Diálogo Bíblico | Domingo 6 de mayo 2018 | La promesa | Escuela Sabática

Domingo 6 de mayo
LA PROMESA
Una de las más grandiosas promesas de la Biblia se encuentra en Romanos 8:1: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. Estas palabras son como una especie de culminación, una conclusión para un hilo de pensamiento que aparece justo antes. Únicamente si estudiamos lo que dijo Pablo justo antes de este versículo podremos captar mejor la esperanza y la promesa que allí se encuentran.
Lee Romanos 7:15 al 25. ¿Cuál es la esencia de lo que Pablo está diciendo en estos versículos, que hace que lo que expresa en Romanos 8:1 sea tan reconfortante?
Aunque ha existido mucho debate en la cristiandad sobre si Pablo estaba o no hablando específicamente de sí mismo como creyente, una cosa es cierta: sin duda Pablo está hablando de la realidad del pecado. Todos, incluso los cristianos, pueden relacionarse de alguna manera con la lucha a la que Pablo se refiere aquí. ¿Quién no ha sentido la atracción de la carne y del “pecado que mora en” ellos, que los lleva a hacer lo que saben que no deben, o no hacer lo que saben que deberían? Para Pablo, el problema no es la Ley; el problema es nuestra carne.
¿A quién no le pasó que, aun queriendo hacer lo correcto, terminó haciendo lo que estaba mal? Incluso si Pablo aquí no estuviese hablando de la inevitabilidad del pecado en la vida de un cristiano nacido de nuevo, sin duda presenta un argumento fuerte en favor de la lucha permanente que enfrentan todos los que procuran obedecer a Dios.
Así, surgen sus famosas palabras: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Rom. 7:24). Su respuesta se encuentra en Jesús y en la gran promesa de “ninguna condenación” para el que cree en Jesús y que, por gracia, anda según el Espíritu. Sí, los creyentes tienen problemas; sí, enfrentan tentaciones; sí, el pecado es real. Pero, por fe en Jesús, los que creen ya no son condenados por la Ley, y ciertamente la obedecen. Por lo tanto, aprenden a andar en el Espíritu y no “conforme a la carne”.
Vuelve a leer los versículos de hoy. ¿Cómo te ves reflejado en lo que Pablo está diciendo allí? ¿Por qué, entonces, Romanos 8:1 es una promesa tan maravillosa?
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Lección 6: El “cambio” de la ley
Para el 12 de mayo de 2018
Escuela Sabática – Segundo trimestre 2018
PREPARACIÓN para el tiempo del fin

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