Kiev, Ucrania 5 de ¡alio C r is tia n o s de v e r d a d , pa r te I Anna sabía que Dios la había llevado a que estudiara en la Universidad Estatal de Sarátov, ubicada junto al famoso río Volga, en Rusia. Él había obrado muchos milagros para llevarla allí, y ahora ya había terminado su carrera de Biología. Ansiosa de poner sus conocimientos en práctica, Anna comenzó a buscar trabajo, pero no consiguió nada. “Querido Dios -oró-. No encuentro trabajo, y no sé por qué. Pero sé que tú proveíste esta educación, y que tienes algo preparado para m í”. Y en verdad Dios tenía planes para Anna, de hecho mucho mayores de lo que ella pudo imaginar. Un día, el director de Jóvenes de la Asociación Volga le preguntó a Anna si a ella le interesaría servir como misionera en el nuevo programa Un año en misión (UAEM), una iniciativa especial de la Asociación General para entrenar adultos jóvenes y darles oportunidades para participar en la iniciativa Misión a las ciudades. El director de Jóvenes de la Asociación le dijo a Anna que la División Euroasiática estaba considerando a muchos prospectos, así que no podía garantizarle que la escogerían. Después de confirmarle su interés, oraron juntos, y luego Anna se olvidó del asunto. Un tiempo después, Anna recibió una llamada del director de Jóvenes de la División preguntándole si ella estaba realmente interesada en participar en el programa Un año en misión. “Sí, en verdad quiero hacer algo por Dios”, respondió Anna. Al poco tiempo se enteró de que había sido escogida para representar a la División Euroasiática en el programa UAEM, lanzado en la ciudad de Nueva York en el año 2013. Después de solucionar algunas dificultades con su visa, Anna llegó a Nueva York el 24 de enero de 2013, e inmediatamente se unió a los otros trece adultos jóvenes que representaban a todas las divisiones y campos de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Todos los jóvenes recibieron capacitación en las áreas de servicio comunitario, evangelización, obra médica misionera y comunicaciones. Los misioneros llevarían entonces su experiencia práctica y sus conocimientos a sus divisiones de origen, en donde dirigirían y adiestrarían a un equipo de diez voluntarios de cada Unión de sus divisiones. De esta manera, el efecto misionero se multiplicaría como las olas del mar. “Lo más importante para nosotros era reavivar a la iglesia, así que tratamos de aplicar únicamente el método de Cristo: relacionarnos con la gente, identificar sus necesidades, darles estudios bíblicos e invitarlos a seguir a Jesús”, dijo Anna. Cada día los misioneros UAEM salieron por los vecindarios a tocar puertas. “¡Hola! Hace poco llegamos a este lugar y queremos saludarlo. Somos sus nuevos vecinos, y queremos ser sus amigos”. La mayoría de los vecinos en esa área eran de India o Nepal, y algunos invitaron al misionero a pasar para conversar. “Cuando hablamos, nos hicimos amigos y nos escucharon -cuenta Anna-. Les preguntamos si les interesaba estudiar la MISIÓN ADVENTISTA:

Informativo Misión Jóvenes Adultos - Escuela Sabática - Tercer trimestre 2014

Informativo Misión Jóvenes Adultos – Escuela Sabática – Tercer trimestre 2014

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