Joven | Jueves 6 de julio 2017 | ¿Y Si…? | Escuela Sabática

JUEVES 6 JULIO

¿Y Si…?

Opinión | Hech. 15:1-5; Rom. 1:16,17; Gál. 1:6-10

Cuando comencé a asistir a la iglesia siendo adolescente, muy pronto me dijeron cómo debía “comportarme”. Había ciertas cosas que no debía hacer, y tenía que usar solo cierto tipo de ropa que se consideraba “apropiada”. Básicamente, tenía que encajar dentro de cierto molde para ser considerada como miembro… Y yo pensé que ser cristiana significaba eso.

Mi concepto de cristianismo, y mi fe, se desmoronaron las primeras semanas que comencé a asistir a una universidad adventista en otro país. La gente hacía cosas que yo pensaba que no estaban permitidas, y se vestía de manera diferente de lo que me habían hecho creer que se esperaba de un miembro de iglesia. Y aun así, era evidente que estas personas eran cristianas profundamente dedicadas, que amaban mucho a Dios.

Nuestra relación con Dios y la base de nuestra salvación, ¿dependen de lo que hacemos o no hacemos? Si es así, ¿dónde terminan las normas culturales y los prejuicios personales, y dónde comienza el verdadero evangelio?

Cuando se trata de de seguir a Dios y honrarlo, obviamente él espera que tengamos ciertas normas. Pero nos dio reglas, restricciones, e incluso los Diez Mandamientos, no para mostrarnos qué tenemos que hacer para pertenecer a la familia de Dios, sino para protegernos de las consecuencias no deseadas de desobedecer sus mandatos.

Nuestro deber para con Dios es reflejar su carácter. Después de todo, “todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu” (2 Cor. 3:18). En otras palabras, nos asemejamos a lo que prestamos atención. Pero sin importar lo que hagamos, lo hacemos por amor a Jesús, no por miedo a perdernos el cielo si hiciéramos algo diferente.

En cuanto a nuestra salvación, Dios la ofrece a “todos los que creen” (Rom. 1:16). En nuestra relación con él tenemos la seguridad de la salvación solamente sobre la base de la fe. Nuestras acciones deben agradar a Dios. Más aún, no somos nosotros quienes decidimos cómo debe comportarse la gente; eso es tarea de Dios.

Para pensar y debatir

¿Se te ocurre alguna “conducta cristiana” que provenga de normas culturales y prejuicios personales, pero que no esté basada en la Biblia?

¿Cómo puedes asegurarte de que estás buscando agradar a Dios con tu conducta, y no a los seres humanos?

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