Escuela Sabática Jóvenes | Domingo 8 de julio del 2018 | El Pentecostés y la promesa

DOMINGO 8 JULIO
EL PENTECOSTÉS Y LA PROMESA
Evidencia – Efe. 1:13,14.
El Pentecostés, también conocido como la “Fiesta de las Semanas” (Lev. 23:15-17), era una de las seis fiestas anuales que celebraba el pueblo judío. La palabra “Pentecostés” proviene de un adjetivo griego que significa quincuagésimo, lo cual hace referencia a que el Pentecostés se celebraba cincuenta días después de la Ceremonia de la Gavilla de la ofrenda mecida (23:15-17).
Las fiestas anuales, incluyendo el Pentecostés, fueron instituidas por dos razones importantes: 1) para ayudar a los Israelitas a recordar las obras milagrosas de Dios en el pasado; y 2) para dirigir sus mentes a las preciosas promesas de Dios para el futuro. Por ejemplo, la fiesta de la Pascua (Lev. 23:5) no solo conmemoraba la liberación de los israelitas de la esclavitud egipcia, sino también señalaba hada la promesa de salvación mediante Jesús. El cordero de la Pascua debía ser sin defecto (Éxo. 12:5), y no se le debía quebrar ningún hueso (12:46). El cordero sacrificado en la Pascua señalaba directamente a Jesús, el Cordero de Dios, sacrificado por nosotros, “que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).
De manera similar, el Pentecostés tenía un doble propósito: 1) recordaba las abundantes bendiciones de Dios durante la temporada de la cosecha, y 2) también señalaba al futuro, al día trascendental de Hechos 2, en el cual la primera gran cosecha de almas su sumó al cuerpo de Cristo. La fiesta del Pentecostés era una celebración gozosa que expresaba agradecimiento a Dios por las primicias de la cosecha. Durante esta fiesta, los israelitas debían llevar una ofrenda de grano nuevo -las “primicias”- de la última cosecha, así como ofrendas voluntarias en proporción a cuánto los había bendecido Dios (Lev. 23:16; Deut. 16:10). Por consiguiente, la fiesta era una representación adecuada de la cosecha espiritual que sucedió aquel día glorioso en Hechos 2.
Luego del derramamiento del Espíritu Santo, Pedro predicó ante la multitud reunida, y se bautizaron tres mil almas (Hech. 2:41). La semilla que Jesús había sembrado durante esos tres años y medio de ministerio, combinada con un derramamiento de poder sin precedentes, produjo una cosecha abundante. Al estudiar Hechos 2 podemos mirar con mucha esperanza y anticipación la cosecha abundante que resultará durante los días de la lluvia tardía. Como nos recuerda Stephen Haskell: “Esta gran cosecha de almas en la Fiesta de las Primicias antitípica fue solo el comienzo de una cosecha mayor que será reunida al fin de los tiempos”. El Pentecostés nos recuerda que Dios cumple su promesa. El Espíritu Santo es el cumplimiento de la promesa, así como nuestra garantía de que Dios terminará la obra que comenzó (Efe. 1:13,14).

PARA PENSAR Y DEBATIR
¿De qué manera el Pentecostés nos recuerda que Dios cumple sus promesas?
¿De qué manera nos da una mayor esperanza al esperar la lluvia tardía?
Cheryl Cathlin, Newport News, Virginia, EE UU.
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Escuela Sabática lección para Jóvenes
Esta semana estudiamos la lección 2: El Pentecostés
Para el 14 de julio del 2018
Lecciones de Escuela Sabática – Tercer trimestre 2018
EL LIBRO DE HECHOS
Narración: Hugo Lamela

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