Cristo, y que quienes creen son hijos de Abraham.

¿Cómo tenemos fe en las promesas de Dios? Conociéndolo. Hemos dependido de su fidelidad en el pasado, y podemos confiar en su fidelidad en el futuro. Por sobre todo, podemos confiar en que aún hoy su promesa a Abraham está en pie. Nuestra herencia como hijos de Abraham es segura, porque Dios prometió que así sería.

Jolene Sharp, Nashville, Tennessee, EE.UU.

DOMINGO 30 JULIO

FIRMADO, SELLADO Y COMPROMETIDO

Evidencia | Gén. 9:11-17; 12:1-3; 15:9-18; 17:1-8; Mat. 5:17,18; Rom. 4:13; Gál. 3:7,16- 19

La palabra hebrea berit significa “tratado” o “pacto”. Se utilizaban animales para simbolizar el acuerdo vinculante entre las dos partes. Se mataba a los animales, se los cortaba por la mitad y se ubicaba las dos mitades en el suelo, entre las dos partes. Quienes hacían el pacto caminaban entre las dos mitades para demostrar su disposición a respetar el pacto. Así, berit era sinónimo de derramamiento de sangre.’

En Génesis 15, Dios le pide a Abram que mate una ternera, una cabra, un carnero y dos aves, y que los disponga de la manera designada. Dios, en forma de una hornilla humeante y una antorcha encendida, camina entre los animales y sella el pacto, y le promete a Abram la tierra desde el río de Egipto hasta el Éufrates.

De todos los tipos de pactos a lo largo de la Biblia, hay dos que son especiales: el condicional y el incondicional. Si ambas partes tenían que hacer algo en relación con el pacto, se lo consideraba condicional. Si solo una parte prometía hacer algo por la otra, sin importar el accionar de la otra, era un pacto incondicional. 2 Cuando Dios llamó a Abram a salir de su país, en Génesis 12, fue una promesa condicional: si Abram iba, Dios lo bendeciría. La promesa de enviar al Mesías a través de la descendencia de David era un pacto incondicional. David no tenía que hacer nada para que Dios cumpliera su promesa.

En Hebreos, se mencionan los Diez Mandamientos como las “tablas del pacto”. La ley (como también se conoce a los Mandamientos) está relacionada con el pacto. Los Mandamientos son del pacto. Ambas cosas no están en los extremos opuestos de un espectro, una basada en la fe y la otra en las obras, sino que son similares. Cristo mismo dice que vino a cumplir la ley y los profetas. En otras palabras, vino a cumplir los Diez Mandamientos

0 el pacto. Este pacto incondicional que Dios hizo con su pueblo tenía que sellarse con el derramamiento de sangre. Por lo tanto, la muerte de Cristo era el sellamiento del pacto, la forma en que Dios demostraba que cumple su parte del acuerdo. Solo Dios firmó el pacto.

Pablo escribe: “Y, si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa” (Gál. 3:29). Por consiguiente, tenemos derecho a las bendiciones del pacto así como Isaac y la nación judía. La fe de Abraham es lo que lo hizo justo delante de Dios. Así, nuestra fe es lo que nos une a Cristo, nos hace justos con Dios, y finalmente, herederos del pacto.

1 “B’rit – Covenant” [B’rit – Pacto], en Hebrew for Chrístians. Disponible en goo.gl/mxbFEF. |2″ What Are the Dlfferent Covenants in the Bible?” [¿Cuáles son los tipos de pacto en la Biblia?], en Compelling Truth. Disponible en goo.gl/JjFIqZ. | – “B’rit – Covenant”, en Hebrew for Chrístians.

Para pensar y debatir

La fe, ¿es algo que tienes que hacer (es decir, una acción) para recibir el pacto prometido? ¿Por qué?

¿Y si la salvación no fuera un pacto incondicional? ¿Mantendría el mismo valor y sería igual de atractiva?

Kristi Rich, Wenatchee, Washington, EE.UU.

