Descarga PDF | Escuela Sabática | Jeremías | Cuarto trimestre 2015


1. El llamado profético de Jeremías
2. La crisis (interna y externa)
3. Los últimos cinco reyes de Judá
4. Reprensión y retribución
5. Más ayes para el profeta
6. Actos simbólicos
7. La crisis continúa
8. Las reformas de Josías
9. El yugo de Jeremías
10. La destrucción de Jerusalén
11. El Pacto
12. De vuelta a Egipto
13. Lecciones de Jeremías

Introducción

Mi-Yittan
El hebreo bíblico, como la mayoría de las lenguas, está salpicado de expresiones idiomáticas, palabras o frases que significan algo diferente de lo que parecen decir. Un ejemplo es mi-yittan, término compuesto por dos palabras hebreas: mi, que es la interrogación “¿quién?”; y yittan, que significa “daré”. De este modo, queda: “¿quién dará?” En la Biblia hebrea, esta frase expresa la idea de un deseo, un anhelo, algo que se desea con ansias. Por ejemplo, después de que escaparon de Egipto, los hijos de Israel, frente a los desafíos del desierto, exclamaron: “Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto” (Éxo. 16:3). La expresión “ojalá” proviene de mi-yittan. En el Salmo 14:7, David exclama: “¡Oh, que de Sion saliera la salvación!” El hebreo no dice “Oh”, sino mi-yittan. En Job 6:8, cuando Job exclama: “¡Ah, si Dios me concediera lo que le pido!” (NVI), “Ah” viene de mi-yittan.
La expresión aparece otra vez en Deuteronomio 5:29. Repasando las providencias de Dios en la historia, Moisés les recuerda a los hijos de Israel su pedido de que él, Moisés, hablara con Dios en nombre de ellos, para que no murieran. Según Moisés, Dios se complació en su pedido, y les dijo: “¡Ojalá su corazón esté siempre dispuesto a temerme y a cumplir todos mis mandamientos!” (NVI).
La palabra “ojalá” es la traducción de mi-yittan. ¡Increíble! Aquí está Dios -el Dios creador, el que hizo el espacio, el tiempo y la materia, el que sopló en Adán el aliento de vida- expresando una frase generalmente asociada con las debilidades y las limitaciones de la humanidad.
Qué decir acerca de la realidad del libre albedrío. Qué decir de los límites de lo que Dios puede hacer en medio de la gran controversia. Este uso de mi- yittan revela que incluso Dios no tocará el libre albedrío (pues, en el momento en que lo hiciera, ya no sería “libre”).
Ahora, si algún libro del Antiguo Testamento revela la realidad del deseo de Dios de que los humanos le obedezcan, y la tendencia humana a no hacerlo, es el libro de Jeremías, el tema de este trimestre. Frente al cuadro de los grandes cambios geopolíticos del antiguo Cercano Oriente, el libro de Jeremías relata el ministerio y el mensaje del profeta que, con pasión y fidelidad, predicaba el mensaje de Dios a gente que, en su mayor parte, no quería escucharlo.
Comenzando con el llamado del profeta, el libro nos lleva a través de décadas de historia bíblica mientras Dios usaba a este joven (luego anciano) para proclamar las verdades básicas que han sido el fundamento del mensaje bíblico desde el comienzo. Y de todas las verdades espirituales que se presentan en el libro, estas palabras captan la esencia de mucho de lo que Dios espera de su pueblo: “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová” (Jer. 9:23, 24).
Leer el libro de Jeremías es realizar una jornada, una jornada espiritual que va y viene desde las profundidades más bajas de la depravación humana hasta la altura, la grandeza y la majestad de Dios; el Dios que, desde esa altura, clama a todos nosotros, aun en nuestra condición caída: Mi-yittan que tal corazón estuviera en ustedes!

Imre Tokics es jefe del departamento de Antiguo Testamento en el Colegio Teológico Adventista, Pecel, Hungría. Es profesor de Antiguo Testamento y de Ciencias Religiosas, y doctor en Leyes.

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