Jueves 29 de mayo
LA LEY Y EL EVANGELIO (Rom. 1:16, 17)
No importa cuán “buena” sea nuestra vida, ninguno puede escapar de los recordativos constantes del pecado. Inevitablemente, la enfermedad, la muerte y los desastres interrumpen la felicidad. En el ámbito personal, los sentimientos de seguridad espiritual a menudo son atacados por los recuerdos de pecados pasados y, peor aún, por el impulso a pecar otra vez.
¿De qué modos Romanos 6:23; 7:24; y Efesios 2:1 describen el impacto del pecado?
Una persona que vive en pecado, en la injusticia, es meramente un cadáver que camina y solo espera el día en que el último suspiro salga de su cuerpo. Cuando Pablo evalúa la condición humana, clama desesperado: “¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Rom. 7:24). Es un clamor por liberación de la injusticia. Pablo rápidamente se da cuenta de que la liberación viene por medio de Jesús (Rom. 7:25).
Este es el evangelio. Las buenas nuevas son que nosotros, apresados en cuerpos de injusticia, podemos ser cubiertos con la justicia de Cristo. El evangelio es la garantía de que podemos escapar de la condenación de la Ley, pues ahora poseemos la justicia que ella promueve (Rom. 8:1).
Cuando Pablo escribió a los cristianos de Roma, la historia de la muerte de Jesús todavía circulaba por el Imperio. Los que la habían oído eran conscientes de que la forma en que había muerto era escandalosa. La gente cuyos amados habían sido ejecutados en una cruz, frecuentemente, llenaban su vida de vergüenza. Pero, Pablo y muchos otros cristianos comprendían que la “vergonzosa” muerte de Cristo era el evento más influyente en la historia humana. Por eso, Pablo declara: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Rom. 1:16; la cursiva fue añadida). Y el centro del evangelio es la promesa de que, al fin, la muerte no será el final y los salvados vivirán para siempre en una Tierra nueva.
Muchas personas creen que la vida no tiene significado porque siempre termina en la muerte. Por eso, a la larga, nada que hagamos importará. Es difícil discutir esa lógica, ¿verdad? Si todo lo que alguna vez hicimos y cada persona sobre la cual hemos influido se perderán para siempre y serán olvidados, ¿qué puede significar la vida?

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Dialogo Bíblico 9

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