Jueves 28 de agosto
PREDICAR EL EVANGELIO
Con su característica concisión y claridad, el Evangelio de Marcos presenta la comisión de Jesús en una breve frase: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mar. 16:15). Al igual que en Mateo, el verbo ir, en griego, es un participio que no indica la tarea, sino el movimiento necesario para cumplir la tarea. La misión en sí misma está expresada por el verbo griego kērusso, usado aquí en el modo imperativo. Kērusso significa “proclamar en voz alta, anunciar, predicar”. Marcos utiliza este término catorce veces, más que cualquier otro Evangelio. La iglesia debe proclamar el evangelio.
Durante el ministerio terrenal de Jesús, los Doce no habían sido enviados a los gentiles, sino solamente “a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mat. 10:6). Ahora, Cristo los envía a “todo el mundo” y “a toda criatura”. Los Once, por sí solos, nunca podrían haber anunciado el evangelio al mundo entero, y mucho menos a toda criatura viviente sobre la Tierra. Una tarea de una dimensión tan global requiere la participación de la iglesia entera; es confiada a todos los creyentes de todas las edades. Esto te incluye a ti y me incluye a mí.
Lee Apocalipsis 14:6 al 12. ¿De qué manera estos versículos abarcan la misión mundial de la iglesia?
Sin embargo, predicar el evangelio a toda criatura no significa automáticamente que todos lo aceptarán. Solo “el que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Mar. 16:16). Deberíamos predicar con todo fervor, esperando que todos los que nos escuchen acepten la invitación del evangelio. No obstante, debemos ser conscientes de que muchos no aceptarán la Palabra, como lo muestra claramente la imagen de la puerta angosta (Mat. 7:13, 14).
¿Qué seguridad tenemos de que esta misión mundial puede cumplirse y, de hecho, se cumplirá? Mat. 24:14.
Hay un paralelismo alentador entre Marcos 16:15 y Mateo 24:14. Ambos textos se refieren a la proclamación del evangelio a todo el mundo. Mientras el primer pasaje presenta la comisión de Jesús de predicar, el segundo provee la promesa de Jesús de que la misión se llevará a cabo con toda seguridad.
Cristo “proveyó ampliamente para la prosecución de la obra y tomó sobre sí la responsabilidad de su éxito. Mientras ellos [sus discípulos] obedeciesen su palabra y trabajasen en relación con él, no podrían fracasar” (DTG 761). La pregunta, entonces, que cada uno de nosotros debe hacerse es: ¿Cuán dispuesto estoy a ser utilizado por Jesús en esta obra crucial?
escuelasabatica.es

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