Diálogo Bíblico | Miércoles 21 de marzo 2018 | Hábito: ser sanos de mente, cuerpo y alma | Escuela Sabática

Miércoles 21 de marzo
HÁBITO: SER SANOS DE MENTE, CUERPO Y ALMA
Originalmente fuimos creados perfectos mental, física y espiritualmente. Por supuesto, el pecado lo arruinó todo. Lo bueno del evangelio, entre otras cosas, es que Dios se encuentra en proceso de restaurarnos a lo que originalmente fuimos destinados a ser.
Lee Hechos 3:21; y Apocalipsis 21:1 al 5. ¿Qué esperanza encontramos en estos versículos? ¿Cómo debemos vivir mientras esperamos esta restauración final?
Cristo trabajó incansablemente cuando estuvo aquí para elevar a la humanidad espiritual, mental y físicamente, como precursor de la restauración final en la culminación de los tiempos. El ministerio de curación de Jesús demuestra que Dios quiere que conservemos la salud lo más posible hasta el final. De este modo, los mayordomos desarrollan hábitos para su mente, cuerpo y alma que promueven un estilo de vida saludable.
En primer lugar, la mente se fortalecerá cuanto más se la use. Diariamente, llena tu mente de “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre” (Fil. 4:8). Esos pensamientos traen paz (Isa. 26:3), y un “corazón tranquilo da vida al cuerpo” (Prov. 14:30, NVI). Los hábitos saludables de la mente permiten que el baluarte del poder funcione en óptimas condiciones.
En segundo lugar, los buenos hábitos de salud, como el ejercicio y la alimentación adecuada, indican que nos cuidamos. El ejercicio, por ejemplo, reduce el estrés y la presión arterial, mejora nuestro estado de ánimo, y es un elíxir que probablemente combata más el envejecimiento que cualquier cosa disponible en los estantes.
Por último, un mayordomo desarrollará buenos hábitos para vigorizar el alma. Eleva tu alma a Dios (Sal. 86:4, 5) y espera (Sal. 62:5). Tu alma prosperará cuando “pon[gas] en práctica la verdad” (3 Juan 3, NVI) y será “guardad[a] irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tes. 5:23).
Piensa en la clase de hábitos que tienes y cómo afectan tu salud espiritual, física y mental. ¿Hay algunos cambios que necesitas hacer que podrían ayudarte a mejorar en alguna o en todas estas áreas? ¿Qué decisiones puedes tomar y qué promesas bíblicas puedes reclamar que te ayudarán a mejorar tu calidad de vida ahora mientras esperas la restauración final?
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Lección 12: Para el 24 de marzo de 2018
Los hábitos de un mayordomo
Escuela Sabática – Primer trimestre 2018
Mayordomía: Las motivaciones del corazón

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