Jueves 26 de febrero
NUESTRAS RESPONSABILIDADES
“Cuando yo dijere al impío: Impío, de cierto morirás; si tú no hablares para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, pero su sangre demandaré de tu mano” (Eze. 33:8). ¿Qué principio espiritual básico se revela aquí? ¿Cómo podemos tomar este concepto y aplicarlo a nuestra vida diaria?
Hace años, en una gran ciudad, una mujer fue atacada en la calle, de noche. Ella pidió ayuda a los gritos; docenas de personas la oyeron, pero ninguna se molestó en llamar a la policía. La mayoría de la gente miró por la ventana y volvió a hacer lo que estaba haciendo. Pronto, los gritos de la mujer se detuvieron. Más tarde, la encontraron muerta por causa de numerosas puñaladas.
¿Fueron responsables por su muerte las personas que oyeron sus gritos pero no hicieron nada? Aunque no la habían atacado ellos mismos, ¿fue su inacción lo que la mató?
Lee Proverbios 24:11, 12 y 23 al 28. ¿Qué mensajes importantes hay para nosotros aquí?
La ley de Moisés advertía claramente que quienes dejaban de informar lo que habían presenciado llevarían su culpa (Lev. 5:1). Podemos no ser capaces de actuar contra un crimen, pero si nos mantenemos en silencio sobre lo que vemos, compartimos la culpa con el criminal. Por nuestro silencio, llegamos a ser cómplices.
Por otro lado, si informamos la verdad en nuestro testimonio, con “palabras rectas” (Prov. 24:26), respondemos adecuadamente y nos conducimos como personas responsables. Este acto se compara con un beso en los labios, queriendo decir que la persona se preocupa y se interesa en la otra.
Es suficientemente trágico permanecer en silencio y no hacer nada mientras una mujer es asesinada en tu calle. Pero ¿qué sucede con los muchos otros males en el mundo: hambre, guerra, injusticia, racismo, opresión económica? ¿Cuáles son aquí nuestras responsabilidades?

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