Jueves 18 de diciembre
RESTAURACIÓN Y PERDÓN
El Espíritu de Dios usó a Elías para restaurar la relación entre Israel y Dios. Pero, la mayor parte de la obra de Elías no se hizo en el monte Carmelo. ¡Ese fue solo el comienzo! La realizó en aldeas y casas, y preparando a futuros líderes en las escuelas de los profetas, para multiplicar la obra de reavivamiento y reforma.
Lee Santiago 5:19 y 20. ¿Cómo se compara la obra descrita aquí con la que hicieron Elías, Juan el Bautista y otros? (Ver Luc. 1:16, 17; Hech. 3:19.)
A menudo, olvidamos la obra paciente de Elías año tras año. También la obra de Juan el Bautista fue conducir a la gente de regreso a la verdad, inspirando arrepentimiento y bautizando una persona a la vez. Jesús describió su propia obra en forma similar: conducir a la gente a salir del error y volver a la verdad (Juan 8:43-45).
Esta situación hipotética en Santiago 5:19 y 20 usa una construcción condicional en griego, indicando que no se presume que exista la apostasía, pero que es probable. El apartarse de la verdad se refiere a la apostasía no solo en doctrina sino también en estilo de vida, porque a menudo la primera conduce a la segunda. Se comienzan a plantear dudas acerca de nuestras creencias, que conducen a una conducta doble, y finalmente a la apostasía abierta. Volver a un “pecador del error de su camino salvará de muerte a su alma” (Sant. 5:20, traducido literalmente). Resumiendo, Santiago apela a sus hermanos para que hagan una obra similar a la de Elías, conduciendo a la gente de regreso a Dios.
Esta obra exige mucha paciencia, simpatía, ternura y humildad: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Gál. 6:1). La obra de Elías es volver los corazones hacia Dios y su pueblo, no alejarlos. A menudo la persona percibe su pecado, y lo que necesita es perdón, siguiendo el modelo de Jesús. Salvar almas de la muerte es posible solo cuando sus pecados están “cubiertos”, aplicando el evangelio a nuestra vida, y llegando a ser instrumentos de misericordia (Prov. 10:12).
Piensa en alguien que realmente ha hecho mal y que lo sabe. ¿Qué puedes hacer tú para traer de regreso a esa persona a Dios?

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