Diálogo Bíblico | Domingo 4 de octubre 2015 | Una breve historia | Escuela Sabática


Domingo 4 de octubre
UNA BREVE HISTORIA
Cuando los Israelitas finalmente entraron en la Tierra Prometida, después de años de peregrinación por el desierto, no pasó mucho tiempo hasta que comenzaron las dificultades. Solo fue necesario que surgiera una generación nueva, que “no conocía a Jehová” (Juec. 2:10), y comenzó una crisis espiritual que, en muchos sentidos, infectó a la nación a lo largo de su historia. En realidad, es un problema que ha infectado también a la iglesia cristiana.
Lee Jueces 2:1 al 15. ¿Qué causó la crisis, y de qué modo se manifestó?
El versículo 11 dice: “Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová”. Cada generación, una tras otra, avanzó un paso más lejos de Dios hasta que la nación estuvo haciendo exactamente lo que Dios le había dicho que no hiciera. Por causa de su pecado, afrontó una crisis tras otra, pero Dios aun entonces no la abandonó. Le envió jueces (Juec. 2:16), que la libraron de inmediato de sus desgracias.
Después de la era de los jueces, la nación entró en un período de relativa paz y prosperidad bajo lo que se ha llamado “el reino unido”, el gobierno de Saúl, David y Salomón, que duró unos cien años. Bajo David, y luego Salomón, la nación creció hasta ser una potencia regional.
Sin embargo, los “buenos” tiempos no duraron mucho. Después de la muerte de Salomón (aproximadamente 931 a.C.), la nación se dividió en dos reinos: Israel en el norte y Judá en el sur. Mucha de la culpa puede asignarse al gobierno equivocado de Salomón, quien, con toda su sabiduría, cometió muchos errores. “Las tribus habían sufrido durante mucho tiempo graves perjuicios bajo las medidas opresivas de su gobernante anterior. El despilfarro cometido por Salomón durante su apostasía lo había inducido a imponer al pueblo contribuciones gravosas y a exigirle muchos servicios” (PR 65). Nunca más las cosas fueron iguales para la nación elegida por Dios. Hicieron todo lo que Dios les había advertido que no debían hacer, y por ello cosecharon las tristes consecuencias.
Piensa en el problema de la siguiente generación, que no tenía los valores y las creencias de la anterior. ¿En qué forma nosotros, como iglesia, sufrimos este problema? ¿De qué manera podemos aprender a transmitir nuestros valores a quienes nos siguen?

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