Escuela Sabática Jóvenes | Martes 17 de julio del 2018 | Suplir las necesidades de la familia

MARTES 17 JULIO
SUPLIR LAS NECESIDADES DE LA FAMILIA
Evidencia – Hech. 2:42-47; 4:1-18; 5:1-11,29-33,41,42.
A menudo, la iglesia enfatiza la necesidad de “buscar a los perdidos”; anunciamos “revives”; organizamos estudios bíblicos y repartimos libros y volantes, como esfuerzos por completar “la Gran Comisión”. Mostramos mucho celo por traer personas al cuerpo de Cristo. Pero a veces no mostramos tanto interés en su experiencia espiritual. ¿Acaso pensamos que las personas son solo números, y una vez que están bautizadas ignoramos sus luchas y pasamos al próximo converso en potencia? Somos familia en Cristo, y deberíamos preocuparnos por las dificultades y la opresión de nuestros hermanos y hermanas.

La cuestión de la justicia social a menudo puede sacar a la luz dudas. Con toda la discordia y la atención que se da a los frentes sociales, es fácil cuestionar que también tengamos que participar en ello. Sin embargo, cuando damos un paso atrás en ello nos vemos confrontados por una oposición constante de todo tipo; para algunos, es un conflicto que existe en sus propios hogares. Muchos cristianos debaten si deberíamos vivir fuera del ámbito de la justicia social, pero la evidencia nos muestra que ya estamos en él.

La teoría de la interseccionalidad revela que un individuo puede tener varias identidades sociales superpuestas. En otras palabras, no eres solamente un cristiano, también te caracterizas según tu raza, género, clase y habilidades. Aunque el hombre ha sistematizado estos constructos sociales para crear órdenes de poder, nos encontramos en medio de las complejidades, y nos vemos afectados por ellas.

Pedro y Juan convirtieron en su misión el compartir el amor de Jesús con un mundo quebrantado. A través de la comunión entre creyentes, crearon relaciones estables genuinas, y hasta estuvieron dispuestos a enfrentar arrestos y la muerte misma, con tal de dar sanidad, arrepentimiento y salvación a los nuevos creyentes (Hech. 4:1-18; 5:33, 41, 42). Los creyentes respondieron al amor de Dios por medio de acciones: “Vendían sus propiedades” y “compartían sus bienes entre sí”, para que los discípulos también pudieran moverse libremente en Cristo (Hech. 2:45).

Ananías y Safira presentaron un marcado contraste: mintieron al decir que dieron a los discípulos toda la ganancia de la propiedad que habían vendido, cuando en realidad se quedaron con una parte del dinero para ellos (5:1-11). En este pasaje, “quedarse” sería, más bien, algo así como “abandonar”, y eso es exactamente lo que hicieron. Abandonaron el llamado a poner a los demás por encima de sus deseos personales, abandonaron la reverencia a Dios en su deshonestidad y falta de lealtad a la familia en Cristo, y abandonaron su llamado a reflejar al Salvador.

En el cielo, Cristo vio nuestra necesidad. Dejó su zona de comodidad; vivió con nosotros; luchó por nuestra injusticia contra nuestro opresor, Satanás; murió por voluntad propia para que podamos vivir justificados en él; y continúa siendo nuestro gran Abogado. Que el ejemplo de Cristo nos enseñe no solo a ganar almas para él, sino también a guiarlas a la restauración, por medio de nuestro amor, comunión y sacrificio.

Monique Marisa Norris, Kissimmee, Florida, EE UU.
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Escuela Sabática Lección Jóvenes
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Narración: Hugo Lamela

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