Misionero 1 India

19 de abril

 LA LEY Y EL TESTIMONIO

Mi padre era católico; y mi madre, hindú. Pero, cuando era niña, solía asistir a una iglesia carismática que estaba cerca de mi casa. Allí recibí un Nuevo Testamento, y mientras estaba leyendo el libro de Apocalipsis, comencé a preguntarme qué significaría todo lo que leía.

Entonces, me invitaron a una reunión que estaban organizando algunos adventistas. El pastor habló del Apocalipsis. Cada viernes fui a estas reuniones y aprendí más sobre este fascinante libro. Al comienzo, a mis padres no les importó mucho, pero cuando me rehusé a seguir comiendo carne y me quité todas las joyas, empezaron a ponerme objeciones.

Mi familia comía carne y, en la cultura india, las joyas son una señal de belleza. Mi padre quería que contrajera matrimonio con un católico, y él sabía bien que ningún católico querría por esposa a una vegetariana sin ornamentos.

Por ese entonces, trabajaba como recepcionista en una compañía legal que estaba abierta seis días a la semana. Les pedí que me dieran libres los sábados, pero el gerente se rehusó a concederme lo pedido, y me dijo que tenía que escoger entre el trabajo y Dios.

“Mi decisión es seguir a Dios”, le dije.

Mis padres se molestaron mucho cuando renuncié al trabajo, porque ellos dependían de mi salario. Pero elevé una oración para que Dios me ayudara a hallar un trabajo en el que no tuviera que quebrantar el sábado. Seis meses después, encontré trabajo como mecanógrafa en una institución adventista. Alabo a Dios por ello. Mi padre también ha pensado en hacerse adventista, pero él está demasiado interesado en su trabajo como para tomar la decisión de seguir la fe que yo amo.

Antes de dejar la compañía legal, pude compartir mi fe con una de las abogadas de la firma. A continuación, comparto su historia.

 KALAIVANI, UNA JOVEN ABOGADA DE 29 AÑOS QUE TRABAJA EN MADRAS

Cuando estaba en el décimo grado, un compañero de clase me habló de Jesús Después de aprobar los exámenes nacionales al final del décimo grado, sentí que tenía más fe y que confiaba en que Dios se interesaba en mí. Aun así, sabía que no tenía dinero para continuar los estudios. Elevé entonces una oración a Dios a fin de que él me ayudara a seguir estudiando, y él me brindó los medios para hacerlo. Terminé el duodécimo grado y seguí estudiando hasta completar mi título de grado en Matemáticas.

La escuela dominical a la que asistía me animó a que siguiera estudiando, y así obtuve un título en leyes y me uní a la compañía como socia minoritaria. Allí pude comenzar a ayudar a mi familia, y aun los socios mayoritarios de la compañía lo hicieron.

Había trabajado en esta compañía durante tres años cuando nuestra recepcionista, llamada Geetha, se unió a la Iglesia Adventista. Geetha comenzó a hablarme de los adventistas. Ella me invitó a visitar su iglesia, y así lo hice. En mi propia iglesia, el pastor solía leer un texto de la Biblia, y entonces entretejía historias y más historias para dejar una enseñanza.

Pero estos adventistas eran diferentes. El pastor fundamentaba todo lo que decía con textos bíblicos. Pero yo estaba acostumbrada a la música enérgica y con alto volumen que había en mi iglesia, que realmente me resultaba muy estimulante.

El culto de la Iglesia Adventista era mucho más sencillo. No había en esa iglesia música que incrementara mis niveles de adrenalina. Al comienzo, eso me aburrió un poco, pero Geetha me invitó una vez más. Esta vez aprendí más sobre las creencias de los adventistas y me sentí atraída por sus enseñanzas. Me gustó especialmente el mensaje de temperancia, el consejo de abstenerse del café y del té, y de adoptar un estilo de vida que incluyera alimentos vegetarianos.

Me llevó mucho tiempo estudiar lo que dice la Biblia y comparar lo que enseñaba mi ex iglesia con las enseñanzas de la Iglesia Adventista, antes de pedir también los sábados libres. La compañía legal se rehusó a mi pedido.

Amenacé con renunciar si no me daban el sábado libre. El socio mayoritario me dijo que, si me iba, tendría que devolver todos los favores que le habían hecho a mi familia. Me llevaría catorce años pagar lo que según ellos les debía, pero mi deseo era seguir los requerimientos de Dios, por lo que finalmente tomé la decisión de renunciar a la compañía legal con la promesa de ir devolviéndoles el dinero con un pago mensual. Dos días después, encontré trabajo en otra compañía legal que me daba los sábados libres, y con un salario similar al que tenía.

Ahora estoy asistiendo a la clase bautismal de la iglesia, y espero ser bautizada muy pronto. Agradezco a Dios porque hizo que todas las cosas fueran para bien, y porque él abrió el camino para que yo lo siguiera en toda la verdad.

Aún vivo con mis padres, que se han enojado mucho conmigo porque decidí cambiar de trabajo. Para la cultura india, una mujer soltera suele vivir con sus padres hasta que contraiga matrimonio. El dinero que gane se convierte en el dinero de la familia. Confío en que Dios me abrirá el camino para que yo pueda honrar a mis padres sin dejar de ser fiel a él.

CAPSULA INFORMATIVA

  • En el sur de Asia, hay tres mil congregaciones que no tienen un lugar decente en el cual adorar a Dios. Muchos se burlan de los cristianos cuyo Dios, dicen ellos, no les ha dado un lugar de adoración.

Cuando se construye una iglesia, la feligresía del lugar crece a pasos agigantados.

  • Parte de la ofrenda del decimotercer sábado de este trimestre ayudará a construir siete iglesias para congregaciones ya existentes de la India.
  • Si desea más información sobre los proyectos misioneros del decimotercer sábado, visite www.AdventistMission.org y presione en DVD.

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