Escuela Sabática Jóvenes | Sábado 22 de septiembre 2018 | La persistente búsqueda de la gracia

‘No temas, Pablo. Es necesario que comparezcas ante el César” (Hech. 27:24, RVA 2015).
SÁBADO 22 SEPTIEMBRE
LA PERSISTENTE BÚSQUEDA DE LA GRACIA
Introducción: Hech. 23:11.
Muchas veces, en nuestra experiencia con Cristo nos sentimos culpables porque no llegamos a ser como él es. La culpa es resultado de la convicción espiritual que tenemos luego de pecar. El ciclo de 1) vivir por Cristo, 2) no lograr ser como él y 3) luego pedir perdón, sucede más de lo que nos gustaría admitir. Sin embargo, ¡Dios es persistente!
La Biblia dice que él nos busca persistentemente, incluso aunque caigamos de la gracia. ¿No estás increíblemente agradecido por Jesús? Él es omnipresente, omnisapiente y todopoderoso, y se preocupa tanto que hace de cada alma individual su prioridad. ¡Nosotros le Importamos! Más que eso, anhela tener una relación íntima con nosotros.
En Hechos 23:11, la Biblia menciona que aquella noche, el Señor se acercó a Pablo y le habló. En ese momento, Pablo estaba en una celda de prisión. Lo habían apresado por predicar la verdad sobre Cristo a quienes no estaban listos para recibirla. No obstante, en medio de su angustia. Cristo lo buscó donde estaba. Dios lo encontró en uno de los lugares más bajos en que podría estar, en la prisión. A pesar de que Pablo -cuando se llamaba Saulo- había dedicado su vida a llevar a prisión a los cristianos, Cristo aun así lo perdonó. Y no solo lo perdonó, sino también volvió a restaurar su situación ante Dios, para que pudiera continuar su misión, divulgando el evangelio a todo el mundo.
Avancemos un poco más. Mientras servía a Dios en espíritu y en verdad, Cristo dio a conocer su presencia. La presencia de Dios es el lugar más poderoso en el que podamos estar, y es el lugar en que todos deberíamos anhelar estar, para poder oír su voz y saber qué pasos dar. Lo más asombroso de la presencia de Dios es cuán tangible es. La voz de Dios, y su presencia, son tangibles. Esto quiere decir que no importa dónde vayamos o dónde nos lleve la vida, podemos clamar al Señor en medio de la tempestad. Este privilegio es un don, y también un poder espiritual sobre el enemigo. Cuando la presencia de Dios entra, todo el infierno debe irse. Esto incluye las dudas, el estrés, la ansiedad, la depresión y mucho más. Todo se desvanece ante la primera vislumbre de su presencia. Como cristianos, siempre tendremos la victoria sobre el enemigo porque su presencia nos restaura.
Racquel M. Richards, Lawrenceville, Georgia. EE.UU.
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