LUNES 31 JULIO

EL DIOS INMUTABLE: ALCANZADO POR FE, NO POR OBRAS

Logos | Gén. 9:11-17; 15:6; 22:17,18; Mat. 5:17,18; Rom. 3:20; 4:15; 5:20; Gál. 2:16

El propósito de la ley (Rom. 3:20; 4:15; 5:20)

Cuando desconocemos la ley (cualquier parte de ella), no sabemos lo que es transgredirla. Como el Señor no quiere que ninguno se pierda, ha puesto en marcha un mecanismo para que conozcamos qué es el pecado: nos dio su ley por escrito en el Monte Sinaí. Esta ley fue preservada hasta nuestros días en las Sagradas Escrituras, y funciona como un sistema de advertencia que nos dice si hay pecado en nuestra vida. Pablo explica esto en Romanos 3:20, al escribir: “Mediante la ley cobramos conciencia del pecado”. Para que quede claro, Pablo no dice que de alguna manera la ley nos ofrece salvación. En Romanos 4:15 declara que la consecuencia de quebrantar la ley es la ira de Dios, con lo que nuevamente confirma que “donde no hay ley, tampoco hay transgresión”. Si la ley fuera lo único que Dios hizo por nosotros, estaríamos perdidos; pero, afortunadamente, la ley es parte de un sistema doble, y la segunda parte tiene que ver con la fe y la gracia salvadora de Dios. En Romanos 5:20, Pablo explica mejor cómo entiende el propósito de la ley al exponer el pecado; y al mismo tiempo menciona lo único que puede redimirnos: su gracia expiatoria. “En lo que atañe a la ley, esta intervino para que aumentara la transgresión. Pero, allí donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. La grada y la fe en la promesa de Dios tienen un papel mucho más emocionante en nuestra vida, si es que decidimos seguir a Cristo.

El rescate que provee su promesa (Gén. 15:6; 22:17,18)

Dios promete muchas veces en la Biblia que nos salvará de nuestros pecados, para pasar de la muerte eterna a la vida eterna con él. El Señor le detalla esta promesa a Abraham en Génesis 22, al declarar en parte que sus “descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos. Puesto que me has obedecido, todas las naciones del mundo serán bendecidas por medio de tu descendencia” (Gén. 22:17, 18). Quienes acepten esta promesa, un día recibirán la victoria sobre sus enemigos. Entrarán en el gozo de una eternidad junto con quien les prometió el rescate: Jesucristo. No reclamamos la promesa guardando la ley ni mediante alguna otra acción que realicemos. El Señor nos extiende esta promesa, y nos pide que no la reclamemos haciendo alguna gran hazaña (guardar la ley), sino simplemente creyendo en él. Eso es fe. “Luego el Señor lo llevó afuera y le dijo: ‘Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas, a ver si puedes. ¡Así de numerosa será tu descendencia!’ Abram creyó al Señor, y el Señor se lo reconoció como justicia” (Gén. 15:5, 6). Creer en el Señor suena como algo simple, pero requiere una fe fuerte, creer en el Señor Jesucristo.

Fe en Jesucristo (Gál. 2:16)

La fe en la promesa determina la diferencia entre la vida y la muerte. En general, es un concepto más difícil de entender que una simple lista de cosas para hacer (por ej.: guardar la ley). Pablo distingue claramente entre tener fe en la promesa y guardar la ley, al declarar quién es el que nos salva: “Sin embargo, al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley, sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por estas nadie será justificado” (Gál. 2:16). Las obras realizadas para guardar la ley quedan atenuadas porque, como se mencionó anteriormente, el objetivo de la ley es ser un indicador de los pecados. Renunciar al control y poner nuestra fe en el Señor, creyendo en lo que dice, nos lleva a tener una relación eterna con Jesucristo.

Confiar en nuestro inmutable Señor (Gén. 9:11-17; Mat. 5:17,18)

¿Cambia Dios su palabra, su parecer? Pablo declara expresamente que no. Lo que sí cambian, y a menudo de manera impredecible, son nuestras expectativas. En un versículo, Pablo descarta la noción de que Jesús haya querido cambiar la Palabra de Dios y deshacerse de su ley; y lo hace enfatizando por encima de toda duda que su Palabra es inmutable. Cristo dijo: “No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos, sino a darles cumplimiento. Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido” (Mat. 5:17,18). Aquella promesa a Abraham no es la única que todavía se aplica a nosotros hoy; también se da con otra que se encuentra en Génesis 9: “He colocado mi arcoíris en las nubes, el cual servirá como señal de mi pacto con la tierra. […] Nunca más las aguas se convertirán en un diluvio para destruir a todos los mortales. Cada vez que aparezca el arcoíris entre las nubes, yo lo veré y me acordaré del pacto que establecí para siempre con todos los seres vivientes que hay sobre la tierra” (Gén. 9:13,15,16). Cuando Dios le prometió esto a Noé, creó una señal visible que testifique a todas las generaciones que él es inmutable. El arcoíris es una representación perfecta de la infalibilidad de la Palabra de Dios. Dios nos pide que tengamos fe en él, que creamos en él y reclamemos sus promesas.

