Misionero 1India

Portador de esperanza

Toc, toc, toc. Emanuel llamó cortésmente a la puerta de la casa. Nadie vino hasta la puerta, por lo que volvió a llamar, aunque más fuerte esta vez. Justo cuando llegó a la conclusión de que no había nadie, la puerta se abrió, y entonces pudo ver a una mujer con lágrimas en sus ojos y que le corrían por sus mejillas.

Emanuel se sorprendió, pero después de una breve pausa, se presentó y le explicó a la mujer que era un pastor pionero de Misión Global. Le contó que estaba planificando algunas reuniones de oración en la aldea, y que estaba llamando a todas las puertas de la zona para invitar a las personas. También estaba planificando algunas reuniones para los niños, en las que podrían cantar y escuchar historias.

Cuando él terminó de hablar, la mujer comenzó a llorar otra vez, por lo que Emanuel le preguntó con delicadeza qué le sucedía, y le dijo si había algo que él pudiera hacer para ayudarla. Al comienzo tuvo que insistir, pero muy pronto la mujer comenzó a hablar.

-Tengo tantos problemas. Ni siquiera sé por dónde empezar -dijo la mujer-. Pero quizá mi problema mayor es que mi esposo y yo no hemos podido tener hijos. Eso es motivo de una profunda tristeza. Es asombroso que usted haya llamado a la puerta en ese preciso instante, porque mi esposo y yo nos estábamos preparando para suicidarnos.

En los últimos tiempos, hemos tenido muchísimos problemas; y en algún momento mi esposo oyó una voz que le ordenaba que se quitara la vida, y yo también la oí. Nos estamos preparando para morir.

Emanuel escuchó con atención lo que le contaba la mujer, y entonces le dijo: -M e siento muy feliz de haber llegado a tiempo para darle buenas noticias. ¿Sabía usted que Dios la ama y tiene planes de darle un futuro glorioso? Yo no sé qué implica ese futuro, porque solo Dios lo sabe, pero lo que sí sé es que él puede ayudarla y hacer que ustedes dos disfruten de una vida gozosa y feliz.

La mujer invitó a Emanuel a entrar en su hogar, y entonces él dedicó una larga tarde para hablar con ella y con su esposo, leyéndoles versículos de la Biblia y orando con ellos, además de contarles algo más de su trabajo.

Al día siguiente, regresó nuevamente a visitarlos, y así continuó visitando al matrimonio de manera periódica. Ellos se sintieron felices de haber encontrado esa nueva fe.

Aunque aún tenían el deseo de tener un hijo, se olvidaron de la profunda desesperación que habían sentido en el pasado. Después de un tiempo, comenzaron a acompañarlo en la tarea de llamar a las puertas, visitar las aldeas vecinas, dar estudios bíblicos, y compartir la historia de la manera en que habían recuperado la esperanza en el último minuto de su vida.

LOS NINOS PRIMERO

Emanuel ha sido pastor pionero de Misión Global durante un año. Cuando llegó por primera vez a la aldea en la que vive, había allí solamente dos familias de ancianos que dijeron que eran adventistas.

Es una aldea pobre, donde no hay muchas oportunidades laborales. La gente tiene huertas en su casa, pero no siempre cae la lluvia suficiente. El agua es escasa. Algunos lugareños viajan hasta otro pueblo para trabajar en un molino de algodón.

Emanuel podía ver que había muchas cosas que él podía hacer, al dar esperanza a la gente de la aldea. Aunque él no podía conseguirles trabajo a todos, podía hacer que conocieran al Padre celestial que se interesa por ellos.

Así, comenzó a invitar a los niños para que escucharan las historias de la Biblia y aprendieran cánticos. Emanuel está convencido de que los niños son esenciales para el evangelismo, porque no solo son la próxima generación de creyentes, sino también pueden atraer a sus padres una vez que sus corazones infantiles son tocados con el mensaje del evangelio.

Durante seis meses, Emanuel organizó reuniones solamente para los niños. A medida que los iba conociendo, comenzó también a conocer a sus padres. Así, pudo ayudar a algunos de ellos que estaban experimentando dificultades, de las cuales se enteró al hablar con los niños. Las familias se sintieron muy agradecidas por su ayuda y sus oraciones, y entonces comenzaron a contarles a sus amigos del poder de Dios.

Muy pronto Emanuel empezó a ofrecer estudios bíblicos y reuniones de oración también para los adultos, hasta que en la aldea se formó un gran grupo de creyentes, que comenzó a reunirse bajo unos cocoteros.

Emanuel realiza grandes esfuerzos y trabaja mucho cada día para marcar una diferencia en la vida de la gente que vive en su lugar de labor. Él sabe bien que Dios siempre lo acompaña, que lo guía en su tarea de esparcir las buenas nuevas del amor de Jesús.

La ofrenda del decimotercer sábado de este trimestre ayudará a construir siete iglesias en la India, para que más grupos como los que se reúnen bajo los cocoteros puedan tener una iglesia en la cual congregarse para adorar a Dios. Planifique, por favor, una generosa contribución para el próximo 28 de junio.

CAPSULA INFORMATIVA

–          La India es el séptimo país más grande del mundo según su superficie, y cuenta con una sexta parte de la población mundial (más de mil millones de personas). En este aspecto, solo es superada por la China.

–          La India tiene diez mil ciudades grandes, que incluyen a cincuenta con una población superior al millón de personas. A pesar de ello, muchos aún viven en los más de seiscientos mil pueblos y aldeas del país.

–          Aunque la economía de la India está creciendo a pasos agigantados, muchas personas aún viven por debajo de la línea de pobreza. Casi la mitad de los habitantes del país no sabe leer ni escribir. Muchos sufren de enfermedades y consumen alimentos de muy baja calidad.

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