Diálogo Bíblico | Miércoles 27 de mayo 2015 | Definición de amor: parábola del buen samaritano – 1a parte | Escuela Sabática 2015


Miércoles 27 de mayo
DEFINICIÓN DE AMOR: PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO – 1A PARTE
De los cuatro evangelios, solo Lucas registra las parábolas del hijo pródigo y del buen samaritano (Luc. 10:25-37). La primera ilustra la dimensión vertical del amor, el extraordinario amor del Padre hacia los pecadores. La segunda muestra la dimensión horizontal: la clase de amor que debería caracterizar la vida humana, rehusando reconocer cualquier barrera entre los humanos pero viviendo, en cambio, dentro de la definición de Jesús de un “prójimo”: que todos los seres humanos son hijos de Dios, y merecen ser amados y tratados con igualdad.
Lee Lucas 10:25 al 28, y reflexiona sobre las dos preguntas centrales que plantea. ¿Cómo se relaciona cada pregunta con las preocupaciones principales de la fe y la vida cristianas?
1. “Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?” (vers. 25).
Nota que el intérprete de la Ley buscaba una manera de heredar la vida eterna. Ser salvo del pecado y entrar al Reino de Dios son las aspiraciones más nobles que podemos tener, pero el intérprete de la Ley, como tantos otros, había crecido con el concepto falso de que la vida eterna es algo que podemos ganar con buenas obras. Evidentemente, él no tenía conocimiento de que “la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom. 6:23).
2. “¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?” (vers. 26).
Durante el tiempo de Jesús, era costumbre de los judíos prominentes, tales como este intérprete de la ley, llevar atada a su muñeca una filacteria. Esta era un pequeño estuche que tenía escrita alguna gran porción de la Torá, incluyendo la que respondería la pregunta de Jesús. Jesús dirigió al doctor de la Ley a lo que está escrito en Deuteronomio (6:5) y en Levítico (19:18), exactamente lo que él podría haber estado llevando en su filacteria. Él podía tener la respuesta a su pregunta en su muñeca, pero no en su corazón. Jesús lo dirigió a una gran verdad: la vida eterna no es un asunto de guardar reglas, sino que demanda amar a Dios en forma absoluta y sin reservas, como también amar, de igual modo, a toda la creación de Dios: “el prójimo”, para ser preciso. Sin embargo, ya sea por ignorancia o por arrogancia, el doctor continuó el diálogo con otra pregunta: “¿Quién es mi prójimo?”
¿Qué evidencia externa revela que realmente has sido salvado por gracia? Es decir, ¿qué hay en tu vida que muestra que eres justificado por fe?

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