Para pensar y debatir

Considerando nuestra naturaleza humana, ¿qué es más difícil: guardar la ley o tener fe?

Si el propósito de la ley es señalar el pecado, y si Dios nunca cambia, entonces, las definiciones de pecado, ¿estarían abiertas a la posibilidad de ser modificadas? ¿Por qué sí o por qué no?

Jeremy Vetter, Moscow, Idaho, EE. UU.

MARTES 1° AGOSTO

LEY DE DIOS = CARÁCTER DE DIOS

Testimonio | Gál. 3:15-29

“Existió en virtud de la promesa de Dios desde que se dio el primer indicio de redención; fue aceptado por fe; no obstante, cuando Cristo lo ratificó se lo llamó pacto nuevo. La ley de Dios fue la base de ese pacto, que era sencillamente un arreglo para restituir al hombre a la armonía con la voluntad divina, colocándolo donde podía obedecer la ley de Dios.

“Otro pacto —llamado en la Escritura el pacto ‘antiguo’- se estableció entre Dios e Israel en el Sinaí, y en aquel entonces fue ratificado mediante la sangre de un sacrificio. El pacto hecho con Abraham fue ratificado mediante la sangre de Cristo, y es llamado el ‘segundo’ pacto o ‘nuevo’ pacto, porque la sangre con la cual fue sellado se derramó después de la sangre del primer pacto”.

“Pero si el pacto confirmado a Abraham contenía la promesa de la redención, ¿por qué se hizo otro pacto en el Sinaí? Durante su servidumbre, el pueblo había perdido en alto grado el conocimiento de Dios y de los principios del pacto de Abraham. Al libertarlos de Egipto, Dios trató de revelarles su poder y su misericordia para inducirlos a amarlo y a confiar en él. Los llevó al Mar Rojo -de donde, perseguidos por los egipcios, parecía imposible que escaparan- para que pudieran darse cuenta de su total desamparo y necesidad de ayuda divina; y entonces los libró. Así se llenaron de amor y gratitud hacia él, y confiaron en su poder para ayudarlos. Los ligó a sí mismo como su Libertador de la esclavitud temporal.

“Pero había una verdad aun mayor que debía grabarse en su mente. Como habían vivido en un ambiente de idolatría y corrupción, no tenían un concepto verdadero de la santidad de Dios, de la extrema pecaminosidad de su propio corazón, de su total incapacidad para obedecer la ley de Dios, y de la necesidad de un Salvador”.1

“La ley de Dios es un trasunto de su carácter. Fue dada al hombre en el principio como la norma de la obediencia […].

“Cristo vino para vindicar las sagradas exigencias de la ley. Vino a vivir una vida de obediencia a sus requerimientos y así probar la falsedad de la acusación hecha por Satanás de que es imposible para el hombre guardar la ley de Dios. Como hombre, encaró la tentación y venció en el poder que Dios le dio. Al andar haciendo el bien, sanando a todos los que eran afligidos por Satanás, hizo claro a los hombres el carácter de su ley y la naturaleza de su servicio. Su vida atestigua que es posible que nosotros también obedezcamos la ley de Dios”.2

’ Patriarcas y profetas, pp. 387, 388. | 2 Testimonios para la iglesia, t. 8, pp. 219, 220.

Para pensar y debatir

La ley de Dios es su carácter, y Jesús es un testimonio de que nosotros también podemos guardar la ley de Dios. ¿Qué le puedes pedir a Dios que cambie en tu vida, para poder verdaderamente guardar su ley?

¿De qué manera el enfocarnos en la misericordia y en el poder de Dios nos lleva a amar y a confiar en él? ¿Qué puedes hacer para concentrarte en la santidad de Dios? ¿Cómo te ayudará esto a guardar la ley de Dios?

Laura Vetter, Moscow, tdaho, EE.UU.

