Diálogo Bíblico | Miércoles 20 de enero 2016 | Rut | Escuela Sabática | Primer trimestre


Miércoles 20 de enero
RUT
La historia de Rut no habla de vastos ejércitos enemigos que amenazaban al pueblo de Dios, sino de una familia moribunda que revive. Aunque incluye dos temas mayores –la destrucción de la creación de Dios y su pueblo amenazado–, Rut también habla del Gran Conflicto en el nivel personal, donde siempre se da la batalla.
No sorprende que la tierra de Judá haya sufrido hambrunas durante el tiempo de los jueces (Rut 1:1; Deut. 28:48; 32:24; ver también Juec. 17:6; 21:25). Esta era una señal de que el pueblo del Pacto había abandonado a Dios. El pecado y la rebelión habían reducido la tierra a un campo polvoriento y desierto, pero Dios “visitó” su tierra, y puso vida en ella “para darles pan” (Rut 1:6).
Cuando Elimelec, su esposa, Noemí, y sus dos hijos jóvenes fueron a Moab, lo hicieron porque querían un futuro. La tierra del enemigo dio un alivio temporario pero, con la muerte de su esposo y sus dos hijos, Noemí decidió volver a casa.
Lee Rut 1:8, 16 y 17. ¿Cuál es la importancia de que Rut quisiera ir con Noemí?
Rut era de una nación enemiga que varias veces había tratado de destruir a Israel; pero ella eligió identificarse con el pueblo de Noemí y adorar a su Dios. Además, ella halló favor a los ojos de su pueblo adoptivo, no solo en Booz (Rut 2:10) sino también en quienes la conocieron (vers. 11). Booz tenía la confianza de que ella había encontrado favor a los ojos de Dios (vers. 12) y, llevando su admiración más adelante, estuvo de acuerdo en casarse con ella (Rut. 3:10, 11).
Había un pariente más cercano que Booz, el cual tenía derecho a ser el primero en reclamar las tierras del muerto, si se casaba con Rut. Sin embargo, a este pariente no le interesaba tener otra esposa porque le complicaba sus planes financieros (Rut 4:6). En este momento, la asamblea de testigos bendijo a Rut, asemejándola a las grandes mujeres de la historia de Israel (vers. 11, 12), lo que se cumplió cuando llegó a ser una ascendiente del Mesías (vers. 13, 17; Mat. 1:5, 6).
Es una historia del tipo “vivieron felices para siempre”. En la Biblia no hay muchas de esas; tampoco hay muchas en la vida real. Sin embargo, aquí podemos ver cómo, a pesar del ir y venir de la vida, al final la voluntad de Dios prevalecerá; y esas son buenas nuevas para todos los que lo aman y confían en él.

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