El sábado enseñaré | Lección 3 | La unidad del evangelio | Escuela Sabática | Edición para maestros

El sábado enseñaré…

Texto clave: Filipenses 2:2.

Enseña a tu clase a:

Saber: Examinar la verdadera base de la unidad entre creyentes que son tan diferentes como lo eran los judíos de los gentiles.

Sentir: Apreciar el nivel de tensión y preocupación que rodeaba la cuestión de la circuncisión a la luz del evangelio de la gracia.

Hacer: Decidir mantenerse firmes en las doctrinas fundamentales de la fe y la gracia.

Bosquejo de la lección:

 I. Saber: Una tradición antigua con cara nueva

A. ¿De qué manera los mandatos de Dios relacionados con la circuncisión se habían convertido en una tradición legalista que cegaba a muchos al significado verdadero de la salvación?

B. ¿Por qué el evangelio de la gracia es la mejor forma de unificar la vasta diversidad de la membresía de la iglesia?

 II. Sentir: Problemas en la iglesia

B. A pesar de la necesidad de unidad en la joven iglesia, ¿por qué Pablo sintió que era muy necesario oponerse públicamente a Pedro, quien buscaba adoptar una postura de menor confrontación respecto de las costumbres judías?

B. ¿Qué peligros graves amenazaban a quienes no querían confrontar la cuestión de la circuncisión?

 III. Hacer: Unidad en la diversidad

 A. ¿Qué desafíos trae la diversidad a nuestra iglesia?

B. ¿Qué necesitamos hacer para identificar y construir sobre la base verdadera de la unidad sin comprometer el evangelio?

Resumen: Al depender de las tradiciones judías que cegaban a la iglesia primitiva al asunto crítico de la fe en la obra de Cristo, la iglesia estaba en peligro

de perder su comprensión del evangelio.

Ciclo de aprendizaje

Concepto clave para el crecimiento espiritual: La unidad es una de las características principales de la iglesia cristiana verdadera, pero no implica simplemente la evasión del conflicto o el ocultamiento de las diferencias legítimas; debe estar fundada en el evangelio.

{1: ¡Motiva!}

  • Solo para los maestros: Enfatiza el hecho de que, aunque generalmente se predica la tolerancia y el respeto mutuos en la vida de la Iglesia, algunas veces se logra más para la unidad cristiana si se confronta el error, aunque sea de formas que pueden parecer divisorias.

Teniendo en cuenta que utilizaremos ciertos términos taxonómicos para ejemplificar, ¿piensas que eres un “agrupador” o un “divisor”? En la mayoría de las disciplinas (biología, por ejemplo), es necesario clasificar los ejemplares individuales dentro de un marco más grande. Supongamos que tienes una criatura verde y escamosa. ¿Es un reptil, un anfibio, o algo totalmente nuevo y desconocido? Si es un anfibio, ¿es una rana? ¿Es un sapo? ¿Podría ser una salamandra? ¿O es algo totalmente nuevo? Si eres biólogo, tu respuesta puede depender de si eres un agrupador o un divisor. El agrupador buscará la categoría con la que el nuevo espécimen tiene más cosas en común y tendrá la tendencia a considerar que las diferencias no tienen mucha importancia. El divisor se concentrará en las diferencias, y tendrá la tendencia a multiplicar las categorías y subcategorías para definir en sentido estricto la identidad del espécimen. Un observador objetivo generalmente tendrá que admitir que ambos presentan un buen argumento.

Estas dos corrientes existen en la iglesia también, y la mayoría de nosotros preferirá una forma más que la otra. Los agrupadores tendrán la tendencia a buscar la unidad. En el peor de los casos, esta tendencia se convierte en una búsqueda de la paz a cualquier costo, en la que la herejía o la inmoralidad se ignoran o se pasan por alto para evitar el conflicto.

Los divisores tendrán la tendencia a dividir la iglesia, basados en asuntos arcaicos de doctrina o de práctica que tienen poco que ver con los asuntos más importantes para la fe cristiana. Todos hemos escuchado acerca de iglesias y confesiones religiosas que se multiplican y terminan siendo miríadas de facciones en contienda. Si las examináramos de cerca, probablemente encontraríamos una predominancia de divisores en esos grupos.

Pablo buscaba la unidad, y en ese sentido era un agrupador. Pero no aceptaba la unidad a menos que estuviese basada en el único evangelio. No estaba dispuesto a acomodarse a aquellos que predicaban otro evangelio que no fuese el evangelio; en ese sentido, era un divisor. Como cristianos, debemos saber cuándo ser agrupadores y cuándo ser divisores, y solo Dios nos puede dar la sabiduría y el discernimiento necesarios para eso.

Diálogo inicial: ¿Qué es la unidad verdadera en el sentido del Nuevo Testamento, y por qué las personas que tienen una disposición natural a ser agru-padoras o divisoras podrían fracasar en captar el significado de ella?

{2: ¡Explora!}

  • Solo para los maestros: Enfatiza la importancia que tiene la unidad en la iglesia como forma de revelar la unidad y la armonía representadas en la Trinidad, y la gracia y la paz que Dios nos da como individuos.

Comentario de la Biblia

I. El fundamento de la unidad cristiana

(Repasa, con tu clase, Juan 17:21; 1 Corintios 1:10-13.)