MIÉRCOLES 2 AGOSTO

SU PROMESA SIGUE EN PIE

Cómo hacer | Gén. 12:2, 3; Núm. 23:19; Gái. 3:15-18, 21-25

Las promesas y las leyes parecen dos conceptos contradictorios, cuando hablamos de la fe cristiana. Una promesa es una declaración momentánea; una ley es un contrato vinculante. Ambas no podrían estar relacionadas, ¿no es así?

Nuestra imposibilidad de ver una conexión entre las promesas y las leyes surge del hecho de que este mundo pecaminoso e Imperfecto nubla nuestro entendimiento de las promesas. Como no podemos separar las promesas humanas de las promesas de Dios, no tomamos en serio ninguna de ellas, sino que nos orientamos más hacia la ley, las normas del cristianismo. La ley es confiable, segura; las promesas, no.

No obstante, ¿te has preguntado alguna vez por qué Dios le prometió a Abraham una vida que iba más allá de su Imaginación (Gén. 12:2, 3) antes de siquiera escribir los Diez Mandamientos (Éxo. 20)? El hecho de que pasaran 430 años hasta que Dios le presentó la ley a Israel sugiere que sus promesas son igual de importantes -o Incluso más- que las reglas que nos ordenó seguir. “Lo que trato de decir es lo siguiente: el acuerdo que Dios hizo con Abraham no podía anularse cuatrocientos treinta años más tarde —cuando Dios le dio la ley a Moisés—, porque Dios estaría rompiendo su promesa” (Gál. 3:17, NTV). Entonces, ¿cómo podemos los cristianos ayudar a otros a ver que la ley y la promesa van de la mano? ¿Cómo podemos hacerles entender que la promesa lleva a la ley y que la ley señala a la promesa? Se me ocurren dos simples pasos:

Da el arcoíris, como prueba de la confiabilidad de las promesas de Dios. Antes de que Dios prometiera hacer de la familia de Abraham una gran nación, creó el arcoíris como un recordatorio de que podemos confiar en él. Números 23:19 incluso dice que “Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer. ¿Acaso no cumple lo que promete ni lleva a cabo lo que dice?”. Podemos confiar en que Dios cumple lo que proclama; nunca nada podría cambiar eso, ni siquiera la ley.

Usa la prueba de fe de Abraham de Génesis 22 como un ejemplo de la relación inseparable entre la promesa y la ley. La promesa de Dios a Abraham revocó la orden que había dado a Abraham, lo cual ilustra el poder que la promesa tenía y todavía tiene hoy. La ley no puede dar vida, pero la promesa sí (Gál. 3:21, 22). Cualquier cosa que Dios nos pida que hagamos, cualquier cosa que proclamen sus leyes, no significaría nada si sus promesas no guían nuestros pasos.

Para pensar y debatir

¿Cómo te puedes preparar mejor para enseñar a otros que las promesas de Dios son muy superiores a la ley?

¿Cómo puedes ayudar a otros a ver que la promesa continúa siendo vital para nuestra vida diaria?

Mindi Vetter, Newmark Lake, Washington, EE.UU.

JUEVES 3 AGOSTO

¿UNA RELACIÓN O UNA GESTIÓN DE RIESGOS?

Opinión | Marc. 10:17-22; Rom. 4; Gál. 3; Heb. 11:8

“No es nada personal, es una cuestión de negocios”.

Esta frase suele utilizarse para calmar a una persona que acaba de descubrir que salió perdiendo en un acuerdo. Para evitar estos conflictos personales y minimizar el riesgo, se preparan y firman largos documentos legales. La “letra chica” detalla las consecuencias de cualquier incumplimiento. El contrato vincula a las partes. Si es un servicio, se realiza una tarea y el trabajador recibe su pago. La recompensa se basa en el trabajo.

¿Es lo mismo un contrato que una promesa? Piensa en las personas que prometen pasar tiempo de calidad contigo, ayudarte u orar por ti. Normalmente, son amigos o seres queridos. No necesitas un contrato escrito para las promesas en estas relaciones personales. Confías en ellos basándote en la historia de vida que compartiste con ellos. Es por eso que duele tanto cuando un romance termina. Lo que hizo de esa relación algo significativo y único fue el crecimiento de la confianza con el paso del tiempo.

