Miércoles 21 de mayo
CUMPLIR LA LEY DE CRISTO (Gál. 6:2)
Ya sea en documentos escritos o en la naturaleza, la Ley de Dios revela, a cada persona capaz de entender, la voluntad de él (Rom. 1:20; 2:12-16). En consecuencia, ninguno puede pretender ser ignorante de los requerimientos básicos de Dios. “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3:23) y destinados a la destrucción (Rom. 6:23; Eze. 18:4). Sin embargo, no todo está perdido: la maldición ha sido revertida por el don de la vida eterna, que está disponible por medio de la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo (Efe. 2:8).
De acuerdo con Pablo, la gracia debería dar poder a los creyentes para vivir vidas obedientes (Rom. 6:15; Efe. 2:10; Tito 2:11-14) aunque, como demasiado bien sabemos, no siempre vivimos tan obediente y fielmente como deberíamos.
Según Gálatas 6: 1 al 5, ¿cuál es una manera de manifestar la “Ley de Cristo”?
Es importante recordar que cada uno está sujeto a la tentación y puede someterse al pecado en momentos de debilidad. Reconociendo esto, es insensato que una persona condene de inmediato a otro cristiano que ha caído. Aun Jesús, que nunca pecó, estaba dispuesto a ayudar a los que habían sido vencidos por el pecado, tal como escribió Elena de White acerca de Jesús: “No censuró la debilidad humana” (DTG 319). Pablo amonestó a los cristianos a ayudar con el propósito de restaurar (Gál. 6:1). En otras palabras, la persona que pecó debería ser estimulada a continuar obedeciendo los preceptos de la Ley de Dios.
La ley de Cristo es impulsada por la misericordia. Si no hubiera sido por su muerte expiatoria, no habría razón para guardar la Ley de Dios. Sin embargo, porque Cristo hizo posible la vida eterna, hay un incentivo para ser fiel y reanudar la observancia de la Ley de Dios después de momentos de debilidad. Los cristianos deberían usar la Ley de Cristo como un vehículo para transportar al pecador arrepentido de regreso al ámbito de la Ley de amor de Dios.
Piensa en la ocasión en que hiciste mal y te mostraron gracia aunque no la merecías (después de todo, si la merecías, no habría sido gracia). ¿Cómo puedes asegurarte de que, la próxima vez que alguien necesite un poco de gracia de tu parte, recordarás la que recibiste?

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Dialogo Bíblico 8

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