La unidad en la iglesia cristiana fue, y es, no solo un imperativo organizacional sino también un imperativo teológico. Mientras Jesucristo se imaginaba el futuro de su iglesia, una de las primeras cosas que deseó para ella fue “que todos sean uno” (Juan 17:21). Había muchas razones para tener este objetivo. Obviamente, la iglesia funcionaría de forma más eficiente si sus miembros estaban unidos en fe, práctica y objetivos. Por eso, las organizaciones seculares o las corporaciones con fines de lucro a menudo requieren que sus empleados estén de acuerdo con una declaración de misión.

Y en un organismo que asevera servir a Dios o a un propósito elevado, la desunión es mal vista. Si se espera que la iglesia sane la brecha entre Dios y la raza humana, a todos los demás (como dijeron los Beatles en su canción Revolution) “les encantaría ver el plan”. Ellos pueden ver el plan al observar la forma en que la iglesia funciona. Cuando ven una iglesia desordenada, en cierto sentido tienen un justificativo para cuestionar si existe algo más que eso. La unidad nos ayuda a representar mejor a Dios frente a las personas que no lo conocen todavía pero que podrían estar abiertas a esa oportunidad.

Y esto nos lleva al punto teológico. La iglesia representa a Dios hasta el punto de decir que es su cuerpo en la Tierra (Rom. 12:5; 1 Cor. 12:12-27; Efe. 3:6; 5:23). Si dejamos de lado el hecho de que el cuerpo es una unidad funcional conformada por muchas partes (sin por eso decir que esta distinción de diversidad no es importante también), la iglesia, en cierto sentido, es Cristo. Cristo es Dios, y Dios es una unidad armónica de tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Si la iglesia ha de reflejar a Dios, debería ser una unidad armónica de personalidades diferentes incluidas en ella. Si esto no es una realidad la mayor parte del tiempo, si la iglesia no está trabajando en forma sistemática en pro de ese ideal, se convierte simplemente en otra organización dedicada a perpetuarse y servir a agendas egoístas. Es así de simple.

A su vez, la unidad cristiana no solo consiste en la unidad o las relaciones armoniosas entre los miembros. La unidad cristiana es unidad en Cristo. En la iglesia primitiva, gran parte de la desunión que se manifestaba era resultado de una confianza infundada en los líderes humanos, como lo menciona Pablo en 1 Corintios 1:10 al 13. Y, hasta cierto punto, esta confianza infundada también tuvo mucho que ver con el dilema de los gálatas. Los oponentes de Pablo sabían que podían sembrar dudas y sospechas acerca de Pablo como persona y, quizás, inspirar confianza en ellos mismos debido a su carisma, sus cualidades personales o meramente por una descarada seguridad propia. En contraste, Pablo se concentraba en el evangelio verdadero, que debería ser la fuerza unificadora verdadera entre los cristianos.

Considera: ¿Cuáles son algunos de los peligros más obvios de depositar nuestra confianza en los líderes humanos en vez de en Cristo?

II. Hablemos acerca de la circuncisión

(Repasa, con tu clase, Gálatas 5:2-6.)

A menudo se dice que los oponentes de Pablo, conocidos como judaizantes, querían que los conversos al cristianismo se hicieran judíos, y eso es cierto. Algunos consideran que este enunciado significa que los judaizantes querían que los cristianos gentiles se circuncidaran y observaran otras costumbres judías más recónditas. Sin embargo, la mayoría de los eruditos coinciden en que esto no era así para todos los judaizantes. Además, había un lugar para los gentiles justos tanto en el judaismo normativo de esa época como en las maquinaciones de algunos cristianos judaizantes. Había una clase de personas conocida como “los que temen a Dios”. Eran gentiles que adoptaron algunas creencias, costumbres y prácticas judías. Participaban de la vida de la sinagoga, hasta cierto punto, y eran aceptados, también en cierto grado. Pero no estaban totalmente convertidos, principalmente porque no se habían circuncidado. En esa condición, el estatus que ocupaban era decididamente de segunda clase.

La iglesia cristiana de la época aún no había llegado a un consenso respecto de qué hacer con los gentiles conversos, pero estos existían y tenían un papel muy importante en las iglesias cristianas primitivas. En ese sentido, era un hecho consumado.

Según las evidencias bíblicas, aunque los líderes de la iglesia de Jerusalén eran judíos, y obedecían las leyes y las costumbres judías, aparentemente no tuvieron un rol activo en la controversia que se iba formando. Otros, especialmente los judaizantes a quienes Pablo confrontó en Galacia, adoptaban activamente el papel de “mejorar” a los conversos gentiles, con la expectativa de que tuvieran un nivel más elevado de pertenencia o logro espiritual que los gentiles al pasar por una conversión completa al judaismo; una élite de superconversos, por decirlo de alguna manera.

Pablo vio certeramente en esta agenda algo que perjudicaría la unidad y la igualdad ante Dios que debería existir en la iglesia. Los judaizantes distorsionaron el evangelio al sugerir que podía mejorarse o fortificarse mediante algo más y que la gente que añadía (o sustraía) ese algo más, de alguna forma, ocupaba una posición más importante. Por esto, Pablo dice en Gálatas 5:2 que cualquiera que esté circuncidado bajo esa suposición no se hace ningún bien y posiblemente se autoinflige un daño espiritual.

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