Diálogo Bíblico | Domingo 15 de noviembre 2015 | Los reinados de Manasés y Amón | Escuela Sabática


Domingo 15 de noviembre
LOS REINADOS DE MANASÉS Y AMÓN
Por más que nos guste hablar de la objetividad, de ver las cosas como realmente son, como seres humanos somos desesperadamente subjetivos. Vemos el mundo no tanto como realmente es, sino como somos nosotros. Y, porque somos seres caídos y corrompidos, esta corrupción impactará nuestras percepciones e interpretaciones del mundo que nos rodea. Por ejemplo, ¿de qué otro modo podemos explicar a alguien como el rey Manasés de Judá (aproximadamente 686-643 a.C.) en esos primeros años de su terrible apostasía? Difícilmente podemos imaginarnos de qué manera justificaba en su mente las horribles abominaciones que permitió que florecieran en Judá.
Lee 2 Crónicas 33. ¿Qué nos dice esta historia acerca de cuán corrupto fue el rey Manasés? Más importante, ¿qué nos dice acerca de la disposición de Dios a perdonar?
Sin ninguna duda, ser arrastrado a Babilonia con ganchos y cadenas de bronce ciertamente lograría hacer que un hombre repensara su vida. Manasés se arrepintió realmente de sus caminos y, cuando fue restaurado al trono, procuró reparar el daño que había hecho; pero el daño era mayor del que pudo imaginar.
“Pero este arrepentimiento, por notable que fuese, fue demasiado tardío para salvar al reino de las influencias corruptoras de los años en que se había practicado la idolatría. Muchos habían tropezado y caído, para no volver a levantarse” (PR 282). Y aún más triste fue que, entre los que fueron impactados por la apostasía de Manasés, estuvo su hijo Amón, quien ocupó el trono después de la muerte de su padre e “hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como había hecho Manasés su padre; porque ofreció sacrificios y sirvió a todos los ídolos que su padre Manasés había hecho” (2 Crón. 33:22). Peor todavía, a diferencia de su padre, Amón nunca se arrepintió de sus caminos.
¿Quién no conoce personalmente las terribles consecuencias que pueden provenir aun de los pecados que fueron perdonados? ¿Qué promesas puedes reclamar para tener la victoria sobre el pecado? ¿Por qué no las reclamas ahora, antes de que el pecado produzca sus tristes consecuencias?

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