En Gálatas, Pablo dirige su indignación hacia quienes Intentan limitar el corazón libre de los nuevos cristianos con las pesadas cadenas de un “contrato blindado”. El credo de ellos decía que una rígida obediencia a la ley les daría la vida eterna. Pablo les recuerda con vehemencia que la promesa a Abraham y el evangelio de Jesús tienen mayor importancia. Las promesas de Dios a Abraham se basaban en una relación. La parte de Dios era cumplir la promesa y guiar a Abraham a lo largo del camino.

¿Cuál era la parte de Abraham? Él creía en Dios sin necesidad de ninguna evidencia terrenal. Por la fe, Abraham entró en la historia que Dios había escrito para él. Así, física y espiritualmente comenzó una travesía de toda una vida hacia el desierto, sin siquiera saber hacia dónde se dirigía (Heb. 11:8). El cimiento de su existencia era su relación cercana y personal con Dios.

Marcos narra la historia del joven rico que se acercó a Jesús y le preguntó qué debía hacer para ganar la vida eterna. Con mucha seguridad, el joven mostró sus méritos. Había guardado todos los Mandamientos desde su nacimiento. ¿Cuál fue la respuesta de Jesús? Primero, Jesús miró su corazón y lo amó. Luego, le pidió que renunciara a todas sus posesiones, a cambio de ser su discípulo; para entrar en la hermosa fe ciega de seguir al Hijo de Dios a lo desconocido. En otras palabras, para tener una relación personal con su Salvador. Estaría Intercambiando lo que se veía por lo que no se veía. La Biblia dice: “Se fue triste porque tenía muchas riquezas” (Mar. 10:22). Él quería un contrato tangible, no el riesgo que acompañaba dar un salto al vacío de fe.

Tristemente, para él no era nada personal; tan solo era cuestión de negocios.

Para pensar y debatir

En tu experiencia en la iglesia, ¿sientes que el mayor énfasis está puesto en la salvación por la fe o en la salvación por las obras?

En tu vida, ¿te motiva más lo que Dios podría proveerte (un nuevo trabajo, por ejemplo) en vez de estar enfocado en su promesa para ti?

Laura Gang, Nashville, Tennessee, EE. UU.

VIERNES 4 AGOSTO

¡TODO SE HA CUMPLIDO!

Explora | Gál. 3:18 En resumen…

Números 23:19 nos recuerda que “Dios no es un simple mortal para mentir”. Por tanto, cuando Dios promete algo, se cumple, porque la palabra de Dios es el hecho en sí. Vemos demostraciones de eso en el relato de la Creación en Génesis, cuando Dios llamó a las cosas que no existían y aparecieron. En otras ocasiones, Dios declara, promete o invoca cosas que no aparecen inmediatamente, como su promesa a Abraham. Entonces, la ley llegó unos 430 años más tarde. ¿Revierte eso la promesa de Dios? La respuesta simple es ¡NO! La promesa a Abraham ya estaba cumplida cuando aquellas palabras salieron de la boca de Dios. Y sigue siendo relevante para nosotros hoy. Solo tenemos que aferramos de la promesa de Dios a Abraham, que somos justificados por gracia y heredaremos la vida eterna sin importar la presencia de la ley, ¡porque cualquier cosa que Dios promete se cumple!

Actividades sugeridas

» Crea una lámina, un mapa o un mural que haga una conexión entre el tiempo en que Dios hizo su promesa a Abraham y cómo la promesa sigue viva hoy.

» Escribe un texto corto sobre cómo nuestra sociedad moderna incentiva a las personas a romper promesas, en contraste con los mandatos que Dios nos da en la Biblia para que cumplamos nuestras promesas o con nuestra palabra.

» Escucha el himno “Todas las promesas” (N° 412 del Himnario Adventista). ¿Cómo podemos relacionar la canción con el tema de esta semana?

» Dirige un debate de grupo sobre la importancia de cumplir las promesas, y haz una relación con la promesa de Dios a Abraham y, por extensión, a nosotros.

» Reflexiona sobre un momento de tu vida en que tus padres -u otros adultos importantes para ti- te hicieron promesas que no cumplieron. ¿Cómo te sentiste? ¿Y en una ocasión en que sí cumplieron sus promesas? ¿Cuán diferentes fueron tus sentimientos? ¿Puedes visualizar a Dios cumpliendo contigo su promesa a Abraham?

