Nisha vive al oeste de la India. Proviene de un hogar en el que se adoran ídolos. Su papá, Ravi, odiaba a los cristianos y a menudo amenazaba con atacar a la gente que visitaba las iglesias cristianas. Los vecinos de Nisha eran adventistas y Ravi a veces los amenazaba. Sin embargo, sus amenazas no lograban hacer que sus vecinos dejaran de adorar a Dios. Los vecinos tenían un arma secreta: la oración. LA VIGILIA DE ORACIÓN Los miembros de la Iglesia Adventista oraron durante semanas para que Dios tocara el corazón de Ravi. Sabían que Ravi no los escucharía. De hecho, ni los dejaría hablar. Así que, le pidieron al pastor que lo visitara y orara por él. Para sorpresa de Nisha, su papá permitió que el pastor y otros miembros de la iglesia fueran a su casa a orar por ellos. Los miembros de la iglesia regresaron varias veces a orar por la familia. Un día, el papá de Nisha se molestó mucho con su esposa, al punto de que comenzó a gritarle y la golpeó. Nisha sabía que su mamá estaba herida, y se asustó mucho. Cuando los vecinos adventistas escucharon lo que estaba ocurriendo, fueron a la casa de Nisha a orar por la familia. El padre no dijo nada, pero Nisha sabía que aún estaba molesto. Los vecinos también lo notaron, pero siguieron orando durante casi media hora. Luego ofrecieron llevar a la madre de Nisha al hospital, para que le curaran las heridas. LA INVITACIÓN Los vecinos continuaron visitando a la familia casi diariamente, para orar por ellos. Cuando la madre se sintió mejor, invitaron a toda la familia a visitar la iglesia. ¡El padre accedió! Nisha sentía mucha paz en la iglesia, a pesar de que no entendía todo lo que ocurría allí. La familia continuó asistiendo a la iglesia, y los vecinos continuaron yendo a orar por ellos. Entonces, un día el pastor invitó a los papás de Nisha a entregar sus corazones a Dios. El papá aceptó inmediatamente. Era la primera vez que Nisha recordaba ver a su padre sonreír. Nisha vio muchos cambios en su padre: dejó de tomar y nunca volvió a golpear a su mamá. Cuando salía de trabajar, ya no se iba a beber, sino que se iba para la casa y pasaba más tiempo con la familia. ¡Su papá y su mamá ahora incluso se unían a sus vecinos cuando salían a orar a los hogares! MISIÓN NIÑOS DIVISIÓN SUDASIÁTICA

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