Diálogo Bíblico | Miércoles 26 de julio 2017 | El evangelio en el Antiguo Testamento | Escuela Sabática

Miércoles 26 de julio
EL EVANGELIO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
“Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones” (Gál. 3:8). Pablo escribe que no solo a Abraham se le predicó el evangelio, sino también fue Dios quien lo predicó; por lo tanto, debió haber sido el evangelio verdadero. Pero ¿cuándo le predicó Dios el evangelio a Abraham? La cita de Pablo de Génesis 12:3 indica que tiene en mente el pacto que Dios hizo con Abraham cuando lo llamó en Génesis 12:1 al 3.
Lee Génesis 12:1 al 3. ¿Qué nos dice esto acerca de la naturaleza del pacto que Dios hizo con Abraham?
La base del pacto de Dios con Abraham se centraba en las promesas que Dios le hizo. Las promesas de Dios a Abraham son increíbles porque son completamente unilaterales. Dios hace todas las promesas; Abraham no promete nada. Esto es lo contrario del modo en que la mayoría intenta relacionarse con Dios. Por lo general, prometemos servirlo, solamente si él hace algo por nosotros como condición. Pero eso es legalismo. Dios no le pidió a Abraham que le prometiera nada, sino que aceptara las promesas de Dios por la fe. Por supuesto, esa no era una tarea fácil, porque Abraham tuvo que aprender a confiar completamente en Dios y no en sí mismo (ver Gén. 22). Por lo tanto, el llamado a Abraham ilustra la esencia del evangelio, que es la salvación por la fe.
Algunos concluyen erróneamente que la Biblia enseña dos formas de salvación. Afirman que en tiempos del Antiguo Testamento la salvación se basaba en guardar los mandamientos; luego, como eso no funcionó muy bien, Dios abolió la Ley e hizo posible la salvación por la fe. Esto no podría estar más alejado de la verdad. Como escribió Pablo en Gálatas 1:7, hay un solo evangelio.
¿Qué otros ejemplos puedes encontrar en el Antiguo Testamento sobre la salvación solo por la fe? Ver, por ejemplo, Levítico 17:11; Salmo 32:1 al 5; 2 Samuel 12:1 al 13; y Zacarías 3:1 al 4.
A menudo escuchamos la frase: “gracia barata”. Sin embargo, es un calificativo poco apropiado. La gracia no es barata; es gratis (por lo menos para nosotros). Pero la arruinamos cuando pensamos que podemos añadirle nuestras obras o cuando pensamos que podemos utilizarla como una excusa para pecar. En tu propia experiencia, ¿hacia cuál de estas posturas te sientes más propenso a inclinarte, y cómo puedes evitarlo?
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