» Crea una corta representación que conecte la época en que Dios hizo su promesa a Abraham y cómo la promesa sigue viva hoy.

» Observa los aspectos de la naturaleza que dan testimonio de que las promesas que Dios hace son verdaderas.

Lectura adicional

Santiago 5:12; 1 Juan 2:5; Deuteronomio 23:23.

Elena de White, Fe y obras, p. 47; Patriarcas y profetas, capítulo 11 (“El llamamiento de Abraham”).

Bruce Feiler, Abraham. Un viaje al corazón de tres religiones (Poliedro, 2002).

Nadine Joseph, Brooklyn, Nueva York, EE. UU.

¿Qué está queriendo transmitir Pablo con la analogía entre el testamento final de una persona y el pacto de Dios con Abraham? Gálatas 3:15 al 18.

Reemplaza la palabra “pacto” por “promesa” en los siguientes pasajes. ¿Cuál es la naturaleza del “pacto” en cada pasaje? ¿De qué manera el entender el pacto de Dios como una promesa aclara el significado del pasaje, y cómo nos ayuda a entender mejor lo que es un pacto? (Gén. 9:11-17; 15:18; 17:1-21). ¿Qué nos enseña esto, además, acerca del carácter de Dios, y de cómo podemos confiar en él?

Piensa detenidamente en todo lo que implicaría si Pablo efectivamente hubiera dado a entender que la fe anula la necesidad de guardar la ley. Entonces, por ejemplo, el adulterio, el robo, e Incluso el homicidio, ¿dejarían de ser pecados? Piensa en la tristeza, el dolor y el sufrimiento que podrías ahorrarte si simplemente obedecieras la ley de Dios. ¿Qué sufrimientos has padecido como resultado absoluto de la desobediencia a la ley de Dios?

En Gálatas 3:19 al 29, Pablo hace múltiples referencias a “la ley”. ¿A qué ley se está refiriendo Pablo primordialmente en esta sección de Gálatas?

¿Alguna vez has pensado para tus adentros: Si tan solo el Señor hiciera esto o aquello por mí, o lo de más allá, entonces nunca más dudaría de él ni lo cuestionaría? Sin embargo, piensa en lo que sucedió en el Sinaí, en la manifestación tan poderosa del poder de Dios que vieron los israelitas, y aun así, ¿qué hicieron? ¿Qué debería decirte esto, en cuanto a qué es la verdadera fe y cómo podemos conservarla? (Ver Col. 2:6).

Describe la naturaleza de los encuentros directos de Abraham con Dios. ¿Qué beneficio hubo en ese contacto directo con Dios? Considera Génesis 15:1 al 6; 18:1 al 33; 22:1 al 18.

Piensa en algunos de los encuentros que tuvieron otros personajes bíblicos con Dios: Adán y Eva en el Edén (Gén. 3); la escalera de Jacob (Gén. 28); Pablo, en el camino a Damasco (Hech. 9). Quizá no hayas experimentado algo tan dramático, pero ¿cómo se te ha revelado Dios personalmente? Pregúntate, también, si hay algo en tu vida personal que pudiera estar impidiendo que tengas la clase de intimidad y proximidad que experimentó Abraham con Dios. Si es así, ¿qué pasos puedes tomar para cambiar?

Piensa en todo este asunto de las promesas, especialmente las promesas incumplidas. ¿Cómo te sentiste con quienes no cumplieron su promesa contigo? ¿Hubo diferencia en el hecho de que la persona haya tenido la intención de cumplirla pero, luego, no pudo hacerlo o cambió de parecer, o si te diste cuenta de que la persona nunca tuvo la intención de cumplirla? ¿Qué sucedió con tu nivel de confianza después de que la promesa no se cumplió, por el motivo que fuera?

¿Qué significa para ti el hecho de saber que puedes confiar en las promesas de Dios? O, quizá, la pregunta debería ser: ¿Cómo puedes aprender a confiar en las promesas de Dios, por empezar?

¿En qué sentido estamos en peligro de corrompernos por causa de nuestro entorno, al punto de perder de vista las verdades importantes que Dios nos ha dado? ¿Cómo podemos concientizarnos sobre cuáles son esas influencias corruptoras, y cómo podemos contrarrestarlas?

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